Por qué la secuela de Borat es la crítica más cruda del año

Autor: Lucía Marín Moreno

¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si le pides a una repostera que escriba en una tarta “prevaleceremos frente a los judíos”? ¿O si le dices a un dependiente de una tienda “quiero una jaula para meter a mi hija”? Borat Subsequent Moviefilm (secuela de Borat: lecciones culturales de Estados Unidos para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán, estrenada hace ya catorce años) está impregnada de humor negro de pies a cabeza, pero la diferencia más significativa con otras comedias de esta índole es que su finalidad no es solo arrancar carcajadas del público, sino también dejarnos una reflexión que nos hará plantearnos si de verdad vivimos en una sociedad tan moderna como a veces la pintamos.

Para analizar el filme, debemos saber que las escenas en Estados Unidos están rodadas con extras que son ciudadanos de a pie, personas con trabajos corrientes que piensan que se trata de un documental. El único guion no flexible era el de las secuencias ambientadas en Kazajistán, que lejos de una representación realista, son una caricatura machista y racista del país. De hecho, la película ha levantado ampollas en los kazajos y otras regiones de la zona, llegando incluso a demandar a Sacha Baron Cohen, autor y actor principal de la obra.

La película comienza con Borat picando piedra en una cantera. Nuestro excéntrico protagonista está castigado con trabajos forzosos por haber desprestigiado, tal y como nos cuentan en la entrega anterior, su grandiosa y querida patria, Kazajistán. Sin embargo, el gobierno de su país le ofrece un trato: si consigue devolverle el estatus mundial que le corresponde, le perdonarán la muerte. Así es como empieza la travesía de Borat. El plan consiste en regalarle al vicepresidente de la administración Trump, Mike Pence, un mono actor muy conocido en Kazajistán y de este modo ganarse sus favores. Su plan se ve truncado cuando la hija asalvajada de Borat, Tutar, se entromete en la misión. Borat se ve en la obligación de dar a su hija como regalo, pero esto no le importa ya no le tiene ningún tipo de apego. Entonces, la energía de Borat se ve puesta en “arreglar” a su hija para que así esta le sea atractiva a Pence.

Padre e hija recorren todo tipo de lugares para esta nueva labor y ahí es cuando sobre todo vemos la crudeza de esta película. A las preguntas que formulé en las primeras líneas de este artículo se tuvieron que enfrentar todos aquellos que se cruzaron con Borat y Tutar. Daba igual si él les preguntaba si su hija se podía realizar un aumento de pecho, que los médicos no se escandalizaban, y eso que aunque la actriz que interpreta a Tutar tiene veinticuatro años, en la ficción dejaron claro que es una adolescente de quince. Así, de un establecimiento a otro, nadie se inmuta ante las palabras de Borat. En toda la película solo hay una persona que le anima a la joven Tutar a dejar de infravalorarse por ser mujer (recordemos que “esa Kazajistán” de donde vienen Borat y su hija tiene valores del siglo pasado).

El clímax de la película llega cuando Tutar comparte pantalla con el abogado de Donald Trump y ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, quien se comporta de manera inapropiada con la supuesta adolescente. Incluso llegan a ir a una habitación sin cámaras aparentemente donde Giuliani parece que hurga en su pantalón. En cuanto a esta escena, Maria Bakalova, actriz que encarna a Tutar, declaró al New York Times que “quieren que el espectador saque sus propias conclusiones sobre lo que pasó y podría haber pasado allí”. En la misma entrevista explicó que Sacha Baron Cohen y ella habían preparado varios posibles escenarios para saber cómo reaccionar y qué hacer en todo momento, pero que la actriz sabía que su padre en la ficción siempre entraría a salvar la escena y a ella de cualquier tragedia.

Bakalova hace especial inciso en que esta película también ha cruzado las fronteras geográficas puesto que no es común ver cómo una gran producción le da el papel coprotagonista a una actriz de Europa del Este. “Me enteré por un amigo que estaban haciendo un casting para el papel protagonista de una película de Hollywood. Yo pensaba: esto no puede ser, si somos búlgaros, nadie nos ve en ese tipo de roles” constata la actriz. De hecho, comentó que debido a la confidencialidad del proyecto no sabía si era un trabajo serio y pensaba que acabaría en trata de mujeres.

Por todo ello, Borat Subsequent Moviefilm, se ha convertido en una crítica explosiva a la sociedad de hoy en día que contempla con pasividad las injusticias pero que luego se alarma cuando suceden grandes desgracias.

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