El 10-M pasará a la historia política española

Esta mañana nadie imaginaba lo que sucedería en tan solo unas horas. Ningún gobierno autonómico entre los implicados podría prever con seguridad cómo se desarrollaría la jornada de hoy.

Autor: Pablo Martínez Freile

Todo empezó con la noticia en Murcia (sí, esa CCAA de la que frecuentemente nos olvidamos debido al afán protagónico de Madrid o Cataluña) de la publicación de dos mociones de censura por parte del PSOE y Cs ante las administraciones populares del gobierno autonómico y del ayuntamiento de la capital regional. Entre los dos suman 23 escaños así que todo indica que esta saldrá adelante y Cs (6 diputados) asumirá la presidencia autonómica y PSOE (17 diputados) se quedará con la alcaldía de la capital. Podemos ha afirmado que también apoyará la moción. El hecho de que gobierne un partido con pocos escaños si se analiza desde una perspectiva amplia, bajo la lógica de pactos y coaliciones entre partidos con diferentes modelos programáticos, a la que, por otra parte, no estamos acostumbrados en España, pero sí en Europa, puede ser más habitual de lo que pensamos. La serie danesa «Borgen», y la francesa «Baron Noir», pueden aportarnos mucho acerca de esta cuestión.

Las razones que subyacen a este movimiento político se explican, en palabras de los protagonistas, por las tensiones políticas que venían experimentando a causa de los escándalos de corrupción, los sonados casos de vacunación de cargos públicos y la influencia de Vox en relación a la imposición del veto parental. Según algunas fuentes, la acción se llevaba gestando desde hace semanas con el conocimiento de los respectivos líderes, Sánchez y Arrimadas. Esto pondría fin a la hegemonía autonómica del PP en Murcia, 26 años nada más y nada menos.

En cualquier caso, el viraje estratégico de Cs hacia el centro del espacio político sí ha pillado por sorpresa a PP y Vox que no tardaron en mostrar su preocupación ante un posible «efecto dominó» de mociones de censura en otros gobiernos autonómicos (Andalucía, Madrid y Castilla y León). Instantes después de hacerse pública la noticia sobre Murcia, desde las redes sociales comenzó a crecer el rumor de aprobar adelantos electorales en las otras CCAA. Y finalmente la chispa siguió encendiéndose en Madrid y Castilla y León. El caso de la segunda será menos sonado y en el presente artículo solo se comenta en estas líneas de forma breve, pues al parecer, Francisco Igea, vicepresidente de la Comunidad y miembro de Cs, ha afirmado que no respaldará la moción de censura presentada por el PSOE y seguirá apoyando a Mañueco.

El «boom» del día se corresponde con el comunicado de Isabel Díaz Ayuso, en el que anuncia la disolución de la Asamblea de Madrid, para convocar comicios el 4 de mayo (la misma que hace solo un mes criticó la celebración de las elecciones catalanas en plena pandemia). La presidenta, convencida de su previsible beneficio electoral, de acuerdo con los resultados de las últimas encuestas, sorprendió a sus compañeros del gobierno madrileño y especialmente a su vicepresidente Ignacio Aguado (ya cesado de su cargo), quien no ha dudado de catalogar el acto como una traición. Tácticamente, es un movimiento muy astuto por parte de la presidenta, teniendo en cuenta el bajón electoral de Cs en las elecciones generales y en su bastión regional, Cataluña. Igualmente, al margen del mero interés electoral de robarle votos a Cs, es necesario recordar que Ayuso desde la administración autonómica, se ha erigido como la oposición más dura al gobierno central, por encima incluso del secretario general de su partido y esto le podría situar en una cómoda situación de reafirmación de poder en aras de dar el salto a la política nacional en un futuro no muy lejano.

Con lo que no contaba Ayuso quizás, y puede suponer un error político histórico en términos de comunicación política, es que anticipar toda la acción que pretendía llevar a cabo antes de que esto se publicara por Decreto dio la posibilidad a Más Madrid y al PSOE madrileño de enviar sus mociones de censura a la Asamblea de Madrid, con Mónica García y Ángel Gabilondo como candidatos del primer y el segundo partido, respectivamente.

¿Qué vino primero, el huevo o la gallina? Me explico, la cuestión, que con toda seguridad se deliberará en los tribunales, es decidir si se sigue adelante con las mociones de censura que ya han sido admitidas a trámite por la Mesa de la Asamblea de Madrid o bien, si se celebran las elecciones que ha acordado, pero que no publicado en el BOCM, Díaz Ayuso. La norma no es clara respecto a este supuesto, principalmente porque no contempla un escenario como el que hemos vivido hoy. No hay precedentes.

De un lado, una interpretación estricta de la norma jurídica señala que si hay una moción de censura ya admitida a trámite no se pueden convocar elecciones. En ese escenario se confirmaría el grave error jurídico de Ayuso. Por el otro, pueden considerar que el acuerdo de disolución de la Asamblea (que ha seguido en funcionamiento y no se ha presentado hasta las 16 horas), aún sin estar publicado en Decreto, deba llevarse a cabo y de este modo celebrar las elecciones con el fin de no crear un precedente jurídico que ampare la reproducción de estas acciones en el futuro. Es decir, permitir las elecciones para impedir que en otros momentos, aprovechando una esperada convocatoria electoral anticipada la oposición lance una moción de censura «in extremis».

