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#LosOtros: No nos oirán callar – La situación de las víctimas de violencia durante la pandemia

Autoras: Lucía Corral y Olatz Iglesias

Nunca vimos tan claro la necesidad de los servicios sociales hasta que fueron nuestra balsa de salvamento ante el océano negro que fue la primera ola de la pandemia. Incertidumbre, hogares destruidos, despidos, ERTE, confinamiento… el mundo se detuvo y solo lograba escucharse los pasos acelerados de los sanitarios, las sirenas de ambulancias y coches policía, y los llantos ahogados de nuestros abuelos. Millones de miradas desde las ventanas, queriendo salir. Entre todo este ajetreado silencio, una de las mayores lacras de nuestra sociedad campa a sus anchas en los hogares que ahora parecen cárceles: la violencia, en especial, la violencia machista. Pero, esta vez, no nos oirán callar. Por ello hemos querido servir de altavoz para dos grandes salvavidas: la asociación ADAVAS en Burgos, y el Observatorio Regional Contra la Violencia de Género en Aranjuez.

“Lo difícil es pedir ayuda”

Al caminar por el centro de la capital burgalesa, pocos se darán cuenta de que, en pleno corazón de la ciudad, late la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Violencia Doméstica (ADAVAS). ADAVAS, nace en 1998 con el fin de atender a todas esas personas que sufren maltrato o una agresión sexual en Burgos. “Principalmente lo que más vemos son víctimas de violencia de género pero tratamos otras formas de violencia doméstica y delitos sexuales: a menores, en la infancia o agresiones. Atendemos tanto a mujeres como a hombres y menores” así define Almudena la gran labor de esta pequeña pero acogedora oficina. Ella es la coordinadora de ADAVAS, la encargada de gestionar los recursos y atender a las personas que llegan en busca de ayuda, comprensión o asesoramiento. La asociación trabaja en dos ámbitos: la atención a las víctimas y su entorno tanto en el ámbito jurídico como psicológico; y la formación de la población y aquellos sectores que se encuentran en continuo contacto con personas vulnerables como el Cuerpo de Policía o trabajadores sociales.

Sin embargo, desde hace más de un año, todo tiene que adaptarse al nuevo mundo que el covid ha moldeado. “La asociación fue declarada servicio esencial, por lo cual no hemos dejado de trabajar ni un solo día durante el Estado de Alarma” nos cuenta Almudena. Además, durante todo este tiempo, tanto la asociación como los casos más urgentes han contado con un “salvoconducto” que les permitía tratar a las víctimas de forma presencial, incluso moviendo el equipo a cualquier punto de la provincia. Asimismo, la asociación posee la competencia en el seguimiento de las personas atendidas desde su teléfono, proporcionando a las víctimas un amigo al otro lado de la pantalla. “Todo es nuevo pero estamos acostumbradas a atender de maneras diferentes”, para ella no es raro fingir ser de una compañía telefónica para contactar con alguna mujer, utilizar contraseñas o lenguaje en clave, todo para garantizar la confidencialidad y seguridad de la víctima.

“Si antes la víctima ya tenía una dependencia emocional y económica con su maltratador, la casa, los niños y demás, ahora había que sumarle la incertidumbre del virus”, es inevitable para Almudena recordar los duros momentos que se han vivido, antes y sobre todo después del confinamiento, “ha habido algún caso en el que sabíamos que era imposible contactar con ellas, siendo los casos que más lo necesitaban, ya que no podían salir”. Ante esto, nos presenta el proyecto ‘Mascarilla-19’ por el cual, las víctimas de violencia de género podían acercarse a una farmacia durante la pandemia y, al pedir una “mascarilla-19”, alertar de su situación. Sin embargo, según Almudena, esto tenía varios problemas: la farmacia no sabía cómo actuar, y la dificultad para que una persona en situación de maltrato lograse llegar a una farmacia y armarse de valor para contarlo. Otra de las consecuencias de la pandemia, ha sido el aumento notable de casos de adultos reconociendo haber sufrido abusos sexuales en la infancia debido a la gran cantidad de tiempo que estas personas han tenido durante el confinamiento para replantearse su vida.

Todas estas personas necesitan que los servicios sociales, ayuntamientos, y asociaciones, en la medida de sus competencias, les presten atención, apoyo y asesoramiento. No sentirse solos. Por suerte, aunque más bien debería decirse ‘por justicia’, y como nos relata Almudena, “como servicio esencial, siempre hemos tenido preferencia: en el juzgado, en el hospital y en la policía debido a que existía un riesgo mayor. La víctima tenía todo abierto para que decidiera: las casas de acogida, comisarías, centros de salud, asociaciones” Pero, casi siempre, el problema son las barreras que impiden que estas personas rompan su silencio y quieran abrazar esa ayuda que les está esperando.

