Batallitas de un viaje a un país que no existe

Bueno, voy a contaros como fue una de las experiencias más traumáticas que viví durante mi Erasmus en Estambul el año pasado, porque ¿Visitar un país que no existe, con disputas territoriales con la Unión Europea y en medio de una pandemia mundial? ¿Qué puede salir mal?

Bien, pues todo empezó con un colapso mental un día cualquiera en la ciudad de las mezquitas y los Kebabs. Estaba viendo que los días se me pasaban y no estaba viajando a todos los lugares que yo quisiera (en fin, cosas del Covid), así que me puse a ver que destinos eran accesibles desde Estambul sin tener que someterme a ciertas restricciones y que además tuviera un precio asequible.

Tras estar sopesando varios destinos nada realistas para con la situación terminé encontrándome con la República Turca de Chipre del Norte (realmente el único destino al que las condiciones mundiales me permitían llegar sin pasar cuarentena o hacerme una PCR), que, para los que no lo conozcan, y ya me parecería raro quien sí lo hiciese, es un país que no tiene ningún tipo de reconocimiento internacional, es decir, no existe, y cuyo único Estado con el que mantiene relaciones es la República de Turquía, el cual, además, ha estado utilizándolo como excusa para enfrentarse con sus vecinos grecochipriotas por los hidrocarburos que hay en el entorno de la isla (y un montón de movidas étnicas más que son muy largas de contar) así que pensé: “Bueno, viajo a la parte turca de la isla, veo un poco como es y me cruzo al lado griego, me alquilo un coche y veo la isla en una semanita” ¿Qué podía salir mal?.

Pero, según se acercaba la fecha del vuelo, la situación epidemiológica en Turquía se empezaba a poner cada vez más fea, así que, sus amigos turcochipriotas decidieron imponer una PCR obligatoria para todo aquel que aterrizase desde cualquier vuelo internacional (Turquía) y una pequeña cuarentena obligatoria que entraba en vigor el día que yo aterrizaba a las 12 de la noche para todo aquel que tuviera pensado pasar más de tres días en el país, por lo que pensé que, cruzando al lado europeo me libraba de ella, pista: ERROR. En cualquier caso, mi problema ya antes de despegar se debatía entre, o cancelar el vuelo y perder unos 15€ al cambio en la penalización del billete, o bien, utilizar esas mismas 150 Liras para pagar el precio de la PCR, así que dije, “Pues pa’ alante”. Y allí me planté yo, en el aeropuerto de Sabinha Gökcen con mi mochilita y toda la inocencia del mundo para hacerme la PCR antes de despegar.

Una vez me hice los test y me dieron los resultados, me tocó pasar los controles de seguridad, pero, en lugar de cruzar los controles domésticos, me toco cruzar la frontera como si fuera un vuelo internacional (al fin y al cabo, la República Turca de Chipre del Norte es un Estado al cual Turquía reconoce como independiente) así que yo estaba fascinadísimo con la oficialidad del asunto ya que, como buen internacionalista, estaba al corriente de la historia de la isla y no me dejaba de hacer gracia la situación de todo aquello. Después de pasar todos los controles, emocionarme un rato y embarcar, me hicieron rellenar una serie de formularios con todos mis datos durante el vuelo: nombre, número de pasaporte, lugar de alojamiento etc, el cual, una vez en la RTCN debería entregar en la frontera, en fin, hasta ahí nada me parecía más raro que estar volando hacia un país que no existe por el módico precio de 400 Liras Turcas.

