Análisis de la situación Israel-Palestina

Ante los terribles acontecimientos que estamos presenciando entre Israel y Palestina (judíos y árabes), un servidor, va a tratar de ofrecer una perspectiva analítica de la situación actual y las causas que han llevado a donde estamos, y en donde finalmente trataré de mostrar cuestiones y percepciones morales sobre tales sucesos.

Autor: Ivan Egea Saiz

Ante los terribles acontecimientos que estamos presenciando entre Israel y Palestina (judíos y árabes), un servidor, va a tratar de ofrecer una perspectiva analítica de la situación actual y las causas que han llevado a donde estamos, y en donde finalmente trataré de mostrar cuestiones y percepciones morales sobre tales sucesos.

Para ello, y dado que el tema es muy complejo para resumirlo en unas cuantas hojas, voy a tratar en las siguientes líneas de fijar unas preguntas clave, para darle respuesta y que las personas que lean sobre ello tengan una idea general de todo lo que ha acontecido al territorio palestino.

Así mismo, cabe destacar que la convivencia de judíos y árabes se vio alterada en el Medio Oriente a finales del siglo XIX y principios del XX, con la aparición del movimiento sionista, que planteó la creación de un Estado sólo para judíos en el corazón del mundo árabe e islámico. Por lo que, de estas líneas ya subyace la primera pregunta:

¿Qué es el movimiento sionista?

Pues en líneas generales, era un movimiento de carácter nacionalista cuyo objetivo principal era la creación de una Estado para todos los judíos del mundo, como respuesta a las persecuciones que los judíos sufrían en Europa Occidental y en Europa Oriental. Como así decirlo, era un movimiento de liberación nacional del pueblo judío. Sus fundadores consideraban que la única manera de eliminar el antisemitismo era mediante la concentración territorial de todos los judíos del mundo en un mismo Estado.

Y, aquí viene la siguiente pregunta: ¿Y dónde querían crear el Estado Judío? 

Pues sobre la mesa había distintas opciones: Uganda, Argentina o incluso una región de Siberia llamada Birobidzhan, en la frontera entre Rusia y China. Pero la tradición judía dice que la Tierra de Israel está en el área geográfica conocida como Palestina o Tierra Santa. Es decir, en una franja de tierra de unos 400 km de largo entre el mar Mediterráneo y el valle del rio Jordán.

¿Y cuál es el problema?

Que esta región también es sagrada para los musulmanes y los cristianos. Además, cuando se empezó a plantear la creación de este estado judío, esta zona pertenecía al Imperio Otomano. Y, si bien, allí había una comunidad judía, la gran mayoría de la población era mayoritariamente árabe. Pero ocurrió algo que lo cambió todo. La primera guerra mundial.

Al terminar la gran guerra, el Imperio Otomano desapareció, las potencias europeas se repartieron varios de sus territorios y Reino Unido pasó a administrar la región de Palestina.

Esto es importante, porque en ese tiempo el gobierno británico dio un paso clave: la Declaración Balfour¿Qué era?Una carta, en la que, por primera vez, el gobierno británico apoyaba la creación de un hogar nacional para el pueblo judío, en la región palestina. Pero aclarando lo siguiente: “No debe hacerse nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”. Es decir, respetar a los árabes.

¿Qué sucede en los años 20 -30?

En los años 20 y 30, miles de judíos se instalaron en esa región, a los que se sumaron en los años siguientes los que huían del Holocausto. Poco después de terminar la II Guerra Mundial, los judíos instalados en la región palestina eran unos 600.000, la mitad de la población árabe en aquel momento. Y, pronto aumentaron las tensiones entre las dos comunidades.

Para resolver la situación y buscar una posible convivencia, en 1947 la ONU propuso un plan, ¿En qué consistía?Pues, en la creación de dos estados independientes: uno árabe y el otro judío, mientras que Jerusalén tendría un régimen especial.

