Jeffrey Epstein, la estafa piramidal de la violación

«Jeffrey Epstein: asquerosamente rico» ya armó revuelo tras su estreno en la cuarentena. Netflix había conseguido desenmarañar un amasijo de hilos y plasmar una de las historias de violaciones más complejas en tan solo cuatro capítulos. Accesible al público, la audiencia por fin puede resolver las interrogantes que se ciernen sobre Epstein, el violador en serie que consiguió mantenerse en la sombra gracias a su mejor aliado: el dinero.

Contar esta historia no era sencillo. Cuando uno piensa en un multimillonario se imagina una figura extravertida, famosa y que alardea ante la prensa de su fortuna. Sin embargo, a pesar de su patrimonio, Epstein prefirió mantener un perfil bajo: era una antítesis maquiavélica. De hecho, hasta que todo el entramado salió a la luz, nadie sabía con certeza cómo había conseguido amasar tal cantidad de dinero sin ser hijo de rico. Tampoco a qué se dedicaba, pero quizás la pregunta sin resolver más importante fuera: ¿Por qué a todo el mundo le sonaba su nombre, pero nadie sabía quién era?

La narración comienza con el testimonio de Vicky Ward, una periodista de Vanity Fair a la que su superior le encarga en el año 2003 una historia sobre el multimillonario. «Graydon Carter, entonces editor de la revista, me dijo: «Llevo oyendo hablar de este hombre, Jeffrey Epstein, durante años, pero nadie sabe nada de él»», explica Ward. «Era un reportaje de sociedad. Se suponía que no era más que eso». Sin embargo, la alarma no tardó en saltar: Ward había conseguido un chivatazo de que Epstein había molestado a una joven y abusado de su hermana, que era menor de edad. Para poder publicar la historia, Ward debía contrastar los hechos y llamó a Epstein. Durante la llamada telefónica, este se inventó su propia historia señalando a las víctimas como las culpables, diciendo que se habían encaprichado de él y que por eso lo acusaban. Pero el asunto no se quedó ahí. El criminal amenazó a Ward y Carter, lo que hizo que el editor dejara de querer publicar el testimonio de las chicas en su artículo. La columna terminó titulándose «El talento de Jeffrey Epstein» y alabando la fortuna del empresario.

Lo que Ward no sabía es que se había topado con un muro inquebrantable que cientos de mujeres antes habían tratado de derribar. Las jóvenes a las que había conocido no eran las únicas víctimas de Epstein, sino que este llevaba años abusando de chicas (muchas de ellas aún adolescentes) y silenciándolas gracias a su poder e influencia en todo tipo de espacios. Estrechar lazos con las altas esferas era su especialidad. Algunos de sus amigos más conocidos eran los expresidentes Donald Trump y Bill Clinton, el príncipe Andrés de Inglaterra, el exproductor de cine Harvey Weinstein y Alan Dershowitz, uno de los abogados del también criminal O. J. Simpson. Todos ellos fueron vistos con chicas con las que traficaba Epstein en su sistema piramidal de violaciones.

El documental navega por esta cloaca variopinta y profundiza en las experiencias de las víctimas tras las agresiones. Una narrativa amarga que eriza el vello y denuncia un problema que, si se ha podido perpetuar durante tanto tiempo, ha sido gracias al patriarcado. ¿Cuántos casos así tendremos que ver para tomarnos el machismo en serio?

Estudiante de Filología Inglesa en la UAM

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