Colombia en Jaque: crisis económica, política, y social

Las protestas en Colombia son fruto de una crisis política, económica y social que pone en jaque al país y deja ya 19 muertos y 89 desaparecidos.

A man holds a national flag during a march against Colombian President Ivan Duque in Cali, Colombia, on December 4, 2019. - Protests in Colombia, which are entering the 14th consecutive day, have drawn anywhere from hundreds to several thousand people who often bang pots and pans as they demand right-wing president Ivan Duque change his policies. (Photo by Luis ROBAYO / AFP) (Photo by LUIS ROBAYO/AFP via Getty Images)

Autora: Agustina Etura

Hace más de una semana los ojos del mundo están puestos en los acontecimientos colombianos. El país latinoamericano hoy se encuentra en un espiral de protestas y enfrentamientos violentos entre manifestantes y fuerzas públicas. Organismos internacionales denuncian violación de Derechos Humanos ya que los datos oficiales contabilizan más de 19 muertos, 89 desaparecidos y miles de heridos durante las protestas.

El alcance y constancia del conflicto indican que Colombia atraviesa serios cuestionamientos  que ponen en jaque al actual sistema en tres niveles fundamentales: económico, social y político, que presentaremos con más detalle a  continuación: 

Economía: Si bien la economía colombiana ha sido estable durante décadas, su estabilidad era producto del modelo neoliberal y ortodoxo cuya máxima consecuencia es la desigualdad social, haciendo de Colombia el segundo país más desigual y excluyente de América Latina.  La chispa que encendió la protesta social  (tomando las metáforas de Hobsbawm) fue la reforma impositiva llamada Ley de Solidaridad Sostenible que buscaba recaudar dinero para pagar la deuda externa a costa de las clases medias y bajas, se proponía incorporar el IVA a productos y servicios de consumo básico. Sin embargo, los reclamos tienen un origen más profundo que va en contra del modelo neoliberal colombiano. Quienes protestan exigen una economía más igualitaria, sobre todo tras las consecuencias de la pandemia que incluyen desplome de la economía, aumento del desempleo, aumento de la  inflación. Problemas que repercuten directamente en la vida de las y los colombianos. Es en este contexto donde las consecuencias del neoliberalismo se hacen evidentes y los cuestionamientos a las medidas económicas  repercuten como dominó en otras áreas.

Retrato de Iván Duque, Presidente de Colombia

Política: Hay quienes afirman que se intenta arreglar con represión aquello causado por las malas decisiones políticas.  Y es que a la mala gestión por la pandemia, con más de 72.000 muertos, el aumento del desempleo, e inflación,  se le suma el intento de  reforma tributaria que terminó por encender el descontento social.

Las protestas señalan al clientelismo político, debido a que el gobierno prefiere responder por el establishment económico cargando al resto de la sociedad con más impuestos. Aunque el proyecto de ley ha sido cancelado y el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla ha  abandonado su puesto, hoy todo el cuerpo político colombiano está en la mira. Las consecuencias son palpables: el presidente Iván Duque apuesta a los militares  para controlar la situación, la hipótesis de posible golpe de Estado no resulta lejana,  mientras  los sondeos electorales de cara a 2022 dan como preferido del electorado a Gustavo Petro, militante de izquierda.

Represión policial en las protestas de Colombia

Sociedad: Como recuerda este artículo de Anfibia, el acuerdo de paz firmado en 2016 cambió el sentido de la protesta social, lo que antes se consideraba propio de las guerrillas ya es parte de la ciudadanía en general. El movimiento de protestas que surgió en 2019 encontró su freno en la pandemia, pero el descontento social tras décadas de neoliberalismo se potenció en los últimos meses, así la reforma tributaria propuesta por Duque terminó de darle impulso.

Las protestas convocadas por jóvenes hoy cuentan con el apoyo de comunidades indígenas, movimientos sociales, adultos mayores, y se ha expandido por todo el territorio colombiano, incluyendo pequeños municipios.  Se presenta como “Paro Nacional”  y ha logrado paralizar sectores claves de la economía como la producción, el transporte y abastecimiento. Aunque podemos señalar que su heterogeneidad no permite un liderazgo claro, lo evidente es que el hartazgo social  tiene presencia masiva en las calles, a la vez que hace tambalear a toda la clase política. Ya no solo se busca evitar la reforma tributaria (logro alcanzado),  sino también se exige un proyecto de reforma en la salud, mejor manejo de la pandemia, y una renta básica que logre mitigar los efectos de una desigualdad social sostenida durante años, gobierno tras gobierno. Vale aclarar que la represión y violencia policial también potencian el malestar social. El número de personas heridas y asesinadas aumenta con el correr de las protestas al punto que organismos internacionales como la ONU, o bloques regionales como la Unión Europea denuncian violación de los Derechos Humanos. En este sentido se exige una reforma policial cuyo punto central es el pedido de desmantelamiento del polémico Escuadrón Móvil Antidisturbios, mejor conocido como ESMAD, entrenado para combatir “guerrillas marxistas”. La clave está en exigir que se respete el derecho a protestar sin ser considerado esto como acción subversiva sino como garantía democrática.

Ciudadanos salen a la calle a protestar contra la brutalidad policial

Cuando señalamos que el contexto actual en Colombia es acción y reacción frente al neoliberalismo, desde la teoría política no podemos omitir su genealogía oscura, sucia y violenta en la región latinoamericana, como señala el sociólogo italiano Maurizio Lazzarato. La subjetividad de los gobernados sólo puede construirse en condiciones de derrota, más o menos sangrienta, que le haga pasar del estado de adversario político al de “vencido”. Es en este contexto que las fuerzas represivas del Estado son utilizadas contra la ciudadanía. El neoliberalismo, a diferencia del liberalismo, sabe que hay que intervenir continuamente y respaldarlo a través de marcos legales, estímulos fiscales, económicos, etc.

Hoy Iván Duque intenta sostener un modelo de desigualdad y exclusión social, puesto en jaque por una pandemia, mediante mecanismos para someter a la sociedad que van desde reforma tributaria, al disciplinamiento coercitivo a través de la ESMAD. Pero también somos testigos de la resistencia social que toma las calles para evitar ese disciplinamiento. Es en esta dinámica donde reconocemos, en palabras de Foucault, que la vida es condición de posibilidad de la existencia y de la libertad como condición de la resistencia. Ante el poder represivo del gobierno de Iván Duque, el pueblo colombiano ejerce su contrapoder en las calles.

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