Aquí es interesante ver la presión que realizó los EEUU en la Asamblea General de la ONU, demorando una votación para ganar tiempo hasta conseguir que ciertas repúblicas latinoamericanas se alinearan con sus propios puntos de vista. Y es que, algunos delegados acusaron a los funcionarios estadounidenses de intimidación diplomática. Es decir, que sin la presión de los EEUU sobre gobierno que no se podían permitir el riesgo de represalias estadounidenses, la resolución jamás hubiera sido aprobada. (Así lo indica John Quigley, en “Palestina e Israel: Un desafío a la justicia”).

¿Cuáles fueran las posturas tomadas?

Los israelíes aceptaron esa división, pero los árabes no. El rechazo de los árabes se basó en que a pesar de que la población del Estado Judío sería (solo la mitad) judía, y de que menos del 10% de la tierra estaría en manos judías; los judíos iban a ser establecidos como entidad gobernante. Así pues, era un acuerdo que ningún pueblo que se respetara podría aceptar sin protesta. La acción de las Naciones Unidas estaba en conflicto con los principios básicos por los cuales se había establecido la organización mundial, es decir, defender el derecho de todos los pueblos a la autodeterminación. Y es que, tal y como menciona Sami Hadawi en “Cosecha amarga”, “La ONU al negar a los árabes palestinos, que formaban una mayoría de dos tercios en el país, el derecho de decidir por sí mismos, provocaba la propia violación de la ONU en su carta. Así que el plan de la ONU nunca se implementó”

Pero a pesar de que la dirección del Yishuv aceptó formalmente la Resolución de Partición de 1947, grandes sectores de la sociedad israelí estaban en oposición o extremadamente descontentos con la partición, y consideraban sede el principio la guerra como una oportunidad ideal para expandir las fronteras del nuevo estado, mucho más allá de las fronteras determinadas pen la partición por la ONU. Así llegamos a una fecha clave: el 14 de mayo de 1948, cuando el líder David Ben-Gurion proclama el establecimiento del Estado de Israel, señalando que “después de que nos convirtamos en una fuerza mayor, como resultado de la creación del estado, aboliremos a toda Palestina”. Y justo el día después, 5 países árabes vecinos le declaran la guerra. Invaden el nuevo estado judío con un objetivo claro: su desaparición.

Y, he aquí una de las grandes preguntas: ¿Es lo mismo antisemitismo que antisionismo? 

Aunque algunos historiadores consideran que la definición de antisemitismo debe utilizarse sólo para el odio y/o persecuciones contra todos aquellos de origen semita, es comúnmente aceptado que se la entienda como el odio hacia los judíos. El antisionismo, por definición, es la oposición política a la ideología del sionismo. Hasta la creación del Estado de Israel en 1948, el antisionismo era patrimonio casi exclusivo de los judíos que no consideraban que sus problemas históricos se resolverían por medio de la creación de un Estado judío.

Algunos consideraban que los judíos debían integrarse y asimilarse en los países en los que vivían, perdiendo su identidad particular y adoptando aquella de la mayoría que los rodeaba. Otros, desde posiciones de izquierda, consideraban que el socialismo y la igualdad de los pueblos eliminarían todo tipo de discriminación, también aquellas contra los judíos. Y también, había religiosos que decían que había que esperar la llegada del Mesías, pues solo este lograría la redención del pueblo judío.

Asimismo, después de la creación del Estado de Israel estos conceptos se mantuvieron desde lo ideológico, pero la expulsión de los palestinos en 1948 y la ocupación de Cisjordania y Gaza en 1967 aumentaron el rechazo a las políticas de Israel en muchos sectores de izquierda. Por lo que, llego a la conclusión de que es incorrecto desde lo conceptual y teórico asimilar el antisionismo al antisemitismo. Y tampoco se puede calificar como antisemita a quien critique a Israel, la política israelí, o, incluso, cuestione la existencia misma del Estado de Israel porque piense que los judíos y palestinos deben vivir en un mismo Estado. Pero, si bien es cierto, los gobiernos israelíes relacionan ambos conceptos deliberadamente para confundir y descalificar las críticas hacia sus políticas.

