Catalunya: la legislatura de la división

Artículo: Alejandro Pérez.

El octubre de 2017 marcó un antes y después de la historia de Catalunya. Tras la celebración del referéndum y la incertidumbre posterior originada por las protestas a favor y en contra de la independencia, se celebraron unas elecciones en diciembre convocadas por el propio Presidente del Gobierno Español, Mariano Rajoy, tras la aplicación del artículo 155. La legislatura estuvo marcada por la unidad independentista y la confrontación con el Estado.

Sin embargo, la campaña electoral para las autonómicas del 2017 ya dejaba ver una división de esa fuerza única del independentismo. Si en las elecciones del 2015 se presentó la coalición Junts pel Sí, en 2017, y a pesar de algunos intentos, las principales fuerzas decidieron presentarse por separado. Esquerra Republicana se presentó con Junqueras como candidato, aun estando en prisión preventiva; mientras que la nueva formación Junts per Catalunya, heredera de Convergència, se presentaba como una amalgama de partidos independentistas con un único fin de conseguir la independencia. La CUP, como ya hizo en 2015, se presentó en solitario.

Los resultados en diciembre del 2017 ya presagiaban una legislatura parecida a la anterior.

Por otro lado, los partidos contrarios a la independencia decidieron concurrir también separados. Ciudadanos, con Arrimadas al frente, partía como favorita; el PSC, seguido de Cs, decidió mantener a Iceta como candidato. El PP se presentó con Xavier García Albiol para intentar mantener los once diputados. Finalmente, Catalunya-Sí que es pot se transformó en el partido homólogo de Podemos en Catalunya: En Comú Podem, con el conocido historiador y activista Xavier Domènech.

Los resultados en diciembre del 2017 ya presagiaban una legislatura parecida a la anterior. El bando independentista mantenía su mayoría absoluta, con el liderazgo de JxCAT, mientras que el bando españolista se reestructuró con un gran resultado de 36 diputados para Ciudadanos mientras que el PP prácticamente estaba desaparecido del mapa político catalán.

El 2018 se inició con el nombramiento de Roger Torrent (ERC) como el nuevo president del Parlament, sucediendo a Carme Forcadell. Asimismo, se puso en marcha el mecanismo para nombrar a Carles Puigdemont, ya en Bélgica, como el president de la Generalitat. El Tribunal Constitucional rechazó una posible investidura telemático, pero Junts quería continuar de todas formas. ERC, sin embargo, se mostraba más pragmático y consideraba necesario un nuevo Govern.

El 155 seguía vigente a la espera de un nuevo Govern, que no llegaría hasta mayo. Se celebraron diversas sesiones de investidura. En marzo se celebró una sesión de urgencia para investir al exconseller Jordi Turull por su inminente ingreso en prisión. A pesar de conseguir mayoría simple, la propuesta fue rechazada por la abstención de la CUP en primera vuelta. La segunda ya no se pudo celebrar

Cuando todo apuntaba a la celebración de unas nuevas elecciones, el 17 de mayo de 2018 se celebró una sesión de investidura para nombrar a Quim Torra president de la Generalitat. Desconocido hasta la fecha, era uno de los más fieles a Puigdemont. La votación salió adelante en segunda vuelta, al conseguir más síes que noes. 

La llegada de Quim Torra

Torra puso empeño en restituir a los anteriores consellers que estaban fuera del país o en prisión, pero la Justicia denegó sus salidas de prisión para ser nombrados de nuevo consellers. Por consiguiente, tanto JxCAT como ERC se pusieron de acuerdo para nombrar a nuevos miembros. Un nuevo Govern se ponía en marcha con nuevas caras. Pere Aragonès (ERC) se convertía en el vicepresident; Elsa Artadi, Ernest Maragall, Àngels Chacón o Chakir El Homrani eran algunos de los nuevos consellers. También Teresa Jordà y Ester Capella, ambas diputadas en el Congreso, abandonaban sus puestos para formar parte del Govern. Otros nombres que caben destacar eran los de Laura Borràs, hasta ese momento directora del Institut de les Lletres Catalanes, y Alba Vergés, que pasaba a ocupar la cartera de Sanidad. El 155, se desactivó y pasaba a ser historia.

Desde el primer momento, Torra fue criticado por la oposición debido a unas antiguas declaraciones suyas criticando a los españoles y la lengua castellana. Se disculpó a regañadientes por “si alguien se ha sentido ofendido”. 

