Sincericidio

Hace ya un tiempo que parece que decir la verdad es una muerte segura para el que la suelta. Esta es la percepción que tengo espectadora de la nueva realidad que nos está tocando vivir y como víctima del bombardeo informativo diario que, entre dato malo y dato bueno insiste en que "todo va a salir bien". Insiste en ese discurso positivo que amansa a la jauría, ya que resulta lo único que quiere escuchar.

Autor: Adriana Lado

A veces me pueden las ganas de pensar que todo va bien. Me pueden las ganas de creer. Que estamos mejorando poco a poco la situación, que la vacuna llega para quedarse y, por supuesto, para salvarnos la vida. Y ojalá.

Pero soy sincera cuando digo que, con la cantidad de engaños, de noticias contradictorias y de falsas esperanzas que recibimos cuando apareció la Covid contadas, bien para que no cundiese el pánico cuando todo estaba realmente mal, o bien porque nadie tenía ni idea de lo que pasaba ni de lo que iba a pasar, hacen que lo ponga en duda, hacen que me plantee seriamente si aquellos despropósitos informativos están ocurriendo de nuevo.

Se nos dijo que el Covid apenas produciría casos en España. Se nos dijo en junio que era el final, que “saldríamos más fuertes”, pero volvimos a caer. Se nos dijo que en mayo de 2021 tendríamos a 20 millones de personas vacunadas. Ahora serán 2 millones para finales de marzo. Nos acaban de informar de que 3 nuevas cepas han surgido esta última semana, pero que la inmunización también les combatirá. ¿Pero y si todavía no lo saben (que es lo más probable, pues apenas ha habido tiempo aún para probarla en dichas cepas) y solo quieren que no cunda el pánico? ¿Cómo afrontaríamos que cuando por fin salen las esperadas vacunas, no sean eficaces contra tantas nuevas mutaciones?  ¿Y si lo están volviendo a hacer? ¿Y si nos están volviendo a vender la moto?

No quisiera resultar así de pesimista, por supuesto. Aun así, me sobran los motivos. Somos una sociedad desesperada por una solución definitiva al Coronavirus, la ansiamos con todas nuestras fuerzas, y con ella un final. Pero también una sociedad harta de que le mientan. Prefiero, y espero no ser la única, que alguien salga ahí y cuente de manera realista lo que está pasando, lo que nos espera o también lo que desconocen a estas alturas, bien sea exactamente lo que nos están contando ahora mismo y mis pensamientos se equivoquen (de nuevo, ojalá), o bien sea la situación mucho más cruda de lo que nos la pintan. Prefiero una sinceridad o un “sincericidio” a seguir con la inquietud de pensar si todo lo que me cuentan es una mentira.

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