Conflictos en donde está implicado Israel 

A continuación, voy a exponer de forma muy sintética los grandes conflictos en donde se ha visto envuelto Israel:

  • Tras la proclamación en 1948 del Estado de Israel, este, entra en guerra con 5 países árabes. El resultado fue la victoria de Israel, en donde, además, amplió su territorio.
  • En 1956, una crisis en el canal de Suez provocó otro enfrentamiento militar entre Israel y Egipto, que, tras 9 días de contienda, las fronteras quedaron inalteradas.
  • En 1967, se produce la guerra de los 6 días, en donde Israel ocupó Cisjordania, Gaza y la península del Sinaí.
  • En 1982, Israel invade el Líbano, con el objetivo de quebrar la fuerza político-militar del movimiento nacional palestino y devolverlo a su estado de atomización anterior a 1967.
  • En 1987, tras los asentamientos en los territorios ocupados, las difíciles condiciones económicas y los choques entre el ejército israelí y la población palestina hicieron estallar la primer “Intifada”, que acabó en 1993 con la firma de los Acuerdos de paz de Oslo entre la OLP y el Estado de Israel.
  • En el 2000 se produjo un hecho muy importante puramente por su simbología. El entonces candidato a primer ministro de Israel, Ariel Sharon, visitó la Explanada de las Mezquitas. Los palestinos enfurecieron y se inició la segunda Intifada, mucho más violenta que la primera. Terminó en 2005 con la retirada de Israel de Gaza.
  • La penúltima escalada masiva de violencia estalló en 2017 motivada por la decisión del presidente de EEUU, Donald Trump, de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel. De hecho, en las últimas décadas las administraciones israelíes han llevado a cabo numerosos bombardeos en la Franja de Gaza y, en menor medida, en Cisjordania.
  • Y el último conflicto es el que actualmente estamos viviendo en pleno 2021, en donde Israel está aplicando una táctica muy ofensiva sobre suelo palestino, ocasionando un caos social, moral y diplomático. 

Ahora a continuación, quiero destacar algunos relatos que dejan muy en evidencia la clara y manifiesta violación de los derechos humanos por parte de Israel sobre el pueblo palestino, y del cual, nunca ha sido castigado:

