Las cosas del comer

Autor: Luis Eduardo Patiño Rodríguez

Quedan seis días para que abran los colegios electorales en Cataluña, y todavía hay muchas incógnitas sobre quiénes formarán parte del Govern de la Generalitat.

La pandemia ha descolocado incluso a las mismísimas “casas de encuestas” (el propio CIS de Tezanos ha estrenado su flamante encuesta “flash” a costa de romper el histórico de encuestas prelectorales y postelectorales panel), y parece que los dos partidos que tendrían posibilidades de quedar primeros serían el PSC de Salvador Illa y Esquerra Republicana de Catalunya, liderado por Pere Aragonès.

Muchos medios hablan del “efecto Illa” como si se tratara de una especie pócima mágica que podría posibilitar al candidato de los socialistas catalanes liderar y formar gobierno en Cataluña en más de una década. 

Sin embargo, toda magia siempre tiene su truco. El ya exministro ha sido el representante del gobierno más expuesto públicamente durante toda la crisis sanitaria, y aunque es pronto para que los expertos en gestión sanitaria puedan evaluar su labor en el ministerio durante estos meses, lo cierto es que en las encuestas aparece como el mejor valorado por los ciudadanos, algo que ni el PSC ni Moncloa podían ignorar.

Cualquier partido en un escenario como este hubiera hecho lo mismo, y más si se trata de unas elecciones tan importantes como son las del 14-F. 

Tras el triunfo de Ciudadanos en 2017, el PSC pasó a ser una fuerza bastante irrelevante en el terreno de los que se autodenominan “constitucionalistas” (o contrarios a la Independencia), ya que, tradicionalmente siempre había sido una fuerza que había combinado un nacionalismo catalán tibio con las líneas discursivas del PSOE en el resto de España.

En un clima de polarización ideológica y afectiva extrema, una posición intermedia entre los que ejecutaron la declaración unilateral de independencia y los que ejecutaron el 155 parecía no tener ninguna posibilidad. 

Además, no podemos olvidar que el surgimiento de la extrema derecha que encarna Vox se debe en parte a este clima de nacionalismo exacerbado, tanto de unos como de otros, que ha condenado a este país a tenerles como la tercera fuerza política (dejando al PP en una situación muy complicada).

Pero llegó la pandemia, y las estrategias de los dos bloques en ambos lados del Ebro saltaron por los aires. El foco mediático se centró de lleno en el coronavirus, y Cataluña desapareció de las tertulias, de los editoriales y hasta de las conversaciones de bar (los que pudieron abrir, claro). 

2020 ha sido un año marcado por la enfermedad, por el dolor, por la muerte de gente muy querida, por la soledad, por la ruina económica y por la imposibilidad de tener una mínima vida social y familiar. 

Este trauma mundial en el que seguimos inmersos posiblemente nos haya permitido reflexionar sobre muchos aspectos de nuestra vida, tanto la perspectiva individual como la colectiva, y quizás nos hemos planteado preguntas que anteriormente no hubiéramos sido capaces de hacernos, entre tanto ruido y barullo. 

Relativizar es primordial para que las sociedades puedan filtrar y descartar entre los problemas que necesitan una respuesta conjunta y eficaz en aras del interés general y otros problemas que llevan años estancados, que han consumido todo tipo de recursos en vano y que no permiten mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. 

Se desvela aquí una contraposición entre planteamientos identitarios y otros aspectos de carácter puramente materialistas. O, dicho de otra forma, al igual que se plantea la falsa dicotomía entre salud y economía, aquí sí existe una dicotomía real entre los que solo hablan de la “República catalana” y los que plantean cuestiones basadas en la gestión de los poderes públicos, como son la sanidad y educación, el paro, la precariedad, la desigualdad creciente o las estrategias para salir de la crisis sanitaria.

Son diez años hablando de la Independencia y dejando a un lado todo lo demás. Ha tenido que llegar una pandemia mundial con miles de muertos para que la tendencia cambie y se empiece a poner el foco en las cosas de comer. 

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