Permanente incomprensión de España

Autor: Óscar Mari Prats

Tras el continuo éxito de España invertebrada quince años después de su publicación, Ortega y Gasset se afanó a realizar un prólogo a la cuarta edición en el que, entre otros aspectos, trataba la cuestión relativa a la posible extemporaneidad de la obra. Más aún, apuntó que podría haberse tratado de una anticipación y que en un futuro sus páginas encontrarían su momento oportuno. Habiendo transcurrido cien años desde la publicación de la obra, parece que sus textos gozan de una sempiterna existencia puesto que, a día de hoy, sus postulados tienen igual o más vigencia que en su génesis.

Y es que se trata de una problemática perpetua desde la aparición de las primeras voces nacionalistas en España a principios del S.XX; con repetición de patrones y discursos a lo largo de los años hasta el punto de que es posible relacionar comportamientos políticos actuales con prácticas a evitar señaladas hace décadas.

En el proceso constituyente de 1978, se optó por la organización territorial en Comunidades Autónomas; dotadas de una serie de atribuciones en virtud del reparto de competencias establecido en el artículo 149 de la Constitución. La configuración de este modelo territorial obedece en buena medida a los postulados de Ortega y Gasset, cuya obra España invertebrada fue la más mencionada en los debates existentes durante el proceso constituyente en el Congreso.

Este autor defendía que, para combatir los particularismos que derivan en las causas nacionalistas, uno de los métodos a seguir es dotar a los distintos territorios de una cierta autonomía. De esta manera, al poder desarrollar sus aspectos regionales a través de la política autonómica, las aspiraciones secesionistas tienden a verse disminuidas.

La Constitución española, en su Título VIII, recoge esta forma de organización territorial. No obstante, no son pocas las voces que, ante los nuevos desafíos que implican los nacionalismos, claman por reducir el marco de competencias de las distintas Comunidades Autónomas. Como si un mayor centralismo fuera a solucionar las reivindicaciones de los distintos territorios, cuando en el fondo, no es un método adecuado para integrar a las regiones nacionalistas puesto que ello solo conduce al efecto contrario: el aumento de los particularismos al no poder desarrollar su identidad territorial en el marco estatal.

En la actualidad, el conflicto catalán, si bien eclipsado por la crisis sanitaria este último año, ha alcanzado su punto más crítico desde la promulgación de la Constitución española de 1978. Ante este escenario, ha de entenderse que al sector independentista catalán se le ha de integrar, no meramente combatir. La estabilidad y vocación de futuro de un Estado no puede recaer exclusivamente en la represión e imposición. Como señala Gasset, requiere de un proyecto de vida en común.

En la construcción histórica del Estado español, la unión de Castilla y Aragón encuentra su causa en las aspiraciones internacionales de ambos reinos; como si de una fusión de empresas se tratara. Tras alcanzar su máxima expansión territorial, España se ha ido desintegrando progresivamente; comenzando por los territorios periféricos, siendo tras la pérdida de las colonias de ultramar que surgen los primeros clamores independentistas en el territorio español. El proyecto de vida en común ha ido perdiendo fuerza progresivamente.

Aún así, con la Transición española, los distintos territorios lograron encontrar un elemento que les uniera de nuevo; un proyecto de vida común: la democratización del Estado español, la construcción de un Estado Social y Democrático de Derecho.
Tras más de 40 años desde su promulgación, el proyecto español ha ido perdiendo atractivo de nuevo produciéndose una escalada del nacionalismo catalán. Investigar las causas de esta pérdida de atractivo no es objeto de este artículo. Ahora solo cabe comprender que la forma a través de la cual se puede sostener España con todas sus unidades territoriales es convenciendo a cada una de ellas de las ventajas de construir un futuro de manera conjunta. La fuerza legítima del Estado, de forma única, no es remedio a largo plazo. El Estado de Derecho, ante actuaciones unilaterales, debe ir unido de la persuasión; siendo este último aspecto el más relevante. Lo contrario solo es generar más independentismo puesto que ni se convence ni se puede negar la antipatía que genera la mera represión estatal. El verdadero nacionalismo español no puede pasar por llevar una bandera de España y mostrar una postura agresiva frente a una parte de la sociedad que no quiere pertenecer más a España. El verdadero nacionalismo español debe convencer al independentismo catalán de que existe un proyecto de vida en común.

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