¿Política en el Trap español?

Autor: Guillermo Bustos

Existe una cualidad sumamente agobiante en aquellos a los que nos apasiona la política y es que tendemos a observarla en cada detalle de nuestra cotidianeidad: el IVA en la compra de una camiseta, el bozal de un perro catalogado como potencialmente peligroso (por políticos y legisladores), una señal de velocidad… y en otros muchos rincones donde ésta, probablemente, no exista. 

Uno de los mayores pilares de los jóvenes tradicionalmente ha sido la música, la cual nos ayudó a avanzar en nuestro día a día en momentos en mitad de una pandemia que ponía en jaque el grueso de nuestras vías de socialización así como de nuestra forma de vida, por ello, las continuas noches escuchando artistas de la escena urbana como Yung Beef, C.Tangana, Sticky M.A, Cecilio G, Bad Gyal o La Zowi me hizo volver a encontrarme, otra vez, con la “dichosa” política.

En 2018, justo antes del Primavera Sound de ese mismo verano, en una Press Conference con Bad Gyal, C. Tangana y Yung Beef se produjo una discusión entre estos dos últimos acerca del modelo de negocio que debían de llevar los artistas en la industria musical. C.Tangana acababa de firmar recientemente un contrato con Sony, sello musical con el cual también había firmado anteriormente Yung Beef con el grupo los PXXR GVNG para finalmente rescindir dicho contrato por falta de independencia para producir su música y terminar montando su propio sello, La Vendición Records. 

En este punto, se produce un beef en la canción de C.Tangana “El Rey soy yo” en la que dice: “si yo hablo Sony ficha a Fernandito (Yung Beef)”

Durante la rueda de prensa se habló de temas estrictamente políticos como, por ejemplo, la democracia representativa. De los tres artistas presentes el que proporcionó su visión de forma más clarividente fue Pucho, criticándola duramente al considerarla el artista como un “robo” debido a que ninguna persona debería de delegar en otra funciones que puede ejercer por sí misma; esta visión política y económica entronca con las perspectivas de la escuela austriaca en los términos de adelgazar el número de representantes para poseer una mayor libertad de actuación tanto social como económica bajo el paraguas del mercado (entendido éste como una institución  intrínseca a la naturaleza humana, para esta escuela el mercado prevalece sobre el Estado de forma continua a lo largo de la historia de forma iusnaturalista). 

En torno al modelo de negocio, aparecieron continuas referencias a sus respectivas posiciones política, Yung Beef apostaba por la sindicalización de los artistas de la escena bajo un sello abierto frente a los gigantes musicales como Sony o Warner Music para adquirir una libertad total en la producción musical frente a los filtros que estas marcas les imponen bajo la ley de la oferta y la demanda, mientras que C.Tangana apostaba por introducirse en los grandes sellos musicales para abrir el mercado y facilitar a pequeños artistas a ascender hasta una mayor visibilización del trap o la escena urbana dentro de la masa total del mercado, es decir, sobreponerse a otros estilos musicales predominantes en España de la mano de las multinacionales, lo que generaría una mayor demanda de este estilo musical entre la sociedad que obligaría a las grandes firmas a aumentar la oferta introduciendo un número mayor de artistas de dicho perfil entre sus filas. Bad Gyal mientras tanto parecía ocupar el centro político, otorgándole parte de razón a ambos artistas en el debate.

El filósofo Ernesto Castro teorizó este debate como la dialéctica entre apocalípticos (Yung Beef aleja la escena urbana de la cultura de masas promovida por sellos como Sony) e integrados (C. Tangana quiere abrir la veda dentro de las grandes multinacionales para jugar en igualdad de condiciones frente a otros géneros musicales) expuesta por Umberto Eco en su libro de 1964.

A partir de aquí se produce una explosión del beef entre ambos artistas. C. Tangana lanza “Forfri” bajo su antiguo nombre Crema, cuando el artista trabajaba con su grupo Agorazein bajo unas reglas similares a las que propone Yung Beef (un sello propio que únicamente esté ligado a una distribuidora musical); en esta canción encontramos:

“No eres el primero, Beef, yo ya tuve un sello aquí
mientras Sony te chuleaba lo subías free
AGZ la industria que yo conocí…
…Dios bendígame a la Vendición,
pa´ que no mueran de tos de inanición
consígueles un contrato mejor
deja de vender que le haces un favor.”

Además C. Tangana vende 1.000 camisetas a 20 euros con la cara de Yung Beef caricaturizada como el Ché Guevara intentando simbolizar las dinámicas del capitalismo y cómo éste termina mercantilizando y convirtiendo en un producto financiero cualquier actor social, incluidos los que luchan contra él. El Ché, aquel icónico guerrillero argentino que fue a hacer la revolución por su cuenta a África tras el triunfo castrista en Cuba, termina siendo en esencia una marca capitalista de merchandising tras su muerte. Las relaciones capitalistas, en términos éticos y laborales, se ha inoculado dentro de nuestras sociedades a tal grado que cualquier militante anticapitalista tiene mayor facilidad para adquirir el Manifiesto Comunista por Amazon antes que por una librería de barrio.

