Cristianofobia

Autora: Adriana Lado López

Una juventud que cada vez rechaza más a cristianismo. Una sociedad con cristianofobia. ¿Por qué? Me atrevo a decir que la Iglesia tiene buena parte de la culpa. Dejaré aparte (ya que me avergüenza siquiera recordar) todos los escándalos que han dado muchos de sus miembros, de sus altos y no tan altos representantes. También dejaré a parte la parte más sucia de su historia. Quiero centrarme en la Iglesia de hoy. Una Iglesia que, tras dichos
horribles escándalos, busca reformarse. Quiero centrarme no en la gente que no acepta a la Iglesia, por equis motivos, sino en la gente cuyos valores no respalda la institución, y que por tanto deciden alejarse de ella.

Esto ocurre porque la Iglesia no avanza al mismo ritmo que la sociedad. Parte de la religión, es tradición. Valores, costumbres, ritos. Pero otra es adaptación. La Iglesia se aferra a día de hoy a una interpretación anticuada, que cierra una serie de puertas que nosotros, con el paso del tiempo y con la propia evolución social, hemos abierto.

La Iglesia es quien se encarga de representar ante el mundo la religión, de interpretarla de manera universal. Luego los creyentes, formamos nuestra propia visión a partir de esta interpretación. Aceptándola y discerniendo de ella dependiendo de cada asunto. En el momento en el que la Iglesia se aleja demasiado de nuestros valores, los creyentes nos alejamos de ella. Y los no creyentes, comienzan a repudiar no solo a la Iglesia, sino también a la religión cristiana.

Los jóvenes de hoy hemos sido educados en una mentalidad mucho más abierta y tolerante que las generaciones anteriores. Ejercemos, en primera persona, la defensa de los avances socio-morales que se han tenido lugar en la parte de la historia que ha correspondido a nuestra vida. La Iglesia sigue diciendo no a lo que al mundo tanto ha costado decir que sí: igualdad género, derechos del colectivo LGTB… La Iglesia no acepta que dos personas del mismo sexo se casen, ante Dios, por medio de ella. Tampoco acepta que una mujer imparta misa. ¿Cómo vamos a acercarnos a una religión que supuestamente pasa por alto nuevos e importantes valores, una religión cuya máxima representación institucional no acepta esos avances?

La religión hay, como decía, que descifrarla. Se hace, por ejemplo, con la Biblia. Nadie se toma en sentido literal que al primer ser humano lo plantara Dios de golpe y porrazo en un paraíso llamado Edén, ni que de una de sus costillas nació la primera mujer. La historia de Adán y Eva es un cuento escrito para que quien hace 2000 años lo leyera o escuchara, lo entendiera en su contexto histórico. ¿O iba Dios a explicarle a sus fieles la teoría de la evolución 1800 años antes de que naciera Darwin?

Creo y quiero creer que toda la Biblia funciona de similar manera. Se escribe en un momento de la historia y se interpreta en múltiples otros; conforme avance el tiempo se hará de diferente manera. La religión es un mensaje universalizado para ser recibido en cualquier momento de la historia de la humanidad. Pero, efectivamente, el mundo avanza, en la ciencia, en la política, en la moral, en lo social… La interpretación será acorde a la situación.

¿Y por qué debemos regirnos para interpretar (en su corrección) la religión católica? Pues verán, desde mi visión (como dije antes cada persona tiene la suya propia) no hay duda: desde el amor y el respeto. Estos dos valores son comunes a todas las religiones. ¿Y para que fueron creadas todas las religiones? Pues precisamente, entre otras cosas, para la convivencia en sociedad, dónde no sé el amor, pero desde luego el respeto no ha de faltar.

Una religión con estos dos pilares no discrimina, no excluye. Son los prejuicios de muchos de sus practicantes los que lo hacen. Prejuicios alimentados por el estancamiento en valores anticuados, que han promovido tanto la Iglesia como ciertos fieles.

Si le pregunta, lector, a cualquier cristiano le dirá que Dios es amor, comprensión, ayuda. Así que siendo Dios todo esto, entenderá que su religión también lo será. Amar y respetar. La iglesia contradice esto, por ejemplo, en el momento en el que dice que dos personas del mismo sexo no podrían contraer matrimonio. También en el momento en el que dice que una mujer no puede ofrecer misa. Ahí le está pudiendo a la institución la tradición a sus valores.

La sociedad y la Iglesia, a lo largo de la historia han discriminado, siguiendo el ejemplo, a mujeres y homosexuales. Hoy en día, el mundo (o por lo menos parte de él) se ha dado cuenta de su error. La Iglesia debería hacer lo mismo. Piense, lector, ¿Cómo Dios, un ser de amor, condenaría a dos personas por el hecho de amarse? ¿Cómo una religión basada en el respeto impediría a una mujer predicarla en la celebración de la misma? Hace décadas las mujeres apenas tenían voz. Hace décadas los homosexuales eran enfermos ¿Cómo iban los creyentes a pensar que su religión les decía lo contrario? Lo que no es lógico es que a día de hoy cierta parte del cristianismo siga a defender lo que, erróneamente, se creyó en su momento. Creencias pasadas que, reitero, los verdaderos valores cristianos no secundan.

Hoy la sociedad entiende nuevas y abiertas ideas. La religión y Dios, siempre lo hicieron. Y siendo objetivos la Iglesia, lentamente, avanza hacia ellos. Lo vimos cuando el Papa Francisco pidió perdón al colectivo por todas las atrocidades cometidas hacia ellos en la historia, pero no avanza con suficiente rapidez. La Iglesia se adaptará a la sociedad cuando consiga poner el valor por encima de la tradición. Y entonces desaparecerá la cristianofobia.

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