Siegfried un héroe pese a la pandemia

Autor: José Joaquín Martínez Cabreras

Un año después vuelvo al Real para continuar la tetralogía de Wagner. El mundo ha cambiado mucho. Las Valquirias la vi sin mascarilla. Hoy ha sido con mascarilla y con distancia de seguridad. En todo este tiempo solo lo he pisado para ver Un ballo in Maschera en septiembre. Un año de sequía cultural por culpa de la pandemia.

Siegfried, la segunda jornada. Wotan derrota a Fafner y resucita a la Valquiria, Brünnhilde. En una puesta en escena sobria a propuesta de Robert Carsen. El teatro Real continúa con esta propuesta con el medioambiente como protagonista. Un mundo asolado, devastado por el cambio climático. No pierde la esencia y lanza un mensaje, típico de Crasen. Ya levantó ampollas con la propuesta de Idomeneo, re di Creta y el traslado que hizo al drama de los refugiados.

La orquesta del Real bajo la batuta de Heras Casado sigue sonando de maravilla. Un año después y tan brillante como siempre. La ampliación del foso hacia los palcos de platea afecta al sonido puntualmente. Estaba encima de los palcos de viento y hacían perder a las arpas que estaban en los palco de enfrente. Detalles puntuales, pero era eso o nada. Prefiero esto.

Hay que destacar la encomiable tarea de todos por las más de cuatro horas de duración, pero si alguien se merece los reconocimientos es Wotan. El protagonista se pasa casi toda la función encima de las tablas. Un papel exigente que el tenor austriaco Andreas Schager ha superado con creces.

La figura de Mime encarnada por Andreas Conrad ha pasado con nota el papel. Un papel difícil, pero que ha conseguido cubrir el expediente con creces. Por otro lado tenemos al caminante. En este caso el bajo-barítono Tomasz Konirczny jugó un papel solvente y atrapador. La Valquiria en este caso Ricarda Merbeth ha despachado su rol correctamente. Hay que destacar el pajarillo sevillano de Leonor Bonilla.

Son más de cuatro horas de música, más de cinco si sumamos descanso, pero cuando se hacen bien las cosas el tiempo pasa volando. Deseando que llegue la última jornada. Esperemos estar como en las Valquirias, pero con estar a medio camino me conformo.

La zarza engancha

La Zarzuela es sinónimo de vida. Proyecto Zarza es una radiografía de la sociedad del siglo XXI. Muestra los tópicos con los que convivimos todos los días. Además trata temas candentes como la deconstrucción de España, el tema de los riders, el buscar el futuro fuera o la homosexualidad.

La historia se ubica en unos chicos de Madrid que quieren ir a la Verbena de la Paloma en la Latina, pero en ella suceden bastantes cosas. Por ejemplo, que pierden el tren para ir, y si queréis saber algo más, id a la Zarzuela.

La quinta versión de Amores Zarza es la unión de distintos números musicales seleccionados por Miquel Ortega y enlazados con gran maestría por Nando Ortega. No llega a diez instrumentos los que hacen la música. Dos violines, una viola, un chelo, un contrabajo, un clarinete, otra trompeta, la percusión y el piano. Las teclas estaba el maestro Miquel Ortega que es el que lleva las riendas del espectáculo.

En cuanto a las voces hay que destacar la de Sylvia Parejo que interpretaba a Tania. El cómico papel de Mikel que en vida real es Pascual Laborda. ¿Será shakesperiano su rol? Id y descubridlo. La pareja de Españoles es buenísima, enhorabuena a Ferran Fabà y María Gago. Y así seguiría con todo la quincena que me queda de reparto. Se nota que hay mucho curro detrás.

Una cosa que me ha sorprendido es que al final han permitido preguntas al público. Acercad la Zarzuela a la gente joven a través de los problemas que tienen es simple sublime. Primero empatiza y segundo creas afición. Se consiguen las dos cosas, por lo menos la segunda. Una chicha a la salida: «Quiero volver a lo que sea. Hay que volver».

Un (casi) casta Norma

Norma llega al Real. Vuelve el clasicismo y el bel canto en parte al Real. Una temporada tiene que tener un poco de todo y este título se tiene que programar cada cierto tiempo.

Cinco años después de su última escenificación vuelve a las tablas esta historia de la sacerdotisa. Unos hijos, un amor no correspondido hacen que se acabe …

En cuanto a la puesta en escena es más clásica de la que nos tiene acostumbrados el Real. La firma Justin Way de manera exclusiva para el propio coliseo madrileño. La escena se desarrolla en un teatro que levanta el telón y se ve la zona de los druidas en la caja escénica del segundo escenario. Luego se deconstruye el escenario dando sucesivos espacios. Una cosa sorprendente es que pese a ser producción propia no se ajuste perfectamente a la caja escénica. Otra cosa llamativa es la iluminación de Nicolás Fistche porque no es excesivamente buena que se diga.

Sin embargo la orquesta del Real bajo la batuta de Marco Armiliato ha sonado de maravilla destacando los vientos madera. Pero es que el coro de Masperó ha brillado pese a llevar mascarilla (brillante idea de poner barba casi ni se nota que las llevan). Impresionante es la evolución y firmeza que tiene este coro. De lo mejorcito que se puede escuchar.

Sin lugar a duda la mejor voz de la velada ha sido la del bajo italiano Roberto Tagliavini en el papel de jefe de los druidas, Oroveso. El rol de Norma ha sido para la canaria Yolanda Auyanet con gran calidad vocal y una magistral «casta diva». También hay que señalar a Adalgisa que le ha dado vida la mezzo Clémentine Margaine.

La sensación de Norma es extraña después de Siegfried y Zarza, igual había que haberlo hecho al revés. Hecho está ahora a reposar una semana a ver como suena en 6 días.

Pd: Una semana después, las mismas sensaciones. Mismo reparto y sigue fallando lo mismo. Luces especialmente. Las voces siguen igual, aunque la orquesta hay veces que estaba demasiado alta. Por lo demás, me suscribo a lo anterior.

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