Hacer palanca

HANDOUT - 25 March 2021, Egypt, Suez: An excavator attempts to free the front end of the "Ever Given", a container ship operated by the Evergreen Marine Corporation. The state-run Suez Canal Authority (SCA) announced on Thursday that navigation through the Suez Canal has been temporarily suspended until the full refloating of the Panamanian supertanker which ran aground on Tuesday in the southern end of the Suez Canal and blocked the traffic in both directions. The ship turned sideways in the Canal, while on route from China to Rotterdam, due to reduced visibility that resulted from a dust storm hitting the area, according to SCA. Photo: -/Suez Canal Authority/dpa - ATTENTION: editorial use only and only if the credit mentioned above is referenced in full 25/03/2021 ONLY FOR USE IN SPAIN

Crónica de un indulto anunciado, pensé. Y es que todo hacía indicar que la controvertida medida de gracia empezaría a tomar forma en cuanto Esquerra y Junts pactasen a regañadientes el nuevo Govern. No es ningún secreto que vivamos en un mundo polarizado que nos obliga a pronunciarnos y a tomar una postura férrea sobre casi todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Los indultos no iban a ser menos, (hasta las hormigas de Pablo Motos se han mojado), y parece que eso de tener dos bandos irreconciliables sigue siendo la norma.  

Los condenados por el Tribunal Supremo llevan tres años y medio en la cárcel por unos delitos, tanto el de rebelión como el de sedición, decimonónicos y arcaicos respecto a la realidad social actual de nuestro país e inexistentes en ordenamientos jurídicos vecinos. Ojo, en ningún caso quiero eximirles de su responsabilidad, ya que eran perfectamente conscientes de hacia dónde les llevaba el camino de la unilateralidad. A pesar de que estoy en las antípodas del independentismo (jamás aceptaré intelectualmente que desde la izquierda se defienda el identitarismo nacionalista), pienso que sus condenas fueron injustas, desproporcionadas y contraproducentes para resolver un conflicto que jamás debió salir de la esfera política. Más allá de la situación individual de los reos, las condenas sólo han alimentado el argumentario de las posiciones más intransigentes de las dos partes enfrentadas: el relato de los mártires por la República apresados por el arbitrario Estado franquista español frente al discurso de ley y orden ante todo lo que ocurra en Cataluña, encumbrando a la extrema derecha sin apenas despeinarse.  

A estas alturas, lo cierto es que mi desconfianza hacia las intenciones de la élite independentista es prácticamente la misma que tengo hacia el PP o a lo poco que queda de C’s, y soy consciente de que estas dos partes preferirían avivar el fuego del enfrentamiento antes de ceder y converger para resolver el conflicto, al menos, en el corto plazo. Si me permiten la analogía, los indultos son como esa pequeña excavadora que, con muchísima dificultad, ayudó a liberar aquel gigantesco buque de contenedores que quedó encallado en el canal de Suez. Ni mucho menos es la solución al gravísimo problema político, social e institucional, pero creo que dejar las cosas como están no va a mejorar absolutamente nada. Ya son diez años desde que el Partido Popular recurriera el Estatut, iniciando así la escalada soberanista liderada por la derecha burguesa de Barcelona. El nacionalismo es el mayor alucinógeno que existe, capaz de adormecer el raciocinio y deformar la realidad como si de un cuadro de Dalí se tratara. Altamente inflamable.  

Claro que esta medida va a desgastar al gobierno, ¿qué se esperaban? Gobernar implica afrontar contradicciones, tomar decisiones difíciles sin garantías de obtener un beneficio claro y liderar estrategias arriesgadas a largo plazo, y por eso deben hacerlo, porque es su responsabilidad. El desgaste va con el cargo, y cuanto antes lo acepten, mejor para todos. Tengo la sensación de que este ejecutivo le da pereza gobernar, entiendo que la pandemia haya paralizado multitud de proyectos, pero es necesario que muestren a los ciudadanos que realmente aplicarán el acuerdo de gobierno si quieren revalidar dentro de dos años.  

Y mientras tanto, pregunto a la bancada de la oposición: ¿Cuál es el plan B de Pablo Casado para Cataluña? Alguien que aspira a gobernar este país debería proponer soluciones en favor de la convivencia y del respeto al pluralismo de la ciudadanía, y me temo que la nueva foto de Colón que se avecina va a alejar aún más las posiciones. Pero quienes sin duda deben mostrar algún tipo de predisposición para desatascar esta situación son claramente los partidos independentistas. La huida hacia adelante que comenzó tras la fuga del expresident Puigdemont no tiene otra salida más que la de la negociación y la puesta en marcha de un debate serio sobre el futuro de Cataluña como nacionalidad histórica (como dice nuestra Constitución), primero entre catalanes y después entre el resto de los que formamos España. Solo mediante un debate largo, profundo, sin tabúes ni líneas rojas y con ánimo de llegar a acuerdos puede mejorar esta situación agonizante, para que nos centremos de una vez por todas en los otros problemas estructurales que esperan respuestas, como la desigualdad o la falta de oportunidades. El maestro Iñaki Gabilondo dice que la solución del conflicto catalán todavía no se ha inventado. Qué razón tiene. 

 
Vivimos en un país que es incapaz de gestionar con seriedad su política territorial. Primero fue Euskadi (aunque parece que el parné amansa al PNV) y después, Cataluña. Sin embargo, creo que no deberíamos seguir ignorando las tendencias silenciosas que se están dando por el resto de la geografía. El sorpasso del Bloque Nacionalista Galego a los socialistas en Galicia, el surgimiento de partidos regionalistas en prácticamente todas las autonomías, las reivindicaciones de la España vaciada ante el abandono y la inexistente vertebración del territorio o incluso la victoria de Ayuso como defensora de un supuesto estilo de vida a la madrileña. Esta reacción tribal de agarrarnos al terruño indica que el sistema autonómico está al borde de la obsolescencia, y ya es hora de que nos demos cuenta. ¿Qué queremos ser? ¿Qué proyecto común nos une a los que tenemos el mismo DNI? ¿Por qué no existe una estrategia de país consensuada a largo plazo? Son preguntas que deberían dejar de darnos miedo, debemos estar abiertos a todas las opciones. Es un debate sano, urgente y necesario. 

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