  1. La primera Resolución de la Asamblea General de la ONU, número 194, afirmando el derecho de los palestinos a retornar a sus hogares y propiedad, fue adoptada el 11 de diciembre de 1948. Ha sido afirmada por lo menos 28 veces desde esa primera fecha. Pese a que el derecho moral y político de una persona a volver a sus sitio de residencia interrumpida es universalmente reconocido, Israel ha negado la posibilidad del retorno… y ha imposibilitado sistemática y jurídicamente, por la razón que sea, que los árabes palestinos retornen, sean compensados por sus propiedades, o vivan en Israel como ciudadanos en igualdad de derechos ante la ley con los israelíes judíos.
  2. Como señala Sami Hadawi en “Cosecha amarga”, “El hecho de que los árabes hayan huido aterrorizados, por el miedo efectivo a una repetición de las matanzas sionistas de 1948, no justifica que se les nieguen sus hogares, sus campos y su sustento. Los civiles atrapados en un área de actividad militar generalmente se dejan llevar por el pánico. Pero siempre han podido retornar a sus hogares cuando pasa el peligro. La conquista militar no deroga los derechos privados de la propiedad, ni da derecho al vencedor a confiscar los hogares, la propiedad y los bienes personales de la población civil no-combatiente. La confiscación de las propiedades árabes por los israelíes fue un escándalo”.
  3. Algo que además llama mucho la atención, y que deja en evidencia el papel de la ONU, es que en el preámbulo de la resolución de admisión de Israel en la ONU, esta incluía la siguiente cláusula de garantía: “Recordando sus resoluciones del 29 de noviembre de 1947 sobre la partición y del 11 de diciembre de 1948 (sobre reparaciones y compensaciones), y tomando nota de las declaraciones y explicaciones dadas por el representante del Gobierno de Israel ante el Comité Político Ad Hoc, respecto a la implementación de las resoluciones mencionadas, la Asamblea General… decide admitir a Israel como miembro de las Naciones Unidas”.
  4. Son muy destacables los pasajes descritos, en los Informes Locales del Departamento de Estados Unidos, sobre la práctica de los Derechos Humanos desde 1988 a 1991, por el ex miembro del Congreso de los EEUU, Pal Findley en “Engaños deliberados”, destaco:
    1. En 1988: “Numerosas muertes y heridas evitables fueron causadas porque soldados israelíes usaron frecuentemente disparos en situaciones que no presentaban un peligro mortal para los soldados…Los soldados del ejército israelí utilizaron garrotes para quebrar extremidades y golpear a palestinos que no estaban directamente involucrados en disturbios o resistiendo arresto…Se ha informado que por lo menos trece palestinos han muerto como resultado de palizas…”.
    1. En 1989: Grupos de defensa de los derechos humanos denuncian que personal de seguridad en civil actuó como escuadrones de la muerte que asesinaron activistas palestinos sin advertencia previa, o después que se habían rendido, o después que había sido controlados…
    1. En 1991: (El Informe) agrega que los grupos de defensa de los derechos humanos han publicado ‘informes creíbles en detalle sobre torturas, abusos y maltratos de detenidos palestinos en las prisiones y centros de detención”.
  5. Durante la primera Intifada, ya la Asamblea General de la ONU caracterizó la ocupación israelí de Cisjordania y Gaza como una negación de la autodeterminación y por ello una “amenaza seria y creciente para la paz y la seguridad internacional”.

Pero aquí, falta hablar de una figura relevante y, en mi opinión, una de las causantes de que el problema siga hasta nuestros días, como es la figura de Estados Unidos.

¿Cómo se explica el apoyo de Estados Unidos a Israel?

Hay una serie de factores que permiten entender por qué Estados Unidos apoya de manera incondicional al Estado de Israel. Desde una perspectiva estratégica se podría mencionar el repliegue de los franceses y británicos después de la Segunda Guerra Mundial del Medio Oriente y la puja entre Estados Unidos y la Unión Soviética que también se trasladó a la región. Desde otro lugar se puede decir que la comunidad judía estadounidense es muy poderosa en lo económico, cultural y mediático y hace sentir su presencia a través de múltiples organizaciones que presionan sobre los niveles más altos de decisión. 

Se calcula que hay cerca de cinco millones de judíos, un poco menos de los que hay en el Estado de Israel. Aunque gran parte de ellos no estén organizados, muchos pertenecen a diferentes lobbies judíos pro-israelíes, entendiendo la expresión lobby como una actividad que está legislada por el Senado norteamericano y que consiste en la presión que puede ejercer un grupo de individuos o una asociación sobre las decisiones de los congresistas y del gobierno a favor de cierta idea. Una de las organizaciones más influyentes es AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Americano-israelí) calificada por ‘The New York Times’ como «la organización más importante que influye en la relación de Estados Unidos con Israel». 

Estados Unidos considera que su apoyo al Estado de Israel es más que estratégico en la región. También existe una identificación imitar a la que tenían en su momento los británicos con el movimiento sionista. Esto es, lo ve como un país «blanco y occidental» en ei cual puede confiar, rodeado de países árabes donde existen ideologías nacionalistas, islámicas y antinorteamericanas. 

No se puede ignorar tampoco la creciente influencia que tienen los poderosos grupos de «cristianos sionistas» con millones de fieles y miles de pastores que consideran que un Estado de Israel fuerte ayudará a la segunda llegada de Jesucristo y que hacen sentir su peso especialmente en el partido republicano. 

