‘Invitadas’ en el Prado y Rosa Bonheur

Falenas, Verger Fiorett, Carlos. 1920.

Autor: Pres Boneva

«Sin la mujer, la vida es pura prosa» decía el escritor Rubén Darío. Una existencia sin rima, sin la fuerza de lo poético. Yo, sin embargo, diría que el arte de las mujeres es pura poesía, pero no nos paramos a pensarlo porque no las conocemos. ¿Sabrías decir una pintora de finales de siglo XIX y principios del XX? Vivían en la sombra, fueron invitadas a las exposiciones de sus maridos, fueron pintadas desnudándose el alma sin ni siquiera preguntarles cómo se sienten exponiendo su privacidad. Eran la mera imagen representada por una sociedad patriarcal que premiaba aquellos lienzos, mientras que otros fueron censurados y rechazados porque se oponían a pintar la mujer de este modo. No podemos olvidar nuestro pasado, pero podemos gritarlo en alto y exponerlo delante del mundo.

Es lo que intenta el Museo Nacional del Prado. Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideologías y artes plásticas en España (1833-1931) es la primera exposición tras su reapertura. La exhibición es temporal, se puede visitar desde el 6/10/2020 hasta el 14/03/2021y esconde una clara crítica al sistema de aquellos siglos, en el que las mujeres como artistas eran meras invitadas, siempreen la segunda fila.  

Se trata de diecisiete secciones que se dividen en dos partes. La primera cuenta la historia de cuadros respaldados por la sociedad y por los altos cargos del Estado. Las mujeres fueron pintadas para el arte del adoctrinamiento, juzgadas por sus decisiones propias, humilladas y obligadas a pedir perdón paterno tras haberse dejado seducir por un hombre. Su desnudez era vista como obra de arte en la mirada de los artistas, llegaron a dibujar niñas en su transición a la edad adulta.

Inocencia
1899. Óleo sobre lienzo, 92 x 157 cm. sala B

La segunda parte de la exposición da voz a las mujeres artistas, desde las románticas hasta las vanguardistas. Sus obras estuvieron marcadas por el pensamiento predominante de su época, que perfiló su educación, participación en la vida artística y reconocimiento público.

Puesto de flores. Riva y Callol De Muñoz, María Luisa De La. Hacia 1887. Óleo sobre lienzo, 71 x 55 cm. Sala A Museo del Prado

Una de estas mujeres olvidadas, encarceladas en su época, fue Rosa Bonheur (Burdeos, 1822 – Thomery, 1899), pintora francesa especializada en la representación de animales.

El Cid. BONHEUR, ROSA. 1879. Óleo sobre lienzo, 95 x 76 cm. Sala A Museo del Prado

Ella y sus tres hermanos fueron educados por su padre, el pintor Raymond Bonheur. Desde los cuatro años empezó a dibujar animales. Empezó copiando ilustraciones de libros, esbozó estudios de caballos, cabras, conejos y para poder pintar los animales desde cerca recorría bosques enteros con su padre. Este fue miembro de los Saint-Simonians, un grupo político formado en la ciudad de Menilmontant, que defendía el deseo por la igualdad de hombres y mujeres, algo excepcional para la época. Por esta razón Rosa siempre se mostró liberal y se permitió una actitud rebelde y desafiante para su tiempo. A pesar de las críticas sociales que recibía, se vestía de hombre, se cortaba el cabello y fumaba cigarrillos. Una de sus frases célebres es: «Yo era el más muchacho de todos». Se aprecia que seguía fiel a su personalidad y aunque, en una sociedad marcada por el patriarcado, ella luchaba por sus principios y valores.

Ser mujer en el siglo XIX no fue fácil. Se cuenta que Rosa tuvo que solicitar a las autoridades un permiso para vestirse de hombre, lo que significaba el mero hecho de llevar pantalones, para poder así frecuentar las masculinas ferias de ganado que eran importantes para desarrollar su pintura desde cerca. Francia le concedió «una autorización para usar disfraz» renovable cada medio año.

Rosa Bonheur brilla con luz propia: fue una de las pocas mujeres que logró un éxito internacional con sus retratos de animales. La emperatriz María Eugenia le concedió la Legión de Honor, premio que la convierte en la primera mujer artista en recibir tal distinción. Además, en 1894 se convertiría en Oficial de la Legión de Honor, el máximo reconocimiento otorgado por el Estado francés. Su obra alcanzó precios muy altos ya en vida, sobre todo en Gran Bretaña y Estados Unidos. Es una artista que consiguió mucho, pero cayó en el olvido por ser mujer. No podemos permitirnos olvidarla, ni a ella, ni a todas las mujeres que forman parte – o no –  de la exposición ‘Invitadas‘.

«No aguanto a las mujeres que piden permiso para pensar. Dejen que las mujeres establezcan sus propias metas con grandes y buenas obras, y no por convenciones.»

Rosa Bonheur

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