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Frente a la explotación, feminismo

¿Es posible acabar con la trata de mujeres con fines de explotación sexual?

Mientras estás leyendo este artículo, millones de mujeres están siendo explotadas sexualmente en el mundo. Países asiáticos, Sudamérica, África Subsahariana, Europa del este, son algunos de los orígenes de estas mujeres, explotadas y esclavizadas con fines sexuales. Sus países de origen son sistemas políticos de todos los tipos: estados democráticos liberales, estados totalitarios tradicionalistas, comunistas…, estados donde la ley suprema se consulta en el «libro sagrado» y no en el código penal…

Al mismo tiempo, miles de mujeres, en occidente especialmente, obligan a abrir el debate tradicional sobre la violencia que se ejerce contra ellas por el hecho de ser mujeres, ¿es posible acabar con la trata de mujeres con fines de explotación sexual?

El feminismo tiene como objetivo alcanzar la igualdad. En estos tiempos igual sería positivo repetirlo: el feminismo tiene como objetivo último alcanzar la igualdad real entre mujeres y hombres, la económica, la igualdad de derechos, la igualdad social… y es esta la ideología que podría conseguir la erradicación de esta lacra, una lacra que no hace otra cosa que pisotear los derechos de las mujeres.

El feminismo, en los años 60-70 sufre una fragmentación múltiple, sin embargo, mantiene sus bases: igualdad, libertad y en contra de todas las violencias y en especial la que se ejerce contra ellas.

Una de las violencias más recurrentes es su explotación, una práctica que a día de hoy el feminismo tiene el cometido -y obligación- de extinguir, favorecida, entre otras circunstancias, por la globalización.

Esta ideología, basada en la liberación de la mujer, ataca los principios básicos en los que se soportan los estados fundamentalistas de tipo religioso. Estos sistemas políticos basan su funcionamiento en la intolerancia y la represión, respaldada en “el texto sagrado”. Una represión individual, que incide en mayor grado sobre las mujeres. La trata en estos territorios se traduce en la prostitución consentida por progenitores, maridos o familiares. Es importante recordar que en estos sistemas políticos no se concibe la separación entre la política y el derecho y es la ideología religiosa la que otorga poder a los hombres sobre los derechos de las mujeres.

En países como Egipto, Arabia Saudí, Yemen, Siria… donde la libertad individual es inexistente y se registran conflictos armados, las mujeres sufren una doble violencia; la situación de guerra y la exposición a sufrir violencia por el hecho de ser mujer, un gran porcentaje de ellas acaba siendo víctima de trata.

Frente a la trata y la violencia el feminismo es claro: libertad y revolución. Las mujeres deben liderar su lucha para conquistar espacios públicos y alcanzar de esta forma el poder político. Arabia Saudí, por ejemplo, uno de los países más desiguales del mundo, donde se cometen ataques diarios contra los derechos fundamentales de las mujeres, el feminismo ha comenzado a conquistar territorios a través de activistas como Loujain al-Hathloul, que conquistando espacios públicos como las redes sociales y más tarde el reconocimiento internacional se ha convertido en uno de los iconos feministas del país. Entre sus victorias políticas está la legalización de la conducción femenina. Por esta lucha, la activista pasó 73 días en prisión.

Desde el punto de vista occidental, la vulneración de derechos de los fundamentalismos religiosos nos quedan demasiado lejos, incapaces de rellenar un titular en la cabecera de un periódico, produciendo un espejismo colectivo que permite a políticos y ciudadanos occidentales aleccionar a estos estados, produciendo una ceguera crónica sobre la situación de las mujeres en los territorios «avanzados».

En Europa y América se concentran algunas de las mayores redes de trata de mujeres del mundo, a mediados de la década del 2010 llegan al poder un conjunto de movimientos neoconservadores que de manera directa o indirecta colaboran para el fortalecimiento o mantenimiento de este pensamiento arcaico y patriarcal.

En el año 2016, por ejemplo, en Estados Unidos comienza a gobernar Donald Trump, un neoconservador de libro: cree en las jerarquías: blancos-negros, ricos-pobres… Además, posee un profundo respeto sobre a la tradición y la fe, elementos que comparte con los estados fundamentalistas, que combinados con su profunda creencia en la propiedad privada genera un sentimiento indirecto de posesión, parece que los hombres son dueños y señores de las mujeres. Mismo ideal tienen los presidentes de Brasil, Nicaragua, Chile, Rumanía, Hungría y fuerzas políticas de extrema derecha como Alternativa por Alemania, la Liga Norte, en Italia, o VOX en nuestro país. Ante la ideología patriarcal se debe responder con educación, igualdad y libertad.

La trata de mujeres en países como Hungría, Rumanía o Brasil se producen por dos factores; el poder lo poseen personas con ideología patriarcal y en segundo lugar, el consumo sistemático de los hombres de la prostitución lo que favorece la existencia de esta vulneración flagrante y constante de derechos.

Anteriormente mencionaba la necesidad de las feministas de conquistar espacios públicos. Sin embargo, en la política occidental, donde teóricamente el espacio les pertenece por derecho y así es reconocido, las mujeres deben saber usar este espacio para tomar poder político.

Movimientos como el 8 de marzo o el #Metoo son la prueba del buen uso que hace la ideología feminista de los espacios públicos, en ellos aprovechan para exigir y de alguna manera tomar poder político de forma directa o indirecta; directa, a través de políticas públicas o leyes promulgadas por feministas con poder político fáctico. Indirectamente, por la presión social que ejerce el movimiento sobre los poderes públicos. En Latinoamérica, por ejemplo, el control y buen uso de estos espacios ha servido para denunciar la violencia contra las mujeres y recuperar derechos como el aborto, un ejemplo claro es Argentina a finales de 2020.

Es necesario marcar una meta: la meta del feminismo pleno, la de la extinción del patriarcado. Todos los países, todas las personas, todas las instituciones tienen la obligación y el deber de ser feministas. El feminismo no es otra ideología que la de la defensa de los derechos humanos.

Y no, sin un sistema político completamente feminista será imposible acabar con la violencia contra las mujeres por el hecho de serlo. No es posible acabar con la explotación, la violencia y la trata de mujeres si seguimos considerando la mutilación genital, por ejemplo, un símbolo de la cultura africana, si creemos que las mujeres son meros objetos para dar, tomar y violar. No podremos alcanzar la igualdad si no es posible acabar con el relativismo que defiende la desigualdad.

Un periodista deja de serlo cuando ofrece como información lo puramente subjetivo.

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