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Editorial: Contra el odio: urnas y votos

El odio se frena en las urnas

Ayer la campaña madrileña voló por los aires.

El debate electoral que debía producirse en la Cadena Ser tuvo que suspenderse tras el abandono de Pablo Iglesias y la intención de los demás candidatos de izquierdas de levantarse de la mesa, ante el ambiente hostil e irrespirable que se fraguó después de que Rocío Monasterio pusiera en duda las amenazas de muerte que recibió hace unos días Pablo Iglesias, unas amenazas que iban dirigidas tanto a él como a su familia, misiva que iba acompañada de cuatro balas de fusil de asalto. 

Durante la hora que duró el programa, lo cierto, es que, no hubo ningún debate, el diálogo se había terminado antes de empezar y sólo quedaba ruido y barullo. El ruido atronador de una bomba que acababa de estallar en pleno directo, y que se manifestaba en una silla injustamente vacía y otra injustamente ocupada. Uno de los candidatos acababa de ser amenazado de muerte, también lo habían sido el Ministro de Interior y la Directora General de la Guardia Civil, dos altos representantes de nuestras instituciones y sólo cabía una condena explícita y rotunda por parte de todos los líderes. 

“Si usted es tan valiente levántate y lárguese, que es lo que estamos deseando muchos españoles, ¡fuera del plató y fuera de la política!» -más tarde añadiría un “váyase de España”-. Con un tono desafiante se dirigía Rocío Monasterio a Pablo Iglesias hasta lograr que abandonara el debate. Agresiva, desatada e insultante: «ofendiditos», «amargada», «activista política»… son algunas de las ofensas que tuvimos que escuchar de la que pretende ser presidenta o parte del futuro gobierno de la Comunidad de Madrid. Su actuación no fue más que una continuación de lo que fueron sus intervenciones en el debate de Telemadrid.

Finalmente, y ante la definitiva retirada de Iglesias, los otros dos candidatos de la izquierda también comunicaron su intención de abandonar los estudios de la Cadena Ser, y más tarde han decidido no acudir a más debates en los que esté presente la ultraderecha: “A día de hoy no se dan las condiciones para acudir a más debates” asegura en redes sociales la cabeza de lista de Más Madrid. 

Después de lo ocurrido, ¿qué queda de campaña electoral?

Las elecciones deben realizarse con el menor ambiente de confrontación posible, desde la mayor convicción democrática, con diálogo político. Sin embargo, para hablar de política, es necesario creer en la política. Vox ha demostrado que ni cree en ella ni le importa. Tampoco cree en la democracia, ni mucho menos en la verdad. Después de lo ocurrido ayer, de lo visto durante una legislatura de Vox en la Asamblea de Madrid queda cristalino su vocación antipolítica y antidemocrática. Con una presidenta y candidata desaparecida e incapaz de enfrentarse cara a cara a sus oponentes, con su socia preferente infundiendo el odio y demostrando que el fascismo sigue vivo, con una campaña electoral donde los bulos campan a sus anchas y la estación de Sol se ha llenado de amenazas a niños desprotegidos. 

En realidad, la pregunta es una, y es la misma que nos debemos hacer como sociedad: ¿Cuál es el límite?, ¿Hasta cuándo debemos aguantar que se lapiden nuestras libertades?; ¿Cuándo vamos a empezar a llamar al fascismo por su nombre? 

Ese «vete de España» no va dirigido solo a Pablo Iglesias, es un mensaje muy claro a los que piensan distinto a ellos. Han negado a las más de 1000 víctimas del terrorismo machista, han negado su identidad a las personas transexuales, han increpado con carteles y mensajes amenazantes a niños sin padres, han desligitimado de manera constante un gobierno elegido democráticamente en las urnas por todos los españoles y aún así siguen siendo el socio preferente del partido que va a ganar las elecciones. Se llaman patriotas, ¿pero de qué y quiénes son patriotas? Si una amenaza de muerte a una familia no es suficiente ¿hasta dónde están dispuestos a llegar? La amenaza es real, el Ministerio del Interior la considera real y estos discursos no hacen otra cosa que dar aire a estas actuaciones. La amenaza de que la extrema derecha, con su xenofobia, su racismo, su odio y su antidemocracia entren en el gobierno autonómico es real. El riesgo de que la señora Monasterio, que se iba gritando “la dictadura de la Cadena Ser”, sea vicepresidenta y tenga el poder sobre Telemadrid, sobre la educación o sobre las políticas de igualdad es muy real. Debemos pararlo y a diferencia de ellos, nosotros, los demócratas paramos el fascismo en las urnas.  

El proceso más sagrado para un estado democrático ha sido envenenado por el odio, la amenaza y la confrontación. Rocío Monasterio llegó al programa con el insulto por bandera, esperando ser expulsada y con el único objetivo de dejar caer uno de los infinitos bulos de la ultraderecha, el del “auto atentado”, que ya propagaron cuando la sede de Podemos en Cartagena fue atacada con un cóctel molotov. Nos enfrentamos a la desinformación, a la pura y dura mentira que cala entre redes sociales, grupos de Telegram, foros, WhatsApp, pero también a través de tertulianos afines que se hacen llamar periodistas y siguen teniendo cabida en programas de radio y televisión que se consideran serios y que se dedican a sembrar la duda entre los ciudadanos, o a través de una gran cantidad de medios -por llamarlos de alguna forma- que hacen pseudoperiodismo, actuando como megáfonos de la extrema derecha, actuando como altavoz del odio. 

Contra ellos, contra el fascismo, contra la discriminación al más indefenso, contra los que quieren echar por tierra las cuatro décadas construidas, debemos estar todos los demócratas, como decía acertadamente Angels Barceló. Hacer periodismo es ser demócrata, es estar del lado de la verdad, ser honesto con tu profesión no te convierte en activista, porque combatir mentiras no es activismo, es periodismo, lo demás es otra cosa. Es normal que tengan miedo, el poder de la información es inmenso. 

En cuestión de minutos, la campaña de la Comunidad de Madrid ha saltado por los aires y a día de hoy la única evidencia es que el 4 de mayo será algo más que una jornada electoral, será un referéndum por la democracia y la dignidad, donde sólo caben dos bandos, y no, no son el de la libertad o el comunismo, son el de la libertad, la de todos, o el fascismo y la antidemocracia. Nosotros estaremos, como siempre, informando con seriedad, acompañando a la política desde el rigor y la convicción democrática, diciendo no al fascismo más impune.

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