Días después de la investidura, la relación con España varió significativamente. La moción de censura contra Rajoy tuvo los votos a favor de los dos grupos independentistas. Mientras que ERC votó a favor para echar a Rajoy del poder, la coalición posconvergente tuvo serias dudas. Marta Pascal, coordinadora general del PDeCAT e integrante de la coalición, se mostraba favorable a abrir un nuevo ciclo con España, mientras que los unilateralistas, con Puigdemont al frente, criticaban este voto a favor. Finalmente, se impuso la decisión de Pascal y la coalición votó sí a la moción. Pedro Sánchez se convertía en presidente y prometía un diálogo con el Govern. Se vieron en julio de ese mismo año en la Moncloa. Torra estaba convencido de que esa reunión significaba “dar un paso al frente para devolver la normalidad a España”. Como regalos simbólicos, Torra regaló a Sánchez un libro sobre Derechos Humanos, entre otras cosas. La reunión no tuvo avances significativos, pero supuso un reconocimiento del conflicto político en Catalunya.

Ese julio también se conoció la extradición de Puigdemont a España desde una cárcel del norte de Alemania por malversación, pero no por rebelión que era lo que pedían desde España. El juez Llarena no aceptó esa extradición y Puigdemont regresó de vuelta a Bélgica. Asimismo, fundó su nuevo partido: Crida Nacional, que demandaba la unión del independentismo. El partido tuvo una vida corta y fue un fracaso, pero evidenció las discrepancias que había ya en el seno del independentismo y, más concretamente, en la propia coalición de Junts per Catalunya.

Las cosas se calmaron con la salida de Marta Pascal del PDeCAT, partido que formaba parte de la coalición. La posible ruptura entre la nueva Crida y el partido sucesor de Convergencia no fue realidad y acordaron presentarse finalmente juntos con el mismo nombre, JxCAT, en las elecciones generales y municipales de 2019.

Las elecciones tuvieron consecuencias en el Govern: Ernest Maragall salió de la cartera de Exteriores para presentarse a candidato para Barcelona, como así hizo Elsa Artadi. También Laura Borràs abandonó Cultura para ser la número uno por la coalición JxCAT en el Congreso.

Mientras todos esos cambios se sucedían, una pancarta colgada en la Generalitat se convirtió en el foco de atención. Durante la campaña electoral de las generales de abril de 2019, Ciudadanos denunció ante la JEC el hecho de que hubiera lazos amarillos en edificios públicos y pancartas como la que había en la Generalitat. Muchos de los lazos fueron retirados, y algunos de ellos fueron sustituidos por irónicos peces azules al tener la misma forma que los lazos. Sobre la pancarta, se le dio un plazo de 48 horas a Torra para retirarla. Sobrepasó el tiempo, pero al final la acabó sacando del balcón. No por muchas horas, porque fue colocada una nueva pancarta con un lazo blanco, que sería retirada días después y sustituida por una en la que se citaba un artículo de los Derechos Humanos sobre la libertad de expresión. Este desvarío supuso una querella por desobediencia al president.

Los resultados, tanto en generales como en municipales fueron positivos para el independentismo. Seguían representando a 22 de los 44 diputados por Catalunya. Los políticos encarcelados fueron elegidos diputados. Salieron de prisión para la primera sesión de la legislatura el 21 de mayo, pero no pudieron recoger su acta y se les retiró su condición de diputados.

En octubre de 2019 se convocó una moción de censura presentada por la candidatada de Ciudadanos Lorena Roldán, que fue un fracasó al tener el rechazo de todos los partidos a excepción del PP, que votó a favor, y del PSC, que se abstuvo.

La repetición electoral de noviembre de 2019 aumentó el buen resultado de los partidos independentistas. Por primera vez, se superaba la mitad de diputados independentistas de los candidatos por Catalunya, al alcanzarse la cifra de 23 escaños.

La coalición de JxCAT no estaba en su mejor momento. Puigdemont apostaba por crear un partido político que integrara a las fuerzas independentistas y dejar atrás la coalición, mientras que el PDeCAT quería seguir manteniendo su posición pragmática. Unos meses después Puigdemont acabaría separándose definitivamente de la coalición y creando su propio partido, de nombre Junts, que no se debe confundir con la coalición.