Lo que parece obvio, y de hecho ya se está gestando, es un enorme debate polarizador acerca de la realidad jurídica del procedimiento parlamentario. En redes sociales y algunos medios de comunicación ya se ha comenzado a hablar de «golpe de estado» respecto a la admisión de las mociones de censura con posterioridad al anuncio de los comicios. Esto sin duda puede ser moralmente reprobable, pero en ningún caso se ha de considerar una moción de censura, uno de los pilares de nuestro sistema parlamentario, como un acto que suponga un golpe de estado en términos fácticos. Puede ser tan reprobable como convocar elecciones anticipadas por puro interés electoral y personal por miedo al antes citado «efecto dominó». Ambas cuestiones pueden desvirtuar el correcto funcionamiento de las instituciones democráticas. Llevar el debate hacia los conceptos de golpismo nos obliga a reflexionar acerca de lo ocurrido hace unos meses en EEUU y el victimismo de Trump en su defensa del fraude electoral inexistente.

En otro orden de cosas, se plantean las situaciones que se pueden desarrollar ante los dos escenarios en los que podemos incurrir, sin embargo no entraremos a valorar qué opción es más probable. Eso queda en manos de los jueces.

  1. Avanza la moción de censura:

En caso de que los tribunales decidan que las mociones de censura bien de Más Madrid o bien del PSOE son válidas y han de votar los grupos parlamentarios de la Asamblea de Madrid se prevé un escenario complejo en el que en cualquiera de los casos posibles, Cs tendrá la llave del gobierno. La mayoría absoluta se alcanza con 67 escaños.

  • PSOE (37) + Cs (26) + Más Madrid (20) y/o Podemos-IU (7). Cs estaría obligado a pactar con PSOE o Más Madrid en cualquier tipo de negociación. Los 26 escaños del partido naranja impedirían una mayoría absoluta por parte de los partidos que componen el espectro ideológico de la izquierda madrileña (64 escaños). Si la intención es derrocar a Ayuso a cualquier precio, lo más probable es que las cuatro agrupaciones voten a favor de la moción de censura. No obstante, el debate girará en torno a quién se ubicaría como presidente autonómico, Gabilondo como lista más votada o Mónica García. Es probable que si sale adelante el trámite de la moción de censura en los tribunales los partidos pacten un potencial reparto de los cargos de relevancia en el gobierno autonómico. Un ejemplo sería que Cs conserve la vicepresidencia del órgano independientemente de si va el PSOE o Más Madrid como líderes de la moción.
  • Se aprueba la convocatoria de elecciones anticipadas:

Si la convocatoria de elecciones es respaldada en los tribunales nos encontraremos con una campaña política que será sumamente agresiva por ambos polos ideológicos. De hecho, parece que Ayuso ya ha empezado con su lema «Socialismo o libertad» aumentando el caldo de cultivo de la polarización, ya de por sí creciente en los últimos tiempos. Que el PP sea el mayor beneficiado de las elecciones parece evidente, la popularidad de Ayuso se había disparado y precisamente las encuestas vaticinaban una victoria en unas hipotéticas elecciones. Sin embargo, su socio teóricamente preferencial y más fuerte en términos numéricos de escaños hasta la fecha, Cs, no parecería a priori proclive a apoyar su gobierno después de la puñalada por la espalda y se tendrá que lanzar a los brazos de la extrema derecha en busca de la mayoría absoluta. Curioso, ya que no hace tanto del discurso de Pablo Casado en el que accedía a dejar de competir por ese espacio electoral y dirigirse hacia la moderación y al centro-derecha. Pero Madrid siempre es un caso paradigmático.

Vox con mucha probabilidad subiría sus doce escaños a tenor de una fuga de votantes de Cs. No obstante, Ayuso es una dura contrincante para los de Abascal ya que mantiene un discurso similar en muchos aspectos. Al igual que la del PP, Rocío Monasterio ha lanzado proclamas por Twitter que invitan a un entendimiento tácito entre ambos partidos.

Por otro lado, respecto a la izquierda, atendiendo a la gran fragmentación que experimenta en la circunscripción madrileña, solo podría tener opciones viables de gobierno si Más Madrid y Podemos-IU salvan sus divergencias y optan por pactar una lista conjunta para evitar la dispersión del voto entre agrupaciones políticas que objetivamente mantienen una línea ideológica similar. De hecho, IU ya ha abogado por eso. En manos de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón quedará zanjar sus disputas.

Independientemente de lo anterior, es necesario recordar que en 2019 el partido ganador en la comunidad fue el PSOE obteniendo 37 escaños, por lo cual, cabría esperar que reedite un buen resultado y pueda llegar a liderar la comunidad mediante un pacto con Cs o con Más Madrid y Podemos-IU si la suma de escaños lo permitiera. Otro asunto al que se enfrentarán los socialistas será si apostar de nuevo por Gabilondo o ante el éxito en las elecciones catalanas, intentar un nuevo «efecto Illa» con un peso pesado del gobierno central. Una de las opciones que se han barajado en las conjeturas de las redes sociales ha sido Margarita Robles. La ministra de Defensa, con un corte ideológico más orientado al centro podría ser una buena apuesta si lo que se pretende es robar votos de Cs.

Finalmente, Cs no parecería tener una papeleta fácil de cara a renovar los 26 escaños que actualmente posee en la Asamblea, si atendemos a los últimos resultados electorales en las generales del 20-N y en las catalanas. Es difícil predecir con certeza cómo evaluarán sus votantes los nuevos movimientos del partido. De un lado, algunos pueden apreciar el viraje al centro distanciándose del PP y Vox y de otro, es posible que muchos de ellos ya hayan asumido la debacle y estén en la órbita de los dos partidos a su derecha. Como conclusión, solamente cabe decir que nos esperan unos meses de incertidumbre política y una batalla electoral salvaje que presumimos, puede aumentar la polarización existente en la sociedad española y que sin duda, traerá no solo efectos a nivel autonómico, sino que puede suponer un desdibujamiento de las alianzas en el seno del gobierno de coalición.

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