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Lo que el futuro nos depara.

Hace poco leí una noticia que hacía referencia al descenso de la natalidad en España, nada menos que un 23% respecto al año anterior. Este, es un descenso que acentúa la más de una década de caídas en los nacimientos dentro de nuestro país, algo que venimos observando desde que aquel 2008 estallase la crisis económica a la que nos vimos avocados entonces.

El crecimiento demográfico negativo en el que vive España desde hace un par de años no es más que la punta del iceberg, y es que, un país en el que los habitantes no tienen hijos es un país sobre el que sus propios ciudadanos tienen poca confianza. En definitiva, una sociedad en declive.  

Pero ¿Por qué ocurre esto? ¿Sería normal achacarlo a la situación de pandemia?

Si me preguntaseis por mi opinión personal os diría, más bien, que esta sería la respuesta fácil.

España, uno de los países más envejecidos de Europa es, además, el país con mayor paro juvenil (40.7% sobre el 17.8% de media en la UE). Esto es, con un porcentaje menor de jóvenes que el resto de países europeos, nuestro país es incapaz de generar empleo suficiente para asumir a este segmento de edad. Algo a lo que habría que sumarle que, dentro de los que si encuentran un empleo, se encuentran personas con trabajos a los que más cabría llamar parches que soluciones, pues son puestos que ni permiten independizarse por su baja remuneración ni dan la confianza suficiente como para considerar planes a futuro por la temporalidad que sufrimos.

Nuestro grupo de edad, en el que muchos ni si quiera recordamos un periodo de tiempo en el que la palabra crisis no estuviera presente, hemos sido además un grupo que se ha visto criminalizado durante mucho tiempo; tachándosenos de vagos, consentidos o irresponsables. Estigmas que hacen muy complicado derribar las barreras a las que ya de por sí nos tenemos que enfrentar una vez acaban los estudios y nos adentramos poco a poco en la jungla del mercado laboral. Estos estigmas, no hacen sino que tengamos que estar luchando continuamente para poder ser tomados en serio, y poder así abrirnos un hueco en el mundo profesional.

Sin referencias

El conocido Streamer Ibai Llanos

Con una falta de referentes y líderes de opinión que le pongan voz a los problemas que más nos afectan, nuestra generación presenta una gran falta de afección con las instituciones, lo que desemboca en un pasotismo y desanimo generalizados. Nos enfrentamos diariamente a un panorama de incertidumbre y falta de expectativas, que caen sobre nuestras espaldas por el continuo miedo a una precariedad laboral, perenne, a la que muchos nos veremos avocados tras años de esfuerzos por sacar nuestros estudios. Sin personas que pongan voz a estos problemas dentro de la política y con unos adultos que contemplan con distancia estas circunstancias, las tendencias crecen exponencialmente según pasa el tiempo, acentuándose, aún más si cabe, con la presente crisis económica.

Resulta gracioso cuando vemos noticias con las que parece que todo el mundo se lleva las manos a la cabeza, cuando año tras año salen a la luz las cifras de fracaso escolar o absentismo entre los chavales y chavalas más jóvenes, pero con las que nadie se molesta por tratar de ver los problemas que hay de fondo. Aun así, con todos estos síntomas ante los ojos, nadie cambia el punto de vista en el que prima presionar y exigir resultados a los estudiantes antes que comprender y escuchar las demandas que estos presentan. Como si la sintomatología fuera en sí la enfermedad que afronta nuestra sociedad.

De esta forma vemos, como en su lugar, la falta de estima se desplaza en la atención hacia personajes públicos en los que la juventud se ve más representada o tratan de emprender proyectos que son más reconocidos entre las personas de su entorno. Ahora todo el mundo es cantante, peluquero o quiere ser una pequeña Bad Gyal. De este modo, muchas personas han tratado de seguir modelos de éxito ilusoriamente imitables, fomentando esa espiral de mierda en la que nos encontramos sumidos. En definitiva, encontrar una salida diferente a la pautada con expectativas de mejorar las condiciones a las que parece nos veremos avocados en un futuro. O bien asumir con resignación lo que nos depara.

La solución pasa por encontrar una voz que enganche el desafecto de la juventud de vuelta con la sociedad. Precisamente lo que menos necesitamos en estos momentos son anuncios en el metro culpabilizándonos de los contagios por la Covid o una mayor presión exigiendo más y mejor formación. Somos la generación que se vio obligada a paralizar su juventud para tener que obedecer a restricciones y horarios impuestos sin que nuestras expectativas de futuro hayan variado. Para revocar la situación un buen principio radicaría en dejar atrás el sentimiento de dejar de ser la Generación Incomprendida y abandonada.

Nuestros adultos y políticos harían bien en intentar ver más allá de lo que hay siempre en la fachada y tratar de entender los motivos que hay detrás de fenómenos como las manifestaciones por el encarcelamiento de Pablo Hásel. Tales demostraciones de desacuerdo van más allá de un mero hecho aislado y serían mejor vistos como la contestación a una nueva negativa sobre lo que los chavales pueden o no pueden hacer. La resignación de toda una generación sin expectativas.

Sería ingenuo dejar atrás a la juventud en la salida de esta crisis. Merecerían, incluso, una mayor atención los problemas que venimos arrastrando dentro de nuestro sector de edad como solución al modelo de país que queremos crear. Al fin y al cabo, como decía al principio del artículo: es en la juventud donde mejor se ve reflejada la confianza que tiene una sociedad sobre su propio país.

Estudiante de Relaciones Internacionales de la URJC

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