‘Normal People’, una historia de una profunda conexión entre dos personas.

‘Normal People’ llegó a Starzplay el pasado mes de abril, y desde entonces, esta serie de la BBC ha arrasado, especialmente entre los jóvenes, siendo aclamada por la crítica. Esta serie está basada en el libro homónimo de Sally Roone y tal ha sido su éxito que se está preparando la adaptación de otra de sus novelas ‘Conversaciones entre amigos’. 

La historia de ‘Normal People’ es la historia de Connell y Marianne, tanto de ellos individualmente, como de, especialmente, su relación a lo largo de varios años. Nos habla de dos personas normales y a la vez muy especiales que nos hacen plantearnos si existe LA persona, lo importante de conectar y sobre todo si es suficiente esa conexión o están condenados a quererse pero no saber estar juntos.

La serie muestra la evolución de los personajes, su manera de ser, sus defectos -muchas veces fruto de la sociedad o el ambiente en el que se mueven- pero sobre todo nos enseña sobre la responsabilidad afectiva, el sexo, la soledad y el amor.

No está rodada para verla mientras se practica el multitasking, ya que lo más importante en ella -a pesar de que tiene diálogos interesantes- es el lenguaje no verbal, las miradas, la calma, las escenas lentas donde destaca la fotografía o el escenario. Así, gracias al guion, el montaje y en gran parte a las espectaculares interpretaciones de los protagonistas Paul Mescal (Connor) y Daisy Edgar-Jones (Marianne) se nos traslada a una relación idílica (y eso a pesar de los numerosos problemas a los que se enfrentan) por la conexión tan profunda que se nos enseña. 

La comunicación -o más bien la falta de ella- es uno de los ejes sobre los que se centra la serie, ya que a pesar de tener conversaciones muy sinceras en numerosos momentos, a veces la falta de comunicación es la que provoca problemas que no existían, malentendidos que salen a la luz cuando ya es tarde. 

Los personajes son maravillosos y bien construidos, a pesar de ser 12 capítulos de 20 o 30 minutos, te da la sensación de que los conoces de toda la vida y entiendes su relación como si la estuvieras viviendo tú mismo. Cabe destacar las escenas sexuales entre los dos protagonistas, en contraste con quizá otras que se nos muestran en la serie, enseñando con mucho detalle no solo su extrema atracción sino lo sanas y respetuosas que son sus relaciones sexuales. Y es que ellos mismos lo dicen: “no es así con otras personas”.

Connor es un nuevo modelo de masculinidad, que, aún con ciertos defectos, apoya a Marianne sin llegar a actuar como el típico príncipe azul que salva a la princesa desvalida, pero sin abandonarla y sabiendo estar a su lado -lo que ella también hace-. Y es que al final son dos personas, que, a pesar de todo, luchan por estar presentes en la vida del otro y lo consiguen, acompañándose de distintas maneras a lo largo de la serie pero siempre con una profunda preocupación y amor el uno por el otro. Y nos hacen reflexionar no solo sobre otros temas que nos muestran las subtramas -incluida la depresión- sino sobre las etiquetas, las relaciones, y el amor. 

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