Así que, 2 horitas después de despegar, allí llegue yo, al aeropuerto “Internacional” de Ercan, a unos 10 kilometrillos de Lefkosha, la Nicosia turca, y es que, para quien no lo sepa, eso de que las ciudades estén divididas por un muro es algo más común de lo que nos pensamos. Anyway, allí estaba yo en tierras chipriotas, con mi papelito y todas las ganas de arreglar todos los asuntos que tenía pendientes para poder ponerme a recorrer cuanto antes, hasta que de repente veo que, la mitad del avión está cruzando los controles de pasaporte y la otra mitad está esperando en una fila a hacerse una prueba PCR y digo yo “No puede ser, será porque no se la hicieron antes de salir, yo con la mía ya podré pasar” hasta que llego a una oficial de aduanas (la única que hablaba en ingles en todo el aeropuerto) y me dice que no, que yo me tengo que hacer una prueba más y que los únicos que podían pasar eran los habitantes de la isla y digo yo: “Bueno, no pasa nada, me la hago, doy negativo y tirando” así que nada, me hago la PCR otra vez, vuelvo a llegar a la misma oficial y ya ahí me pide todos los datos de nuevo: pasaporte, el formulario del vuelo, la PCR y los billetes de ida y vuelta. A esto que me empieza a preguntar que donde me voy a quedar, que voy a hacer en el isla y todo eso (porque claro ¿Quién coño entra en ese puto país?) y bueno, le empiezo a contar mis planes de pasar un día en el lado norte, cruzar a la parte europea de la isla, por lo que no estaría en su país demasiado tiempo, y alquilar un coche y tal; y va y me dice: “No no, que no puedes cruzar al lado griego (que luego os contaré la parte graciosa de esto) porque las fronteras están cerradas”, las cuales llevaban cerradas desde que los barquitos griegos y franceses casi bombardean a los barquitos turcos por un pequeño rifi-rafe entre todos, en fin, una risa; y ya ahí se me cayó todo el plan, pero pensé: “No pasa nada, no cruzo a Chipre pero hago los mismos planes en la parte norte, alquilo un coche voy por la isla, duermo dentro y tal” y a esto que se da cuenta de la fecha de vuelta de mi billete y me dice: “oye, que como es que no tienes un hotel, tienes que hacer una cuarentena de 1 semana” y yo ahí acojonado diciéndole “No puede ser, esa norma no entra en vigor hasta mañana, no me podéis hacer esto blablablá”. Para ese momento ya me había quedado solo porque el resto de los pasajeros del avión ya habían cruzado al otro lado mientras yo me había quedado discutiendo con la agente en la frontera y tenía a toda la seguridad del aeropuerto nada más que pendientes de a ver que iba a pasar conmigo. Finalmente la mujer me dejó 3 opciones: volverme deportado para Estambul, hacer una cuarentena de 1 semana en un hotel y pagármelo yo o bien comprarme un billete para un día antes y cruzar la frontera (porque si la estadía era inferior a 3 días me libraba de la cuarentena obligatoria) así que como pensé que, como ya había llegado hasta ahí merecía la pena quedarme, así que me compré el billete y ya me dejaron pasar.

Una vez ya solucionado el problema en la frontera me montan en un autobús y digo, bueno me llevarán para Lefkosha ya que todo el mundo que venía en mi vuelo se había montado ahí, pero después de un ratillo en bus veo que vamos dejando la ciudad de lado, y que nos vamos metiendo en el campo hasta que de repente llegamos a un hotel bastante alejado de todo. De nuevo me tocó averiguar qué era lo que estaba pasando hasta que me di cuenta de que estaban metiendo a mitad de la gente a hacer cuarentena y a la otra mitad se la estaban llevando a un salón, así que me puse a hacerme un poco el tonto a ver si me podía escaquear de que me metieran en el hotel hasta que me agarra el encargado del procedimiento y me dice, vale, vente para acá que te tienes que esperar a los resultados del test y luego ya te puedes ir. Total, que me llevan al comedor del hotel para quedarme junto con otras 4 o 5 personas más durante unas 5 horas sin hacer nada. Fue estando en ese salón cuando me di cuenta de que había ciertas cosas que yo me esperaba que funcionasen de una manera y no eran así, y es que, aunque la moneda nacional de la República Turca de Chipre del Norte fuese la Lira Turca, las compañías de teléfonos (pese a ser turcas) me reconocían como país extranjero, de la misma forma ocurría con los bancos, todas las entidades eran turcas pero la retirada  de dinero la reconocían como internacional y así con un montón de cosas más; así pues, mi línea de teléfono turca no me daba servicio el banco me cobraba comisión… etcétera, etcétera, etcétera. Todo un desastre.

Ilustración 1: Mapa de las divisiones de la isla.

Como el tiempo iba pasando y yo no podía hacer nada al respecto pensé que ya se me estaba echando la noche encima y que quizás lo mejor sería pasar la noche en un hotelillo y ya solucionar todo lo demás al día siguiente. Aunque realmente el principal problema en ese momento era conseguir llegar de vuelta a Lefkosha. Ya una vez me dieron los resultados del test (Negativo, menos mal) y como estábamos en medio del campo, pues yo me puse a andar al lado de la carretera caminito a la ciudad, hasta que, menos mal, uno de los chavales que estaba allí pasando los mismos procedimientos que yo me vio y me preguntó si quería que me ayudase a llegar hasta la ciudad ya que le había ido a buscar su novia en coche. Así que así conseguí llegar yo a la capital del pequeño país, en un Toyota blanco con dos turcos flipando más que yo de que estuviera allí.

Ilustración 2: Mapa de la ciudad de Nicossia/Lefkosha Partida en dos.

