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La Batalla mediática del Procés

Hace ya 3 años 4 meses y 13 días desde que el Referéndum de autodeterminación catalana saltase a la actualidad internacional, con imágenes bochornosas sobre la gestión que llevó a cabo el gobierno central de una situación que casi pareció pillarle por sorpresa en la que este le regaló a los políticos secesionistas lo que más andaban buscando: unas imágenes en las que se observaban cargas policiales en un Estado democrático sobre sus propios ciudadanos por, aparentemente, tratar de expresar su voluntad de dejar de pertenecer al mismo mediante el ejercicio del derecho más importante dentro de una democracia: el voto.

Pero, un referéndum de autodeterminación no es un capricho que se organice de la noche a la mañana, ni es algo que se pueda ejecutar sin el apoyo de la comunidad internacional. Sin embargo, los sucesivos gobiernos de España desde que la clase gobernante catalana comenzase a levantarse en rebeldía, como de costumbre, siempre trataron el tema con políticas cortoplacistas (fruto de depender de sendos partidos regionalistas en el Congreso) y de una manera muy a la española, introspectivamente (casi introvertida), como si lo que pasase en casa se quedase en casa y el resto de la comunidad internacional no prestase atención a lo que ocurría en España.

Como he mencionado ya anteriormente, la independencia de un Estado no es algo que se pueda lograr de la noche a la mañana sin el apoyo internacional, y los políticos catalanes, bien conscientes de ello, comenzaron a sentar las bases de la independencia hace ya casi 20 años mediante la inauguración de la primera embajada catalana en Marruecos allá por el 2003. Del mismo modo, se comenzaron a desarrollar políticas que fueron fomentando ese sentimiento nacionalista dentro de su propia sociedad a través del establecimiento de un discurso antiespañol, donde se hablaba de los beneficios económicos de la independencia y el asentamiento del famoso “¡España nos roba!”, o mediante la organización de actos a través de la celebración de eventos por parte de asociaciones civiles o acontecimientos deportivos que comenzasen a movilizar a la sociedad civil en torno a una hipotética República Catalana.

Embajada de Cataluña en Bruselas

Con el paulatino desarrollo de los acontecimientos y la ignorancia desde Madrid hacia el asunto, el Govern de Artur Mas, comenzó a establecer un relato secesionista cada vez más descarado y trató, poco a poco, de legitimar un hipotético referéndum de autodeterminación a ojos de la comunidad internacional mediante la participación en actos tan mediáticos internacionalmente como la consulta escocesa sobre su pertenencia a Reino Unido allá por 2014, situando a Cataluña en el centro de la actualidad política internacional.

Fue a partir de entonces cuando las instituciones catalanas comenzaron a apostar cada vez más fuerte en favor de la independencia y comenzaron a intensificar sus contactos en busca de apoyo internacional. Con ello, se llegó a jugar con la posibilidad de la permanencia de una Cataluña independiente dentro de la Unión Europea, incluso hubo intentos de involucrar a la propia ONU en el proceso, sin embargo estos no consiguieron los resultados esperados y decidieron seguir avanzando en su hoja de ruta buscando observadores internacionales que le aportasen legitimidad democrática a la consulta que estaban organizando.

Y así pues, se llegó al 1-O con la partida ganada por parte de las instituciones catalanas a las del gobierno central, en el que España solo podía esperar que nuestros colegas europeos nos defendiesen ante un Procés que desde la Generalitat habían logrado situar en el centro de la actualidad política internacional desde hacía ya varias fechas.

Cargas Policiales durante el 1 de Octubre de 2017

Mientras tanto, ¿Dónde estaba el gobierno de Mariano Rajoy?

Desde el ejecutivo liderado por el Partido Popular se venían siguiendo esas políticas tan típicas suyas de no hacer nada al respecto, gestionando el asunto como si se tratase de un tema única y exclusivamente doméstico, buscando los apoyos suficientes en el Congreso para la aplicación del famoso artículo 155 en Cataluña y la suspensión de su autonomía mientras se venían mandando barquitos de Piolín llenos de policías nacionales al puerto de Barcelona; como si no hubiera que dar una mínima explicación a la Opinión Pública internacional de lo que realmente estaba ocurriendo.

Así pues, Rajoy le regaló al por entonces líder de la Generalitat Carles Puigdemont la foto que tanto estaba deseando, la legitimación de la consulta mediante el victimismo de encontrarse bajo el poder de “un Estado opresor”. Con esa fotografía que recorrió las portadas de los principales medios internacionales el proceso catalán dio el paso definitivo a la autoproclamación de independencia y la consecuente respuesta del sistema judicial español. Esta situación dejó un panorama en el que los miembros del gobierno catalán quedaban entre el exilio y la cárcel, permitiéndoles a los mismos la continuación del relato que venían persiguiendo, ahora con unos mártires que le ponían cara mientras los medios internacionales acontecían atónitos a lo que estaba ocurriendo en España.

La presión internacional crecía y crecía, con muestras de apoyo internacional a los políticos que habían quedado envueltos en el proceso (como ejemplo destacado cabe mencionar el manifiesto firmado por 51 senadores franceses al respecto) hasta que el gobierno popular en Madrid terminó cediendo.

Con el nuevo gobierno socialista liderado por Pedro Sánchez el trato sobre el conflicto catalán cambió y este pareció darse cuenta de que la solución no sería tanto a través del cumplimiento de las leyes y la defensa del sistema judicial español como a través del combate de las campañas propagandísticas internacionales. Sobre ese escenario fue sobre el cual los políticos catalanes huidos viajaban por los diferentes sistemas legales europeos mientras desde Madrid se les trataba de extraditar e intentaba hacer ver la infracción que estos habían cometido. Un lavado de cara mientras Puigdemont trataba de seguir contando su relato.

Este cambio en la comunicación del problema y los intentos de Puigdemont por mantenerlo vivo se mantuvieron vivos hasta octubre de 2019, cuando se conoció la sentencia para los políticos presos y su posterior contestación ciudadana. Para entonces, la cobertura internacional de los medios cambió, se hizo comprender a la Opinión Pública internacional el verdadero motivo de las sentencias y la división dentro de la propia sociedad catalana al respecto.

Desde entonces acontecemos el paulatino desgaste del secesionismo catalán, la división de sus partidos (y muerte de CiU) y la puesta en marcha de diferentes estrategias entre ERC y Junts. Con esto, vemos el desgaste del Procés como consecuencia directa de un gobierno formado por corrientes ideológicas tan distintas que gobernaba por y para la independencia catalana sin apenas prestar atención a los problemas y demandas de su sociedad. Un desgaste que también se tradujo a una población a la que ya no le valía las culpas a España que justificasen el desgobierno que sufrían.

Pere Aragonés durante un mitin de Esquerra Republicana de Cataluña

Y es así como nos asomamos a estas nuevas elecciones en Cataluña, con sendos partidos independentistas descabezados y una población para la que, tras el sufrimiento de la pandemia y sus consecuencias socioeconómicas, ya no le vale el “España nos roba” como respuesta a todos los problemas.

Será ahora quizás, si el bloque constitucionalista se impone, cuando se le dé la muerte definitiva a un Procés que comenzó hace ya largos años.

Estudiante de Relaciones Internacionales de la URJC

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