Tampoco hay que olvidar que muchos en Estados Unidos consideran que tienen orígenes comunes al haber sido fundados ambos países por colonos europeos que aspiraban a crear una gran nación al margen de las poblaciones nativas. En estos últimos sesenta años ha quedado demostrado que ningún país del Medio Oriente le puede brindar a Estados Unidos la seguridad política que le otorga Israel en una relación que excede los intereses económicos, porque Israel es el único país que recibe anualmente tres mil millones de dólares en concepto de donación que no deben ser reembolsados. Para la clase política israelí y la inmensa mayoría de la población, la alianza con Estados Unidos es condición sine qua non de supervivencia.

Una vez sabido esto, también surge otra cuestión a responder, ¿Existe una democracia en Israel o un apartheid?

La palabra Apartheid está fuertemente asociada a un régimen de segregación y discriminación en Sudáfrica, donde una minoría blanca oprimía a la mayoría negra basada en un marco legal que perpetuaba su dominación política, económica y territorial. Hoy en día muchos sostienen que la práctica israelí en los territorios ocupados desde 1967 tiene todas las características del Apartheid, aunque no esté basada en una cuestión racial (blancos-negros) sino étnica-nacional (judíos-árabes)

Sin lugar a dudas muchas de las medidas implementadas por Israel se asemejan a las prácticas del Apartheid. Más de 200 asentamientos ocupan menos del 10 por ciento de Cisjordania, pero controlan cerca del 40 por ciento del mismo y sus recursos naturales, con ciudades construidas sólo para judíos y adonde existen carreteras prohibidas para los palestinos. El territorio palestino está fragmentado de tal manera que para ir de un lugar a otro un palestino necesita del permiso de los soldados israelíes que tienen más de 400 puestos de control para vigilar sus movimientos y decidir quién pasa y quién no. El muro de ocho metros de altura construido desde 2002 rodea ciudades palestinas convirtiéndolas en verdaderos guetos de los cuales para entrar o salir se depende del permiso de los soldados israelíes. 

Más allá del debate teórico al respecto y que la comparación indigne a muchos israelíes, es un debate recurrente en Israel. Dos ex ministros de educación (lossi Sarid y Shulamit Aloni) han sostenido públicamente que sí existe una política de Apartheid. En 2007, Aloni publicó un artículo titulado «Sí, hay Apartheid en Israel», donde decía que «el ejército ha transformado a cada pueblo árabe en un campo de detención bloqueado y sitiado». Sus palabras son similares a las expresadas por el ex presidente de Estados Unidos Jimmy Cárter, que escribió el libro “Paz en vez de Apartheid”. Varios miembros del gobierno sudafricano y antiguos luchadores contra el Apartheid, como el ex ministro de inteligencia Ronnie Kasrlis -de origen judío-, han dicho en más de una oportunidad que la política israelí hacia los palestinos es incluso peor que la del Apartheid contra los negros. Las diferencias o similitudes no hacen más que resaltar los efectos negativos que tiene la ocupación sobre la población palestina.

Por lo tanto, mediante estos argumentos, se deja muy en tela de juicio que Israel sea cuestionada como una Democracia de Medio Oriente. Y es que, hay diversas maneras de definir el concepto de democracia; pero un rasgo fundamental es la igualdad de sus ciudadanos ante la ley. El académico israelí, Oren Yiftachel define al Estado de Israel como una etnocracia, porque prevalece la pertenencia étnica sobre el concepto de ciudadanía. Israel se define como un Estado judío y de todos los judíos del mundo, pero no de sus ciudadanos, independientemente de su origen. Cabe preguntarse si es democrático un Estado que se define como judío cuando un 20 por ciento de la población no es judíaSegún Yiftachel, es un régimen que sirve de instrumento para una mayoría étnica (judía) en detrimento de una minoría (árabe). Un ejemplo para avalar lo que plantea Yiftachel es la experiencia del kibutz, que se definía como «socialista», pero que no permitía que un árabe se integrara, sólo por ser árabe. La dicotomía parece establecerse entre un Estado multicultural y multiétnico, por un lado, y un Estado judío de un solo grupo étnico por el otro.

