¿Qué parte de mi feminidad me pertenece realmente?

El pasado mes de enero, salió el último capítulo de la serie Euphoria. En él Rue, una chica trans, habla con su psicóloga de sus pensamientos más profundos y llega a la conclusión de que su concepto de feminidad y su manera de representarla ha estado siempre condicionada por los hombres.

Autor: Antía Fernández González

Al igual que Rue Bennet, la mayoría de las mujeres (por no decir todas) hemos crecido bajo unos cánones que se resumen básicamente en intentar gustar a los hombres, en buscar su aprobación.  Desde que somos pequeñas “el nivel de feminidad” en una mujer es más alto cuantos más hombres la vean atractiva, mientras que, por lo contrario, que una chica no guste a los chicos, suele achacarse a no ser femenina. Si buscamos en Google los sinónimos de feminidad, los primeros adjetivos que aparecen son: suavidad, delicadeza, finura, ternura, gracilidad. Básicamente se está exponiendo que para que una persona sea considerada como femenina tiene que ser maja, estar depilada y usar crema hidratante.  

 Echando una vista rápida a estas “normas” nos damos cuenta de que no es posible que estas hayan sido creadas por mujeres. ¿En qué momento una chica se va a obligar a sí misma, porque sí, a arrancarse todos los vellos del cuerpo? ¿Qué niña se levanta una mañana y dice: “cómo no pese menos de 50 kilos me voy a odiar toda mi vida”?  ¿Por qué una mujer iba a querer asfixiarse poniéndose un corsé?  

Expresado de esta forma, puede parecer brusco, pero el poder del patriarcado ha hecho que creamos que verdaderamente queremos seguir estos cánones. Se han hecho virales en TikTok varios vídeos de chicas que se han operado el pecho diciendo: “yo no me he operado para los chicos, lo he hecho para mí”. Se podría decir que el vídeo empodera y es feminista, pero ¿es cierto? Dejando de lado la orientación sexual de las chicas de los vídeos, o si buscan o no llamar la atención de alguien, están siguiendo el canon marcado por el patriarcado, por lo que ¿hasta qué punto la chica ha tomado la decisión por sí misma?  

Siguiendo el modelo científico, haciéndome preguntas, llegué a otras preguntas, y así hasta llegar a la cuestión que más me interesa, ¿Qué parte de mi feminidad me pertenece realmente?  Es decir, la forma en la que yo veo la feminidad, y la forma en la que intento que los demás la vean en mí, ¿las he escogido yo?  Reitero que no.  

Está claro que la cuestión de la feminidad, y las normas que acarrea llevan existiendo desde los principios de la humanidad, pero es ahora con la era de la universalización cuando el problema se agrava. Anteriormente cada civilización, cada cultura tenía su propia concepción de lo femenino en las que se exigían normas que podían llegar a ser un tanto accesibles. Pero con la globalización se han creado valores mundiales relacionados con la feminidad. En la mayoría de las series o películas las chicas protagonistas suelen tener tres atributos en común: ser rubias, blancas y altas. Atributos que pasaron a convertirse en “normas mundiales” de la idea de la feminidad. Es biológicamente imposible que mujeres nativas de China, de Haití o de Brasil puedan reunir estos adjetivos, por lo que se les están exigiendo cualidades que no podrán llegar a conseguir nunca de forma natural. 

Sin embargo, también vivimos en una época en la que tenemos a mano muchísima información muy diversa. Podemos leer, analizar diferentes opiniones, debatir con mujeres de distintas partes del mundo y ampliar nuestro concepto de lo femenino. Tenemos las herramientas necesarias para poder “crear” nuestro propio modelo de feminidad.  

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