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La voz a ti debida

La gente trans ha hecho tanto por el colectivo LGBTI, que les debemos el no olvidarles durante todo este mes. Les debemos el primer adoquín que lanzaron en Stonewall. Este reportaje va dedicado a esas voces que hablaban entre el ruido ensordecedor, esas voces que tantas veces han sido calladas por querer ser escuchadas. Sin las personas trans, no habría Orgullo.

Raquel Ramos González, Luis Felipe Lázaro de la Orden

Desde tiempos inmemoriales

Echando la vista atrás, y desde una perspectiva cultural, ya en el Antiguo Egipto había categorías para terceros géneros, incluyendo eunucos; las representaciones de Mut, Sekhmet y otras diosas eran mayormente andróginas. En Sumeria, sacerdotisas andróginas conocidas como gala, nacidas con el sexo masculino, empleaban un dialecto reservado a las mujeres (eme-sal). En el Imperio acadio, gente similar conocida como kurgarrū y assinnu servían a Ishtar y realizaban bailes en sus templos con vestimentas femeninas; según la tradición, la diosa les transformaba de hombres a mujeres.

Allá por África occidental, en el pueblo igbo, ciertas personas del sexo femenino asumían roles tradicionalmente masculinos y se casaban con otras mujeres; una práctica que, a día de hoy, también existe entre los Dafomey de Benín y que se ha observado, en tiempos contemporáneos, desde una perspectiva trans y homosexual. Por el contrario, en las comunidades de habla suajili de Kenia, las mashoga (de sexo masculino desde nacimiento) usan nombres de mujer y se casan con hombres.

Algunos pueblos nativos de Norteamérica también tenían identidades de género ancestrales. Con más de 500 culturas supervivientes en la actualidad, las actitudes respecto al género y al sexo biológico son diversas. Algunos de los diferentes términos locales, como ninauh-oskitsi-pahpyaki en siksika, napêw iskwêwisêhot en cree, batée en crow, wíŋkte en lakota y nádleeh en navajo (aunque hay varios más), suplían los roles tradicionales de las personas trans nativo americanas en lo social, ceremonial y espiritual. La denominación contemporánea two-spirit, que viene a significar «dos espíritus», fue acuñada en 1990 en la Reunión Internacional de Indígenas Gays y Lesbianas en Winnipeg, con el propósito de diferenciar a las personas nativo americanas de la gente no nativa; sin embargo, recibió críticas por comunidades tradicionales que consideraban que se estaban borrando las identidades tradicionales a favor de una perspectiva de binarismo de género occidental.

Durante la Edad Moderna española -sin ir más lejos- el cirujano Eleno de Céspedes, de sexo femenino al nacer, se identificó como hombre durante gran parte de su vida, se cambió el nombre correspondientemente y se sometió a cirujías acordes a su género, en sus genitales, pechos y demás carácteres sexuales secundarios. Tanto fue así que, en una época marcada por la persecución de la Inquisición española, el prestigioso médico del rey Felipe II, Francisco Díaz de Alcalá, dictaminó que Eleno era varón. Por aquel entonces, las personas transgénero era completamente inusuales, y su historia suscitó la atención de mucha gente y tuvo una gran difusión.

Y la fría realidad, que no se puede obviar ni edulcorar bajo ningún concepto, fue la apabullante opresión y el rechazo que sufrían las identidades homosexuales y trans en aquella época; sobre todo por cuestiones mayoritariamente religiosas que devinieron en un tradicionalismo y conservadurismo impuestos sobre los roles de género y la sexualidad en Europa. Eleno de Céspedes fue acusado de lesbianismo, sodomía y bigamia. La revisión médica de Francisco Díaz de Alcalá se justificó aduciendo una «ilusión del demonio», una suerte de trampantojo, que llevó a Eleno a ser tachado de hereje y hechicero, lo cual él siempre negó. Le condenaron a doscientos azotes y fue recluido durante diez años en un hospital, en el cual trabajó gratuitamente en su enfermería.

