Little Voice, un canto a las pequeñas cosas

Autora: Julia Saenz

Si hablo de Netflix, HBO, o Amazon Prime Video nadie preguntaría de que estoy hablando. Pero cuando hablamos de Apple TV hay menos gente que la conoce, y mucho menos su oferta. Es cierto que en general está lejos de competir a los niveles del resto de plataformas, que tienen de momento asegurado su nicho de mercado, pero esta, relativamente nueva, plataforma de vez en cuando te permite conocer pequeñas joyas ocultas como Little Voice.

Esa serie -sin hacer spoiler- cuenta la historia de Bess (Brittany O’Grady), una joven chica que se esfuerza por abrirse paso en el mundo de la música mientras intenta mantenerse económicamente en pie, ayudar a su padre -vieja gloria de la música venida a menos- y a su hermano, que padece autismo (Kevin Valdez), siempre acompañada por sus amigos y en especial su compañera de piso (Shalini Bathina), de la que se nos enseña pequeños resquicios de su vida.

La serie encuentra el equilibrio perfecto entre la esperanza y el drama, exponiendo situaciones difíciles y mostrando los obstáculos que hay para alcanzar la fama en el mundo de la música y poder vivir de ello. Las canciones acompañan a toda la serie y forman gran parte de esta con momentos musicales extensos. 

Sin embargo, y a pesar de que se muestra la cruda realidad de Bess tal y como es y su sufrimiento, no deja de ser una serie que llama al optimismo, a una especie de “todo saldrá bien al final y si no sale es que no es el final” (tal y como dice la frase del Exótico Hotel Marigold). A pesar de sus amplios problemas -en su mayoría familiares- la joven siempre tiene a personas alrededor dispuestas a ayudarla y empujarla para que continúe luchando por sus sueños. Al final, la serie nos presenta una vida de joven bastante idílica, donde el entretenimiento y las oportunidades no faltan, donde siempre hay algo que hacer, y, aunque sea poco a poco, se avanza. 

La música, compuesta por Sara Bareilles, una de sus creadoras, es íntima y especial, acaricia con su letra y su melodía los oídos de los telespectadores. La fotografía y el montaje dan la calidez e intimidad que la serie emana de principio a fin, y, aunque nunca podría ser un éxito mainstreim, se echaba de menos este tipo de series, que cuentan una historia diferente, más personal y tranquila, sin expectativas demasiado ambiciosas.

El reparto, encabezado por Brittany O’Grady no destaca por su fama, o su gran filmografía, pero se desenvuelven de una manera espectacular, creando personajes muy marcados, con sus luces y sus sombras. Cabe destacar el papel de Kevin Valdez, que padece autismo como su personaje y Shalini Bathina, que muestra los problemas culturales de las nuevas generaciones de origen indio nacidas en EEUU en contraste con sus padres, nacidos en la India.

La corta duración de los capítulos, de treinta minutos, y la conexión que acabas sintiendo con sus personajes -en especial la protagonista- hacen que la serie se devore en muy poco tiempo. 

Si estás buscando la nueva serie de moda, que todo el mundo haya visto para poder comentarla en un grupo de amigos, no es tu serie. Pero si lo que buscas es el canto al disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, a la lucha y la superación, al amor por una vida sencilla, pero en la búsqueda de algo mejor, disfrutarás visualizando los nueve capítulos que la componen. 

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