Yung Beef por su parte lanza “I feel like Kim” en la que se hace eco de un carácter más “underground” sobre las propias raíces del trap y su carácter comunitario entre las clases subalternas: 

“Mis goonies tos´ brillan, están tos´ contentos
Fui pa´ tu concierto, tus goonies hambrientos
He firmao´ con la calle, drugdealer…
…lo quieres to para ti, eso no puede ser,
Yo lo hago pa´ la calle, klk”

Lo que nos mostraron C.Tangana y Yung Beef en 2018 era el preludio de lo que pasaría posteriormente en la industria del Trap. Dos formas de observar la vida: sobre el individuo o sobre la comunidad. Dos modelos de negocio: expansivo o independiente. En definitiva, dos visiones políticas: anarcocapitalismo o comunitarismo. Actualmente estas dinámicas han dado sus frutos, Yung Beef se mantiene alejado del mainstream bajo una escenografía cada vez más underground y C.Tangana se ha montado en su último disco sobre la cultura castiza española de camisa abierta y café en vaso de caña.

Esto no es baladí, encontramos numerosas referencias en contra del significante del dinero en las letras de Yung Beef. En la Intro de Adromicfms 4 su letra dice:

“me entran fajos, no los quiero
somos los más duros en la calle, bitch, La Vendición…
mi mamá me dijo el alma no la vendas…
… mi mamá me dijo fuck the major,
tú no eres como ellos,
móntate tu sello pa´ la calle y los camellos”

En su colaboración con $kyhook “Aderrall”:

“sólo es dinero baby, no te creas que es un progreso”

En la canción “No es por el dinero” de Takers:

“Y mama, que no es por el dinero, porque con eso no se cura la penica que tenemos
Y mama, que no es por el orgullo, que es pa’ decirle a mi hijo, ¿ves to esto? ahora es tuyo.” 

Esta es una constante que se mantiene en gran parte de las canciones de Trap, la diferenciación entre el alta y la baja cultura unidas por la transversalidad emancipadora del dinero y la calle en paralelo con la forma en la que sus artistas, de distintas procedencia social y económica, se insertan dentro de la escena. Una síntesis de ello la realiza Israel B. en su canción “Slum” con Marko Italia, en su letra se visibiliza la diferenciación y estratificación entre el estoicismo de las clases subalternas y la clase media aspiracional.

“Hemos crecido pensando sólo en hacer money…
Unos pa´comer, otros por querer ser Tony “

(En referencia al gángster cubano de la película de Brian de Palma “Scarface”, Tony Montana)

Otro de los temas más relevantes mediáticamente en nuestro país en torno al Trap ha sido su relación con el “empoderamiento femenino” de artistas como La Zowi o Bad Gyal. Encontramos aquí más allá de un empoderamiento en términos de género, un empoderamiento en términos de clase bajo fórmulas neoliberales fuertemente marcada por un individualismo hipermaterialista, es decir, no se busca una igualdad socio-económica inter-clases, sino un ascenso de la mujer hacia los privilegios burgueses diferenciados sobre ropa cara o bisutería de lujo. Esto se encuentra con claridad en la letra de “No lo ves” de La Zowi:

“Yo en la Gucci Store,
Tú en las rebajas de Guess…
…No lo ves,
estoy comprando en Serrano o es que no lo ves
la gente me ve pasar dice esa hoe quién es”

(En el videoclip se observan marcas de lujo y cadenas de oro mientras la artista come una langosta)

Bad Gyal explica en su entrevista con Ernesto Castro su visión sobre dicho tema alegando que molesta que una chica, tradicionalmente relegada a tareas secundarias de la vida social, diga abiertamente que quiere vestir Fendi o Balenciaga o tener sexo sin dependencia emocional en sus canciones. Esto puede adquirir diversos prismas, uno positivo, visibilizando en sus letras la emancipación y liberalización sexual de un género oprimido, y otro negativo, ya que la imagen que se proyecta es la de un estereotipo femenino hipersexualizado donde la CEO de una empresa está igual de empoderada que una limpiadora por vestir aros y unas TN en sus ratos libres. Otra de las consecuencias del Trap como género es la creación de un significante vacío en la palabra “puta” o “hoe”, que han trascendido de su condicionante negativo hacia la mujer para convertirse en una onomatopeya sobre el beat usado entre los dos géneros.

Por último, podemos encontrar referencias geopolíticas como “Libre, libre como un palestino… Free Palestina” en “Parental Advisories” de Yung Beef o una crítica al identitarismo racial en “Metallica” y a la mercantilización sexual de la mujer en las nuevas plataformas que enlaza con la teoría marxista valor-trabajo donde el trabajo únicamente aparece como una actividad dignificante cuando se cuantifica sobre la fuerza y tiempo de trabajo:

“El juego lleno ‘e puta’, OnlyFans
Groupie’ ass bitches sin ganas de trabajar”

“Yo creo en humano’, tú en raza”

No es que Yung Beef sea un adalid del comunitarismo ni C.Tangana un digno discípulo de Ayn Rand; si algo caracteriza al Trap es la heterogeneidad de los artistas en su relación con la cultura “de calle”, heterogeneidad que trasciende a sus letras, donde encontramos no pocas contradicciones. Una contradicción inherente a un estilo que, en última instancia, resulta de una forma de observar la realidad.

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