Macho beta

Antes de que siga leyendo, me gustaría avisarle de que esta columna escrita por un hombrefeminista va dirigida principalmente a lectores del género masculino. No es mi intenciónsermonear a ninguna mujer, ya que sería contrario al espíritu de este escrito.

Autor: Luis Eduardo Patiño Rodríguez

En muchas ocasiones, pienso en esos varones que recelan y ven como una amenaza la fuerza con la que el movimiento feminista está luchando por la igualdad en todos los rincones el globo, haciendo que muchos de ellos encuentren un refugio en este 15-M reaccionario que vivimos en Occidente, donde Trumps, Bolsonaros y Abascales abanderan la masculinidad patriarcal, heterocentrista y profundamente misógina. Aquellos a quienes les molesta simplemente la palabra feminismo es porque saben que sus privilegios de género están siendo cuestionados, y harán todo lo posible para mantener su posición de poder.

Entiendo que los hombres que han crecido y socializado en épocas donde el patriarcado ni siquiera se ponía en duda les sea más difícil reflexionar sobre sus privilegios, pero los jóvenes no podemos seguir poniendo excusas.

La nueva masculinidad no es algo nuevo para mí. Desde muy pequeño, siempre estuve al margen del prototipo de “niño machote”: jugar al fútbol en el recreo, vestir con chándal de fútbol, hablar solo de fútbol en los momentos en los que no se está jugando al fútbol, no tener apenas relación con las chicas de clase y aparentar siempre una especie de insensibilidad chulesca y agresiva (imitando esa masculinidad tóxica común entre las estrellas de fútbol). Así eran casi todos los niños de mi colegio, y, como yo no encajaba en ninguna de esascaracterísticas (una vez me pedí a los Reyes una “cocinita”), siempre me sentí totalmente excluido. Solo tenía amigas, ya que siempre me sentí mucho más cómodo con ellas. Eran máscuriosas, tenían madurez mucho más desarrollada y hablaban de cosas que me interesaban y me llenaban. Y claro, los niños no tardaron en llamarme maricón. Supongo que en su casa les enseñarían cómo detectarlos, ya que ningún niño es homófobo por naturaleza.

Lo más curioso es que, según he crecido, esta situación ha mejorado mucho en las formas,pero el fondo de la cuestión sigue siendo muy parecido. Es admirable contemplar el poder que tiene la educación para formar la realidad en la que vivimos. Todavía me cuesta teneramigos hombres, y las mujeres me siguen pareciendo más tolerantes. Ya no me dicen maricón, pero muchos hombres todavía se sorprenden cuando les hago saber que soyheterosexual, como si les molestara.

No pretendo poner al mismo nivel mi experiencia personal (privilegiada, al fin de al cabo) con la opresión de miles de años del patriarcado hacia las mujeres, porque sería un insultomayúsculo. Dicho esto, sí creo que la masculinidad normativa que impone el patriarcado estremendamente nociva y represiva para muchos hombres que no comparten en absoluto estos valores y que, por presión social y cultural se ven abocados a perpetuar este modelo; el cual ni les satisface ni les permite desarrollar su personalidad en libertad. El patriarcado oprime a todas las mujeres, y también a los hombres disconformes con el sistema.

Por esto, creo que cualquier hombre debería apoyar y acompañar al movimiento de las mujeres, ya que además de luchar por la plena igualdad entre hombres y mujeres, estaremostambién derrotando al yugo del macho alfa.

Apostemos por el macho beta.

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