Stonewall y su legado

Pero no se les dará suficiente visibilidad a estos temas y tabúes hasta la Edad Contemporánea. La Revuelta de Stonewall fue el gran evento catalizador del activismo LGTBI en Estados Unidos; unas manifestaciones que nacieron a raíz de una redada policial en un bar el 28 de junio de 1969, en Stonewall Inn, un pub neoyorquino en el barrio de Greenwich Village. Fue la primera ocasión en la historia estadounidense en que la comunidad LGTBI se enfrentó a las persecuciones sistemáticas por parte de la policía americana, ante la indiferencia del gobierno. En los últimos años de la década de los 60 florecieron muchos movimientos de activismo social, como el afroamericanismo que luchaba por los derechos civiles, y las manifestaciones contra la guerra en Vietnam. El Stonewall Inn fue un establecimiento muy popular entre los transexuales, drag queens y trabajadoras sexuales; personas marginadas en la comunidad tradicional de Nueva York. Las redadas policiales en los bares gays eran rutinarias por aquel entonces; pero la noche del 28, los oficiales perdieron el control de la situación. Las tensiones entre la policía neoyorquina y los residentes homosexuales de Greenwich Village dieron lugar a grandes protestas que se extendieron hasta la mañana siguiente y varias noches después. Exigieron durante semanas el derecho a vivir abiertamente de acuerdo a su orientación sexual, sin miedo a ser arrestados, dando lugar a nuevas organizaciones activistas que se concentraron en emplear tácticas confrontativas. De ahí surgieron las primeras manifestaciones del orgullo LGTB, en 1970, en las ciudades de Chicago, Los Ángeles, Nueva York y San Francisco.

Marsha P. Johnson durante una de las Marchas del Orgullo.

Es menester fijarse en el rol del activismo trans en la lucha por dichos derechos. No olvidemos la histórica figura de Sylvia Rivera, activista americana de la liberación gay y los derechos trans que, junto con Marsha P. Johnson, fundaron el Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR). En 1973, en el Rally del Día de la Liberación de Christopher Street, Rivera -representando a STAR- dio un breve discurso desde el escenario principal, en el que denunció los abusos de hombres heterosexuales a miembros vulnerables de la comunidad. En el mismo evento, Rivera y otra drag queen, Lee Brewster, saltaron al escenario durante el discurso de la feminista activista Jean O’Leary, y pronunciaron el icónico discurso de «Y’all Better Quiet Down», ante radicales anti-transgénero:

«He estado intentando subirme aquí para vuestros hermanos y hermanas gays en la cárcel que me escriben todas las putas semanas y me piden vuestra ayuda y no hacéis nada por ellos. ¿Alguna vez habéis sido golpeadas, violadas y enjauladas? Pensad en ello. […] Las mujeres han intentado luchar por cambios de sexo o por volverse mujeres. […] Escriben ‘STAR’, no a los grupos de mujeres, no escriben ‘mujeres’, no escriben ‘hombres’, escriben ‘STAR’ porque estamos intentando hacer algo por ellas. He estado en la cárcel. Me violaron. Y me dieron palizas. ¡Muchas veces! Por hombres, hombres heterosexuales que no pertenecen al albergue homosexual. Pero, ¿hacéis algo por mí? No. Me decís que me vaya y me oculte la cola entre las piernas. No voy a consentir esta mierda. Me han golpeado. Me han partido la nariz. Me han metido en la cárcel. He perdido mi trabajo. He perdido mi apartamento por la liberación gay, ¿y me tratáis así? ¿Qué demonios os pasa? ¡Pensad en ello! No creo en una revolución, pero todas lo hacéis. […] Creo en que nosotras recibamos nuestros derechos; de lo contrario, no estaría aquí luchando por ellos. Eso es todo lo que os vengo a decir. Si queréis saber más sobre la gente en prisión, y no nos olvidemos de Bambi L’amour, y Dora Mark, Kenny Metzner, y otra gente gay en la cárcel, venid a ver a la gente de la Casa STAR. […] Esa gente está intentando hacer algo por todas nosotras, y no los hombres y mujeres que pertenecen al club de la clase media blanca. ¡Y eso es a lo que pertenecéis! ¡Revolución ya! […]»

¿Pero qué pasó en España?