Pero Junts per Catalunya no solo tenía conflictos internos, también mantenía una guerra abierta con su socio de gobierno, ERC, lo que provocó la ruptura y la hoja de ruta de unas nuevas elecciones anticipadas. En enero de 2020 se sacaron adelante los Presupuestos gracias al apoyo de los comunes, pero Torra anunció su intención de celebrar elecciones cuanto antes al dar la legislatura por terminada. Sin embargo, la situación tendría un giro de 180 grados apenas dos meses después.

La pandemia entra en juego

En marzo de 2020, la pandemia de la COVID-19 recentralizó competencias al declararse el Estado de Alarma y la cuarentena desde el 14 de marzo hasta finales de mayo. Catalunya sufrió duramente la enfermedad en su primera ola con más de 10.000 muertos. Quim Torra, que seguía siendo president, se reunía semanalmente con los otros presidentes autonómicos en las sucesivas conferencias telemáticas. Pedía tener competencias para así gestionar la pandemia.

La situación, ya de por si inestable, supuso la inestabilidad de un gobierno en funciones sin President, situación inédita hasta la fecha.

El verano llegó y con él la relajación de las medidas de restricción. Asimismo, ese verano supuso la ruptura definitiva de la coalición Junts per Catalunya. Puigdemont creó su propio partido Junts, mientras que el PDeCAT interpuso una demanda al partido por utilizar el mismo nombre. Eso llevó a que muchos miembros del partido abandonaran definitivamente el PDeCAT para integrarse en el nuevo partido de Puigdemont. También entraba en escena la exlíder Marta Pascal para crear su propio partido político, el PNC (Partido Nacionalista Catalán).

Ya en septiembre, Torra decidió destituir a los consellers contrarios a Junts, como es el caso de Àngels Chacón. Asimismo, el president fue inhabilitado días después por haberse negado a retirar la pancarta. La situación, ya de por si inestable, supuso la inestabilidad de un gobierno en funciones sin President, situación inédita hasta la fecha.

La segunda ola también afectó a Catalunya, que tuvo que cerrar bares, restaurantes, locales comerciales y gimnasios. Se impuso el toque de queda a las 22 horas, que se mantiene hasta día de hoy.

El reloj de una nueva investidura se ponía en marcha. Ninguno de los socios tenía intención de continuar la legislatura por lo que, una vez pasado ese tiempo, se convocaron elecciones para el 14 de febrero de 2021. Los partidos pusieron en marcha la maquinaria electoral para celebrarla en condiciones.

Sin embargo, el enero de 2021 traería consigo una nueva ola, que, a diferencia del resto de España, no afectó tanto a Catalunya. Pero el Govern se mostró dispuesto a retrasar la jornada electoral al 30 de mayo. Se firmó un decreto de aplazamiento, pero el Tribunal de Justicia consideró innecesario el aplazamiento considerando que el derecho a voto es imprescindible. Por tanto, las elecciones se convocaron ya definitivamente ese día de febrero.

Durante estos últimos meses, los partidos han ido moviendo ficha para las elecciones. Lorena Roldán de Ciudadanos pasó a ser número dos en el Partido Popular, mientras que Alejandro Fernández se convertía en el candidato oficial del partido. Ciudadanos mantuvo su apuesta de Carlos Carrizosa. El PSC sorprendió con su recambio a Iceta con el ministro de Sanidad, Salvador Illa. En Comú Podem mantuvo a Jéssica Albiach y Vox presentó a Ignacio Garriga, con serias posibilidades de entrar al Parlament. En el bando independentista, la CUP presentó a la exalcaldesa de Badalona, Dolors Sabater, mientras que el PDeCAT, que se quedó con los derechos electorales de la ya extinta coalición, decidió nombrar a la exconsellera Àngels Chacón como cabeza de lista. Junts seguía empecinado con Puigdemont para liderar el partido, con Laura Borràs desde Catalunya. Finalmente, ERC anunció al vicepresident Pere Aragonès, que tenía ya funciones de president tras la inhabilitación de Torra.

Una legislatura sin acuerdos, marcada por la división y la pandemia. Los partidos independentistas están más separados que nunca y hay una posibilidad de un gobierno de izquierdas que repita el Tripartito con PSC, ERC y comunes. La incertidumbre de la COVID-19, las restricciones actuales y la situación económica marcarán el devenir de la nueva legislatura que arranca este domingo con un más que probable aumento de la abstención.

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