La ‘diplomacia’ médica en Latinoamérica

Autora: Agustina Etura

Durante el mes de Abril fue noticia en Argentina  que el Jefe del Comando Sur, miembro de la Armada de EE.UU visitó Uruguay y al mencionado país del sur. Muchos análisis y algunas conspiraciones surgieron de esto, hay uno en particular que es necesario examinar con mayor atención.

Más allá de las intenciones implícitas tras la visita  del almirante norteamericano, podemos concluir, sin temor a equivocarnos,  que Estados Unidos  está mostrando su ‘Soft Power” en la región sur latinoamericana. 

Para entender qué significa esto debemos indagar en temas geopolíticos, empezando por definir lo que entendemos por “soft power”. Hablamos de soft power o “poder blando” cuando nos referimos a la habilidad de un Estado para persuadir a otros evitando el uso de la fuerza o la coerción, valiéndose de medios más sutiles como su cultura, modelo social, valores políticos.

El geo-politólogo y profesor estadounidense, Joseph Nye creó el concepto “poder blando” en contraposición  al de “poder duro”, que consiste en modificar el comportamiento de otros Estados mediante el uso o la amenaza del poder militar o la presión económica.

“Un país puede obtener los resultados que desee porque otros países quieran seguir su estela, admirando sus valores, emulando su ejemplo, aspirando a su nivel de prosperidad y apertura” aseguraba Nye.

En la actualidad, potencias emergentes de todo el mundo se encuentran buscando continuamente nuevas oportunidades diplomáticas, económicas y culturales que permitan esparcir su influencia. En esta dinámica Latinoamérica se ha convertido en uno de los espacios donde estos poderes esperan expandir su poder. Recordemos que mediante el Soft  Power , el atractivo de un actor internacional incrementa su presencia en el escenario internacional; lo hace más influyente.

El coronavirus puso en jaque a todo el mundo, y si algo confirmamos tras un año de pandemia es que no existe la humanidad como ente unificado: hay países y empresas que compiten , que se  miden, y algunas veces se apoyan entre sí. Esta emergencia hizo necesaria una nueva estrategia de política exterior donde la diplomacia sanitaria ha desempeñado un papel muy importante.

La primera carrera fue por la producción de una vacuna, y cuando la población mundial espera que un ganador marque el camino, cada corredor debe calcular sus movimientos para quedar en buena posición.

Hoy sabemos que Rusia, Estado Unidos, Reino Unido y China han sido los grandes ganadores de la carrera.

China tiene tres vacunas: las de los laboratorios Sinopharm, Coronavac y CanSino Biologics, que, en comparación con las otras, son baratas pero eficaces. Si al principio de la pandemia el gigante asiatico  jugaba la carta de proveer mascarillas a las principales capitales de Europa para mostrarse como jugador indispensable en el tablero mundial, hay claros indicios de que ahora sigue la misma estrategia por la vía de distribución de vacunas económicas en países periféricos o del llamado “tercer mundo” como Chile, El Salvador,  Argentina y Brasil. 

Queda en evidencia que China aplica la diplomacia de las vacunas con el objetivo de convertirse en un líder a nivel global en lo que respecta a garantizar el acceso equitativo a las mismas, llenando el vacío entre países desarrollados y en desarrollo.  Considerando que a pesar de que  la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó desde la primavera del 2020 un acceso equitativo a la vacunación para el conjunto del planeta, creando el mecanismo Covax para hacerlo posible, los intereses nacionales prevalecieron y fueron las potencias occidentales quienes se quedaron con el mayor stock, marcando una injusta diferencia entre el norte  y el sur.

Llegada de la vacuna Sputnik V a Argentina

Rusia,  por su parte, fue el primer país en confirmar su vacuna, la Sputnik- V que hoy cuenta con el 91% de efectividad según la prestigiosa revista científica, The Lancet. En los últimos años ha entablado relaciones estratégicas con la región latinoamericana con el fin de aumentar su poder de influencia. Hoy proveer de vacunas a países como Argentina, Venezuela, Paraguay o Brasil es una manera muy clara de usar sus herramientas de soft power.

El pasado 20 de abril el Fondo Ruso de Inversión Directa comunicó su alianza con la empresa farmacéutica Laboratorios Richmond para producir la Sputnik V en Argentina, una apuesta aún mayor que fortalecer sus lazos estratégicos con el país del sur. 

EE.UU refuerza su poder: 

Habiendo entendido el papel que juegan China y Rusia en la región para contener la pandemia a la vez que aumentan su influencia, la visita del jefe del Comando Sur de Estados Unidos puede entenderse como una forma de “diplomacia médica” que llega en un momento de creciente competencia con China.  Cuando Trump sostuvo su proyecto de país de “América para los Americanos”,  hubo una sensación real de que Rusia y China habrían superado a EE.UU en dar alivio por el Covid a América Latina.

Visita del Almirante y Jefe del Comando Sur de EE.UU a Argentina. Abril 2021

Tras su visita por la región, el Comando Sur informó que donó tres hospitales de campaña militares a Argentina para tratar a pacientes de coronavirus. Se conoció también  que se realizó una  reunión entre el Almirante norteamericano y el ministro de Defensa argentino Agustín Rossi, donde abordaron preocupaciónes recurrentes como la  lucha contra el terrorismo, un tema controversial cuando analizamos la influencia de EE.UU en el territorio. 

Sin embargo, analizar en profundidad el nuevo interés de la administración Biden  por aumentar su “diplomacia médica” en la región sur latinoamericana nos permite comprender cómo funciona el soft power, y la creciente competencia entre China, Rusia y EE.UU por aumentar su capacidad de influencia en países como Argentina, Uruguay e incluso Brasil. Sin dejar atrás los acuerdos comerciales, de defensa y los intereses particulares en juego, hoy sabemos que ante una pandemia, la ciencia se convierte en una herramienta más para demostrar poder y encontrar aliados.

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