Ya nadie cuenta, ya nadie habla

De vez en cuando pienso qué será del mundo. Cómo irán las guerras, las otras que van a parte del Coronavirus, aquellas que, hace no mucho, protagonizaban nuestra actualidad. Me pregunto cómo estará Venezuela, si seguirá activo en Estados Unidos el Black Lives Matter o si los inmigrantes que naufragan el mediterráneo habrán llegado a tierra.

Autor: Adriana Lado López

Es obvio que la pandemia es el hecho que más relevancia tiene ahora mismo (también son obvios los motivos). Pero, ¿es el único? Parece que el mundo se ha parado hasta alcanzar el nivel de que no ocurra nada más en él. ¿Qué será de aquellas noticias que ocupaban mentes y opiniones de Gobiernos y ciudadanos?,¿Cómo irán aquellas cuestiones que hace un año ocupaban portadas y ahora con suerte merecen unas líneas? Con la aparición del Coronavirus, ¿han desaparecido todos esos problemas? Yo les diría, ha desaparecido el interés en contarlos.

Decía Ryszard Kapuściński, referente histórico de la corresponsalía de guerra, que antes la noticia era la verdad y que ahora es una mercancía. Que los poderosos se dieron cuenta de que en los medios de comunicación es donde puede hacerse más dinero en menos tiempo, lo que los ha convertido en meras empresas, que solo cuentan lo que sale económicamente (e interesadamente) más rentable. No creo que nadie se sorprenda leyendo esto. Es ley de la vida informativa reciente. Un hecho al que se le da cierto bombo siempre eclipsa a los demás. Es más fácil cubrir un hecho que cien. Pero hoy ocurre más que nunca.

La variedad de sucesos es cada vez menor. Nadie quiere hablar de Siria pudiendo hablar de la última novedad (o especulación) acerca del Coronavirus. Supongo que no hace falta aclarar que no busco restarle importancia al Covid-19.Evidentemente es de esperar que todos los días los periodistas cubran información relativa, que le den la máxima importancia (ya que es la mayor preocupación de hoy)e, incluso, que produzcan más de la cuenta. El problema no es esto. El problema es que se anule por completo la relevancia de esos otros acontecimientos, por los que comunicadores y oyentes nos desvivíamos hace no mucho tiempo.

Es inquietante que la información se omita tan rápido. A la vez, no es de extrañar. En el bombardeo de información, una bomba sustituye a la otra, nos hace olvidarla. Las noticias de hoy reemplazan a las de ayer. Luego, se disipan paulatinamente de nuestra mente, para hacerles espacio a las de mañana.La sobredosis de información anula por completo nuestra capacidad crítica. No sabemos lo que nos importa. Eso lo deciden los medios o, más bien, esas
empresas del comercio de la información. Importa lo que genera audiencia y, en consecuencia, beneficio.

Para los curiosos, en Venezuela la oposición se está plateando si presentarse a las elecciones legislativas en contra de Maduro, tras el fracaso de aquella operación armada de la que quizás hayan oído hablar (o probablemente no), la Operación Gedeón. Hace una semana, un naufragio de inmigrantes dejó 74 muertos en la costa de Libia. Los movimientos Black Lives Matter y ANTIFA se manifestaron tras el triunfo demócrata en Estados Unidos y emprendieron agresiones brutales contra seguidores de Trump.

No quiero proponer soluciones, estamos condenados a engullir bulímicamente las noticias que convengan. Quiero recordar que lo que vemos no es lo único que hay. Quiero que vuelva a haber curiosidad por ámbitos dónde aún la había ayer, y hoy ha sido eclipsada. Busco que hablemos de otras cosas, a parte de las que nos cuentan, quizás de aquellas que nos contaban, para así no olvidarlas. Mientras tanto los medios seguirán siendo empresas competitivas económicamente, y nosotros sus consumidores por excelencia.

¿O quizás su producto?

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