Queda patente que la pandemia nos ha cambiado y ha transformado los servicios sociales de nuestras ciudades. Pero hay asuntos que no se pueden ver solapados por este nuevo escenario de continua incertidumbre, miedo y agotamiento.  Ante esto, Almudena recuerda la importancia de la atención presencial: “se nota cuando es directa, ese ‘tú a tú’, aunque sea tras una mampara y una mascarilla, es muy importante, la evolución no es la misma que de forma telemática”. Asimismo, recalca que “la base de todo es la educación, hay que empezar por cada uno y cada una para erradicar esta violencia”. En cuanto a las víctimas, la coordinadora de ADAVAS en Burgos afirma: “es muy difícil que se dejen ayudar por las barreras que tiene alrededor pero valientes las que denuncian, las que no denuncian y las que solo lo quieren contar. No hay que juzgar qué decide cada víctima, las puertas de la asociación las van a tener siempre abiertas decidan lo que decidan”. Antes, ahora y después de esta pandemia.

“Remangarse y volver a empezar”

Carmen Pradillo, psicóloga especializada en el trato con mujeres víctimas de violencia machista y colaboradora en el punto municipal del Observatorio Regional Contra la Violencia de Género en Aranjuez, comenzaba así su ponencia online sobre violencia de género en la pandemia. A pesar de estar tras una pantalla, en sus ojos podía reflejarse todo el sufrimiento de las mujeres y niños que han sido atendidos durante estos duros meses: “El aislamiento ha sido una de las claves para que la violencia de género se siga perpetuando”, apuntaba.

En Aranjuez, desde 2004, no solo ofrecen un espacio de atención especializada sino también atención integral tanto a las mujeres víctimas de violencia de género como a sus hijos o familiares dependientes. La violencia hacia las mujeres se tiende a resumir en la relación de pareja pero el concepto va mucho más allá, por eso es importante tomar acciones preventivas. 

La crisis a raíz de la COVID-19 profundiza los “nudos” de desigualdad que ya existían; los agujeros que cada vez se vuelven más hondos.  “Es como volver a empezar, sobre todo, en el nivel socioeconómico”, apuntaba una preocupada Carmen.  Durante la pandemia, las mujeres han estado ‘sobrerepresentada’ en aquellos sectores de mayor riesgo como son los supermercados o los hospitales. Además, la carga de cuidados en los hogares ha supuesto una mayor carga de trabajo en el ámbito doméstico.

En cuanto a aquellas mujeres víctimas, para muchas, el confinamiento ha supuesto un “alivio”, al encontrarse lejos de sus agresores; para otras, sin embargo, ha supuesto toda una pesadilla. Por ello, el Observatorio de Aranjuez se tornó como un recurso esencial. Sin embargo, ni el centro, ni sus profesionales ni los recursos disponibles estaban preparados para que esto ocurriese: “Todos estábamos en el mismo barco luchando por lo mismo. Venía bien a nivel emocional pero a otros niveles era complejo.”

Si bien las denuncias y órdenes de protección bajaron, en forma de “silencio administrativo”, las llamadas al 016, teléfono de información, aumentaron hasta casi un 232% respecto al año anterior: las mujeres denunciaron menos, pero consultaron más. “Las mujeres y sus hijos estaban disponibles para la agresión 24h al día” y, por tanto, la atención debía estar al pie del cañón. Las circunstancias han hecho que todo cambie: lo presencial ha pasado a ser telefónico o vía WhatsApp: aumento de la sensación de vulnerabilidad y miedo además de la reducción de grupos a la hora de ofrecer una atención psicológica y una coordinación que ha tenido que ir ajustándose, creando nuevas formas de relación.

 “Ver como una mujer se va recuperando es un chute de energía” y es esencial ofrecer una atención psicológica especializada también a aquellos menores expuestos para evitar que estos reproduzcan los modelos relacionales que han percibido. Se requiere de una coordinación de recursos institucionales para dar una respuesta legal, policial y asistencial. Desde ONU mujeres, recuerdan que no habrá respuesta efectiva al COVID-19 si no se abordan los impactos en las mujeres y no se integran dinámicas de género en la respuesta.

La realidad es complicada para aquellas mujeres que quieren volver a empezar, pero tanto ellas como sus hijos no solo son víctimas, sino supervivientes. Hay que luchar por aumentar las plazas en los centros de emergencia, la asistencia a la violencia de género no debería pararse jamás: transmitir a las mujeres la sensación de seguridad es muy importante. Hay que romper el silencio, si hay que remangarse y volver a empezar, jamás lo haréis solas: vuestra voz es nuestra voz.

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