Y, para acabar, me gustaría centrarme en la figura de España y en la Comunidad Internacional, respondiendo a esta primera pregunta, ¿Por qué España aún no ha reconocido el Estado palestino?

Desde noviembre de 2012, Palestina es un estado observador en la ONU, el mismo estatus que tiene el Vaticano, y ese aval animó a muchos países a considerarlo un igual. Hoy, son 139 naciones de 193 que hay en el mundo las que reconocen su soberanía. Y, España no está entre ellas. 

No es una cuestión ni de izquierdas ni derechas, es una cuestión de defender los derechos internacionales y el derecho internacional. Y, desde Moncloa, tanto los partidos de un bando u otro, se han mostrado a favor de la solución de dos estados y el respeto mutuo. Uno de los argumentos que atañen es que hay una división en Europa que impide que haya una voz común. Pero este argumento cae por su propio peso, cuando naciones comunitarias como Suecia, Malta, Chipre, Bulgaria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Rumanía y Polonia, han reconocido a Palestina sin esperar al resto de países de la Unión Europea. 

Y, es que, además en estos días han salido a la palestra las promesas, sobre el reconocimiento de Palestina como Estado, que hizo públicamente en 2015 y 2017, el presidente Pedro Sánchez. 

Pero es que, además, no es cuestión de tuits, en el programa electoral del PSOE para las elecciones generales de abril de 2019, se afirmaba literalmente: “Impulsaremos el reconocimiento del Estado palestino por parte de los Estados miembros de la Unión Europea. Trabajaremos sobre la solución de los Estados – Israel y Palestina – basada en las fronteras de 1967 y con la capitalidad compartida de Jerusalén. Consideramos que la solución de los dos Estados es la única vía para garantizar una paz justa, global y duradera entre israelíes y palestinos, con un Estado de Israel seguro y un estado de Palestina independiente, democrático, contiguo y viable”.

A día de hoy, La Moncloa y en Exterior cuando se pregunta sobre el reconocimiento del Estado palestino y por su incumplimiento de la promesa, se guarda silencio y se remiten a las palabras de la ministra Arancha González Laya, quien prefiere no hablar sobre el asunto.

Conclusión

Después de intentar exponer un conflicto tan complejo y con tanto multitud de actores, he llegado a la conclusión de que todo proceso de paz, como así lo piensan israelíes y palestinos, pasa por Washington. Los países árabes creen que es el único país que puede presionar a Israel. Los israelíes, por su parte, saben que el apoyo incondicional de la Casa Blanca les otorga una especie de inmunidad frente a las presiones internacionales, incluso de las Naciones Unidas, donde los Estados Unidos ha vetado numerosas resoluciones de condena a Israel, como, por ejemplo, lo ocurrido en esta semana con el bloqueo, de hasta tres veces, de comunicados del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Está claro, que difícilmente EEUU deje de apoyar a Israel, dado que este apoyo le garantiza una presencia y hegemonía directa con el Medio Oriente. Por tanto, sería de enorme importancia plantearse la cuestión de reformar el sistema de votación y la estructura del Consejo de Seguridad de la ONU para eliminar la Unanimidad y evitar el bloqueo de EEUU. Por otro lado, a nivel tanto nacional e internacional, creo que con la cuestión palestina no valen las medias tintas, y todos los gobiernos deberían de posicionarse en favor de la defensa a ultranza de los derechos humanos, el derecho internacional y la integridad de las personas, en detrimento de un Estado como el israelí que ocupó durante casi 20 años tierras del Líbano, ocupa hace más de 40 años parte de Siria y territorios de otros pueblos con métodos no democráticos. Por lo que, considero que, muy a largo plazo, los israelíes podrían vivir en paz con sus vecinos sólo si admiten su culpabilidad y consiguen reparar los daños. Porque solo entonces podrá restaurarse la centenaria tradición judía de ser un pueblo de un alto carácter moral. Y sólo por este camino, se podría conseguir una verdadera seguridad, paz y justicia.

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