El panorama del activismo trans en España, y el activismo LGTBI en general, siempre fue complicado. Durante la era franquista, miles de mujeres trans y hombres gays fueron enjaulados, a raíz de leyes que buscaban la persecución del colectivo. A día de hoy, siguen luchando por obtener una compensación. En un principio, se dio una modificación de la histórica Ley de Vagos y Maleantes para que incluyera a los homosexuales, con el objetivo de recluirlos en campos de concentración para someterlos a trabajos forzados. En 1970, un año después de los disturbios en Stonewall, se promulgó la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, que permitía el internamiento de personas homosexuales en correccionales psiquiátricos. Ese mismo año se fundó el Movimiento Español de Liberación Homosexual, la primera organización de defensa de los derechos LGTB en España, cuyo origen se encontraba en grupos homosexuales catalanes, que organizaban reuniones en pisos privados en Barcelona.

A través de la revista francesa Arcadie, los miembros, entre ellos los fundadores Mir Bellgai (Francesc Francino) y Roger de Gaimon (Armand de Fluvià), estaban al corriente de las revueltas de Stonewall y los movimientos LGBTI que iban floreciendo por el continente europeo y por Estados Unidos, pero la Ley sobre peligrosidad anteriormente mencionada fue la gota que colmó el vaso. Mediante el envío de cartas desde París a obispos y editores de revistas, dieron a conocer ciertos aspectos legales de la homosexualidad con el objetivo de suprimir la ley que les criminalizaba y, a partir de ahí, entraron en contacto con organizaciones similares en diferentes partes del mundo. Muchos de los miembros de esta asociación, a día de hoy, permanecen en el anonimato. El movimiento desapareció hacia el 1973 o 74, consolidándose posteriormente bajo el nombre de Front d’Alliberament Gai de Catalunya en 1975. El Front se convirtió en una de las asociaciones más importantes representativas de la lucha LGBTI en España. La primera Manifestación del Orgullo en España se celebró en 1977 en Barcelona, en la que hubo apenas 4.000 personas que fueron disueltas por los cuerpos policiales. En 1978 las manifestaciones se extendieron a Madrid, y desde entonces se han celebrado todos los años, salvo en 1980 y 2020, desde Santo Domingo hasta Sol.

Respecto al colectivo transexual, no podemos ignorar en absoluto a Cristina Ortiz, La Veneno; cantante, actriz y vedette considerada una de las más importantes y admiradas figuras LGTBI en España, pionera en el activismo trans español y en la visibilización del colectivo durante los años 90. Apareció por primera vez en 1995, en el programa Esta noche cruzamos el Mississippi, presentado por Pepe Navarro. Ese momento supuso su salto a la fama por su carisma y belleza, y La Veneno se convirtió en colaboradora habitual del programa. En 1996 publicó su primer sencillo, Veneno pa’ tu piel, que obtuvo un disco de oro por más de 50.000 copias en ventas. En 2016 sacó sus memorias; ¡Digo! Ni puta ni santa: Las memorias de La Veneno, y aproximadamente un mes después, falleció de un traumatismo craneoencefálico en lo que se considera un crimen con muchas incógnitas por resolver.

La revolución de la “T”

En los últimos años, el activismo trans ha alcanzado una gran trascendencia respecto a los otros grupos que forman parte del colectivo y, gracias a este activismo, hemos sido conscientes de que la ‘T’ fue la que tiró la primera piedra en la lucha de nuestros derechos y que injustamente quedó eclipsada durante muchos años, demasiados. 

Las constantes luchas y reivindicaciones de todo el colectivo trans y el apoyo de numerosas asociaciones han conseguido pequeños logros que todavía están lejos de ser gigantes para el alcance de los derechos que les corresponden a las personas trans. No fue hasta 2018 que la transexualidad dejó de ser reconocida como un trastorno mental por la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) publicada por la OMS y denominarse “incongruencia de género”, con el fin de eliminar los estigmas y facilitar el acceso a la atención sanitaria especializada. No fue hasta la actualización del CIE que se empezó a distinguir la identidad de género y el comportamiento sexual, además de reconocer la violencia que sufren las personas trans.

