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Oficina del español, dígame

Estoy convencido de que la mejor forma de defender la unidad territorial es asegurando nuestro carácter plurinacional como uno de los valores más ricos y valiosos de esta España que nos hemos dado.

Toni Cantó, el conocido y prestigioso lingüista de la lengua de Cervantes, ha sido merecidamente recompensado por el trabajo de una vida con la recién creada Oficina del Español, que tiene como objetivo la difusión de este activo cultural, social y económico que compartimos 600 millones de personas, y así hacer de Madrid la capital del español en Europa.  

Este es el nuevo esperpento con el que nos ha deleitado la presidenta de la Comunidad (Libre) de Madrid, y que, además de ser un regalo a Cantó por los servicios prestados, es una continuación de su apuesta discursiva por el nacionalismo madrileño, porque, al parecer, es necesario proteger el español propio de Madriz: sin acento, laísta y pichi. Si no estoy mal informado, ya tenemos un organismo de prestigio que realiza la misma función en todo el mundo llamado Instituto Cervantes. Aunque claro, como lo dirige el comunista de Luis García Montero, es un chiringuito ideológico que incumple su función.  

 
En fin, bromas aparte, aquellos que hayan leído alguno de mis artículos sabrán que soy muy crítico con los nacionalismos (sí, en plural) tribalistas tan de moda actualmente, y reflexionar sobre cómo desmontar sus mecanismos excluyentes se ha convertido en una de mis grandes obsesiones. Algunos piensan que la forma de combatir el nacionalismo es siendo nacionalistas (independentistas catalanes vs. los autodenominados constitucionalistas), pero, en el fondo, no es más que una guerra irracional por la hegemonía identitaria, basada en la manipulación de la historia, de la cultura o del idioma en aras de instaurar un relato y un sentido común mayoritario.

Tras la resaca de los indultos a los presos independentistas, parece que entramos en un escenario más pausado y distendido (y mucho más complejo), algo impensable hace un par de años atrás, lo que sin duda es una buena noticia. Ahora solo queda entenderse. Ahí es nada. 

 
Las actitudes excluyentes pretenden evitar el entendimiento entre iguales, creando la falsa ilusión de que existe una diferencia incuestionable entre dos sujetos que impide la posibilidad de un clima fraternal. Y es que “hablando se entiende la gente”, y, a poder ser, en el mismo idioma. ¡Qué obviedad! ¿no? Pues es fácil ver cómo los nacionalistas catalanes evitan a toda costa el castellano en sus intervenciones a la vez que los constitucionalistas evitan el catalán en el mismo contexto. Es esto a lo que me refería, es una pugna por polarizar y dividir, instrumentalizando dos lenguas que no tendrían por qué ser excluyentes y que están reconocidas en la Constitución.

Como español de la meseta, siempre he envidiado a mis compatriotas vascos, gallegos, catalanes, valencianos, mallorquines y demás por ser bilingües al nacer o criarse en estos territorios. Ahora que parece necesario proteger la lengua española, creo que sería conveniente que los españoles conozcamos todas las lenguas españolas, incluyendo en el programa educativo la posibilidad de aprender las lenguas cooficiales del Estado en todas las provincias. Un extremeño hablando catalán, una soriana hablando gallego o un gallego hablando euskera: ¿no sería fantástico? Aunque suene a chiste malo, resultaría enormemente enriquecedor para nuestra sociedad, y, sobre todo, sería la mejor forma de garantizar la unidad de España. No se trata de arrinconar o imponer, sino de compartir conocimiento, cultura y diálogo. No parece que ni las manifestaciones de Colón ni las desafortunadas cargas policiales estén reforzando la unión, más bien todo lo contrario.  

 
El franquismo sociológico que representa la derecha democrática tiene muchos tabúes, y la plurinacionalidad de España es probablemente uno de los más grandes. Somos el tercer país (después de Alemania y Suiza) con un mayor nivel de descentralización de sus regiones subestatales del mundo según el Índice de Autoridad Regional (RAI) realizado por la Universidad de Oxford con los últimos datos disponibles (2016). Y a pesar de esto, los dos principales partidos de la oposición se niegan a aceptar el carácter cuasi-federal y heterogéneo del país que tanto aman y el que se supone que pretenden gobernar. Estoy convencido de que la mejor forma de defender la unidad territorial es asegurando nuestro carácter plurinacional como uno de los valores más ricos y valiosos de esta España que nos hemos dado.

Al nacionalismo no se le combate con nacionalismo, sino con patriotismo, con la voluntad de crear un país más inclusivo capaz de recoger, proteger y valorar todas las sensibilidades de la ciudadanía. Es necesario desarrollar un modelo territorial donde impere la ética pública por encima de las posiciones polarizadas y excluyentes. 

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