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Después del 14F, Cataluña seguirá siendo Cataluña

Autor: Jaime Molina

Finales de septiembre del año pasado, el Tribunal Supremo acaba de certificar lo que era un secreto a voces: Torra quedaba inhabilitado de la Presidencia de la Generalitat. Mi amigo Guille y yo hablamos por teléfono para hablar sobre el tema y, efectivamente, se avecinaban nuevas elecciones a la Generalitat.

Cataluña lleva un largo período vagando con un Gobierno más centrado en la independencia que en los problema reales de la Comunidad Autónoma, no se puede hablar de “desgobierno”, pero sí que podríamos hablar de “inestabilidad política” con cierto paralelismo a lo que está ocurriendo en general en la política española.

Los cambios que se están sucediendo desde la crisis política, económica y social de 2008 ha provocado una gran inestabilidad política y, sobre todo, se ha visto agravado con el surgimiento de nuevos partidos políticos que también han calado, y bien, en algunas Comunidades Autónomas, Cataluña no sería la excepción ya que, en 2006 Ciudadanos lograría 3 escaños y años más tarde lo haría “Catalunya sí que es Pot” con 11 escaños. La política catalana comenzaba a dividirse, entraban partidos catalogados como “extremistas” como eran la CUP o CSQP, pero a su vez se introducía un nuevo cleavage independentismo – permanencia, sobre todo lo hizo con el surgimiento de la plataforma “Ciudadanos de Cataluña”, como muro de contención contra el nacionalismo catalán. Posteriormente se institucionalizaría para convertirse en lo que hoy conocemos como Ciudadanos, en aquel tiempo liderado por Albert Rivera.

A pesar de lo anterior, Cataluña continuó siendo liderado por Convergencia i Unió con Artur Mas liderando la Presidencia desde 2010 hasta que sería sucedido por Carles Puigdemont y es en este punto en el que el independentismo tomaría un nuevo rumbo siendo más fuerte que en momentos pasados. Se produjo el recordado día del 1 de octubre de 2017 por el que las fuerzas de seguridad del Estado reprimieron a los ciudadanos que trataban de votar en un “referéndum ilegal” con una Generalitat que trató de llevar a cabo la famosa “DUI”. Sería a partir de este momento en el que el diálogo entre el Gobierno central, por aquel tiempo liderado por Mariano Rajoy con una mayoría simple, y el Govern sería clave para resolver el “conflicto político” en el que se había sumido nuestro país, la reconciliación era necesaria.

Ese mismo año se celebrarían elecciones al Parlament de Cataluña y se obtendría una mayoría de escaños a favor de los partidos independentistas. Unos meses después el PSOE, liderado nuevamente por un Pedro Sánchez que tuvo que abandonar su escaño para volver a la política meses después, llevaría a cabo una exitosa moción de censura con la que Rajoy tendría que dimitir y se formaría un nuevo Gobierno socialista que no duraría mucho por el fracaso que supuso el apoyo a los Presupuestos Generales del Estado. Por ello, los españoles tendrían que acudir a las urnas el 28 de abril de 2019 con una espectacular participación que llegó hasta el 76%, pero que ahondaría en la fragmentación del Congreso de los Diputados. Esto, unido a la imposibilidad de formar un Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos, provocó que fuésemos a unas segundas elecciones en noviembre de ese mismo año y, ahora sí, tendríamos el primer Gobierno de coalición de nuestra reciente democracia.

Para llevarlo a cabo, requerían del apoyo de otras formaciones, por lo que tuvieron que acudir a Esquerra Republicana de Catalunya liderada por Gabriel Rufián, que “anclaría al PSOE a una mesa de diálogo para solucionar el conflicto catalán”, en palabras del propio Rufián. No obstante, vino una terrible pandemia que acelerarían muchas de las medidas que se contemplabas en el programa político de la coalición de PSOE y Unidas Podemos, pero que obligó a retrasar la mesa de diálogo.

Un año después, nos encontramos en el mismo punto, es ahora cuando se está iniciando la deseada mesa de ERC con el PSOE para solucionar el conflicto y abrir una nueva vía que solucione el problema que supone la independencia. Es por ello por lo que, el que fuera Ministro de Sanidad, Salvador Illa, sería el nuevo candidato a la Presidencia de la Generalitat con un gran respaldo, según datos del CIS, de la sociedad catalana. Casi todas las encuestas apuntan a que obtendrán unos grandes resultados, más que los que obtuvo Iceta en 2017 con 17 escaños, incluso lo han llegado a situar como ganador de las elecciones catalanas. Lo que es cierto es que una victoria del PSC supondría un nuevo cambio en el escenario político de Cataluña, pero también lo sería para la política española en general.

En definitiva, se han producido una serie de cambios muy frenéticos que han trastocado el tradicional funcionamiento del sistema político español y también el catalán. Sin embargo, Cataluña puede tomar un nuevo rumbo a partir del 14 de febrero, la victoria de Illa y la imposibilidad de lograr una mayoría de ERC, Junts y la CUP abrirían dos opciones. Por un lado, tendríamos la posibilidad de formar un Gobierno entre el PSC, ERC y En Comú Podem, algo que ya se ha encargado de descarta Pere Aragonès, y, por otro lado, tendríamos la posibilidad de una repetición electoral, algo que no gustaría a ninguno de los partidos políticos teniendo el precedente de 2019. Todo dependerá de los catalanes y las catalanas, el qué ocurrirá, qué rumbo cogerá Cataluña a partir de este domingo, ¿se pondrá fin a años de inestabilidad política en Cataluña? ¿podrá cerrarse la vía única de “independencia sí o sí”? ¿podrá hablarse de los problemas reales de Cataluña y dejar de un lado la independencia? Todo esto lo veremos en los próximos meses, todo, como he dicho, dependerá de lo que la ciudadanía catalana decida.

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