El martes 29 de junio, el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de la Ley Trans. Los preceptos de esta ley contemplan que las personas trans puedan tramitar el cambio de nombre y sexo en el DNI -o tarjeta de residencia/permiso de trabajo para personas migrantes- sin la necesidad de presentar un informe médico ni comenzar tratamientos de hormonación. Además, otros aspectos son la prohibición de cualquier terapia de conversión, el acceso a la reproducción asistida desde el Sistema Nacional de Salud, la filiación de los hijos, la protección de las personas intersexuales desde su nacimiento y la inclusión en el sistema educativo de lecciones sobre la diversidad sexual. En esto último, la Plataforma del Orgullo Crítico fue muy tajante en su manifiesto del pasado 28 de junio: “Preparémonos para educar a nuestres niñes con herramientas para ser critiques, para cuidarse a sí mismes y a les demás, digan lo que digan los del Pin Parental”. También este borrador de la Ley Trans observa la protección contra la discriminación y la violencia y garantizaría la seguridad de las personas LGBTI, con multas que llegarían hasta los 150.000 euros en el caso de que se ejerciese cualquier tipo de exclusión. 

Sin embargo, hay que pararse a pensar en lo que supone la aprobación de este borrador, y nunca está de más analizarlo desde un punto de vista más crítico, en el sentido de que aún hay un largo camino que nos queda por avanzar. Para ello, Saida García Casuso, activista y vicepresidenta de la Asociación Euforia Familias Trans-Aliadas, expone varios de los puntos débiles del anteproyecto desde la visión de su Asociación respecto al mismo. “La ley es un intento de desmovilizarnos. Es una estrategia política que no tiene nada que ver con los derechos fundamentales de las personas trans ni con sus intereses”, explica Saida.

Muchas asociaciones consideran esta ley un gran paso; un proyecto que está abierto a modificaciones por parte del colectivo. Y otras asociaciones como Euforia, que lleva años luchando por conseguir el reconocimiento de los derechos de las personas trans, están descontentas con la aprobación del anteproyecto porque “no respeta ninguna de las líneas rojas que se llevan reivindicando años desde el activismo”. Es decir, el anteproyecto de Ley Trans no se correlaciona con las propuestas del colectivo durante las reuniones con el Ministerio de Igualdad.

“Es una Ley mala […]. Estamos como estábamos, pero con el agravante de que hay mucha gente pensando que está todo hecho”, dice Saida. “Desde 2019, hay una sentencia del Tribunal Constitucional que dictamina que las personas menores de edad tienen derecho a cambiar su nombre y sexo, sea cual sea la edad, siempre que cumplan con unos criterios de madurez. Sin embargo, esta ley marca que las personas menores de catorce años no van a poder cambiar de sexo salvo aquellas de 12 a 14 años que pasen por un proceso judicial. Se está legislando por debajo de una sentencia del Tribunal Constitucional”. Los colectivos trans reivindican que, en lo referente a las personas migrantes, también se incluya a las personas que no tengan residencia ni permiso de trabajo porque su situación no se lo permita. “Nos preocupa que esto sea una trampa para las personas que estén en esa situación”.

Según Saida, en el anteproyecto de la Ley Trans, se habla de “autodeterminación de género” pero se ha borrado por completo su significado. “No se puede hablar de autodeterminación cuando se excluyen a personas migrantes, no binarias, menores de 12 años y cuando se están marcando unos plazos. Se está diciendo a la sociedad que las personas menores de 12 años no saben quiénes son, poniendo en duda la identidad de esas criaturas”. 

En nuestro país, durante los últimos cinco años han aumentado las agresiones homófobas. Asimismo, el número de denuncias ha sido bajo. Uno de los principales motivos: el miedo de las víctimas. Las personas trans son, de todo el colectivo, las más vulnerables al acoso y la violencia en las calles, además de que se enfrentan a otros problemas como el difícil acceso al mundo laboral. “Euforia reivindicaba la necesidad de una Ley Trans específica porque las violencias que sufren las personas trans son estructurales y específicas”. Con esto se pone el ejemplo de las leyes que protegen a la mujer, es decir, la diferenciación de leyes de violencia de género y violencia doméstica.

La atención sanitaria es otro de los estragos que forman parte del día a día de las personas trans. Ir al médico puede convertirse en una pesadilla cuando el profesional no está formado, aunque en algunos casos, son los propios sanitarios quienes comparten la información para que se despatologicen estas personas y dejen de ser tratadas como “personas enfermas derivadas siempre a salud mental”. En Madrid existe la LO 2/2016, que incluye la formación del personal y de los estudiantes sanitarios. Aún así, no todas las comunidades autónomas aplican leyes que protegen al colectivo trans y las que las tienen en vigor cuentan con una legislación diferente. “La atención tiene que ser cercana y no segregada. Se siguen derivando a las personas a un mismo hospital que luego se satura, los profesionales se jubilan, etc.”, añade Saida. 

Por otro lado, los problemas de abastecimiento de hormonas son desgraciadamente comunes desde hace años y, a su vez, muy graves. Los tratamientos de hormonas afectan a todo el funcionamiento del cuerpo. Los cambios de medicación, que no estén disponibles o subvencionados pone en riesgo la vida e integridad de estas personas. Según añade Saida: “Las personas que se han sometido a una cirugía, necesitan para vivir esas hormonas y el anteproyecto que se ha presentado no ofrece ninguna garantía ni solución”. La Seguridad Social cubre las cirugías trans, pero los fondos destinados son mínimos y los hospitales hacen pocas operaciones en relación con las que se tendrían que hacer. “Las listas de espera son opacas”, afirma Saida. “Tampoco se deja decidir a las personas libremente, hay algunas que no se hormonan pero sí quieren operarse el pecho o los genitales; o simplemente no quieren operarse nada, pero sus identidades son cuestionadas porque no quieren dar ese paso ni comenzar un tratamiento hormonal”.

Según las declaraciones de Saida, es una ley que no cumple con lo prometido por el Gobierno y que solo ha servido para aparentar y callar al activismo trans. Los derechos que se contemplan en el anteproyecto son la versión empeorada de los que ya estaban reconocidos, esta vez con más límites en sus derechos fundamentales. “Está mal redactado, mal estructurado, […] a nivel educativo y sanitario se queda cortísimo… En realidad es un texto que les servirá para poder ir al Orgullo y conseguir que dejemos de estar en la calle, pero en realidad no reconoce los derechos de nadie”.

El camino que aún queda

Todavía falta mucho por conseguir en cuestión de derechos humanos trans. La entrada en vigor de una Ley que asegure la protección y la no vulnerabilidad de los derechos de estas personas tiene que darse con una legislación bien planteada y que haya tenido en cuenta las verdaderas problemáticas que asociaciones y activistas llevan denunciando años. Ha habido mucha problemática con esta Ley, en gran medida suscitada por parte de partidos políticos afines a la derecha y demás colectivos feministas trans-excluyentes. Pero la opinión de la gente trans ha quedado eclipsada por todo ese ruido, y en una cuestión que les afecta directamente.

En nuestra opinión, esta ley simboliza un paso importante en la autodeterminación de las personas trans en España, a pesar de que en ella haya carencias. También hemos de estar en un estado constante de reflexión y entendimiento; hay que ser críticos con nosotros mismos para erradicar todas las barreras de la desigualdad que, a veces, podemos llegar a obviar. Y eso empieza por amplificar las voces trans en aquellas cuestiones en las que se ven involucradas. En definitiva, hay que seguir consolidando soluciones efectivas, evolucionar hacia el progreso, para eliminar cualquier atisbo de intolerancia o diferenciación, desde el ámbito más burdo hasta la discriminación sistemática más implícita. 

Activistas de la Asociación Euforia Familias Trans-Alidadas manifestándose.

Saida García es tajante con esto: “Lo fundamental es que dejen de invisibilizarnos como interlocutoras. […] Como no escuchan a las personas de primera mano, al final son personas cis las que están en el poder. […] Y por supuesto, es imprescindible no tolerar ningún acto de transfobia dentro de los partidos políticos”, explica Saida. “Carmen Calvo y José Luis Ábalos tendrían que estar fuera del Gobierno y del PSOE desde que firmaron aquel manifiesto. No se puede pretender ser de izquierdas, querer captar los votos del colectivo LGBT, llamarnos antes de las elecciones para que hagamos una reunión y luego sacar un manifiesto tránsfobo, no se puede. Hay que condenar todas las violencias y erradicarlas, y luego sentarse a hablar de verdad. Sin intereses y pensando en los derechos humanos, es decir, con que hicieran su trabajo nos valía”.

Estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la URJC

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