Así que allí me planté yo, en el centro de Lefkosha viendo como todos los comercios (de la única calle comercial que había) estaban cerrados a las 7 de la tarde, y como tampoco había ningún hotel allí porque, que turista va querer quedarse allí a pasar unas vacaciones… de cualquier forma, con todas mis nulas opciones y después de agobiarme un buen rato dando vueltas, me encontré con un hostalillo en el que, después de regatear el precio de la habitación (allí se regatea todo), me pude quedar a pasar lo que en un principio iba a ser una noche. Después de darme una duchita y relajarme después de todo lo que había pasado en el día, salí a lo que era una zona común del hotel, donde el gerente y un amigo suyo se estaban fumando una cachimba viendo novelas turcas para que me contaran un poco como iba la vida por allí y explicarles mis planes, y así fue como, gracias a dos señores muy simpáticos, se me terminó de caer todo el plan. Resulta que, como la isla fue colonia inglesa hasta 1960, pues en toda la isla se conduce al revés y necesitaba el carnet internacional para alquilar cualquier cosa (el cual, sorpresa, no me había sacado). Después de hablar un ratillo con el señor y tal, al final llegamos a un acuerdo sobre el supuesto coche del hotel: él iba a conducir por mí y me iba a llevar por donde yo le dijese y le pagaba lo que costase un alquiler normal, porque según él, era el chofer del hotel y ese era su trabajo (Mis cojones).

Así que nada, al día siguiente me levanté tempranito y nos pusimos a dar vueltas por la islita. La verdad es que fue un día bastante tranquilo y no me pasaron muchas cosas, pero fue como una pequeña toma de contacto que me sirvió para empezar a descubrir todas las particularidades de ese país que no existe. Le pedí que me dejara conducir un rato en un coche “inglés” (lo cual es toda una experiencia) y empecé a ver todo lo demás. Resulta que la devoción turca por el señor Atatürk es compartida por los vecinos isleños de Chipre, y empecé a encontrarme con cómo, de la nada, aparecían construcciones en medio del campo con la cara del padre de todos los turcos y cosas por el estilo. También vi, hasta qué punto, el país es un protectorado turco, y es que, había bases militares turcas prácticamente cada 2 kilómetros, por no hablar de las infraestructuras militares que hay en la propia capital y de las cuales hablaré luego; el caso es que, la masificación militar turca es tal, que 1 de cada 3 habitantes de la parte norte de la isla (que tiene como unos 300.000 habitantes en total) es un militar turco, y cuya economía depende casi enteramente de las subvenciones del ejército. Otra cosilla graciosa fue ver como intentaban potenciar el turismo de la isla con los turistas turcos, y como había anuncios de hoteles y parques acuáticos por toda la isla… pero claro, un resort al lado de un campo de maniobras no vende mucho, así que el resto de la isla es bastante decadente.

Ilustración 3: Estatua de Atatürk en Girne.

Ya el día siguiente, fue algo más interesante que el anterior, fuimos a Gizamaguza, la segunda “ciudad”/pueblo del país, utilizando la única autopista que tienen en el norte, y ya allí pude ver los restos de las luchas que había habido entre turcochipriotas y grecochipriotas antes de la división de la isla. Había bastantes memoriales acusando a los chipriotas del sur de la masacre que habían sufrido y un montón de monumentos intentando “hacer patria” a costa de la antigua guerra. Para el que no lo conozca, la isla, como comentaba anteriormente, fue colonia inglesa hasta 1960, año tras el cual decidieron fundar un país independiente para no enfadar a griegos ni a turcos (lasa dos etnias fundamentales de la isla) pero solo tardaron 6 años hasta que comenzaron a masacrarse los unos a los otros tras unas elecciones un poco discutidas. Fue en ese momento cuando la dictadura militar griega decidió tomar cartas en el asunto y comenzó a institucionalizar las limpiezas étnicas, hecho que invitó a tomar acción al régimen turco, el cual decidió ocupar la parte norte de la isla para defender a sus ciudadanos partiendo la isla definitivamente en dos… pero como lo más importante en esta vida es la superioridad moral, desde el lado sur (con clara influencia griega y, de hecho miembro de la Unión) siguen reclamando la parte norte como territorio ocupado y aseguran ser los únicos valedores de la multiculturalidad de la isla, de hecho, el idioma oficial del sur (donde solo hay griegos, al igual que en el norte solo hay turcos) es tanto el griego como el turco.

Estos conflictos étnicos invitaron a las Naciones Unidas a darse una vuelta por la isla y han hecho que, incluso hoy en día, haya una misión de paz de los cascos azules y tenga que haber unas fronteras vigiladas y zonas en terreno de nadie sobre las cuales comentaré algo más tarde. El caso es que, ninguna de las dos partes parece llevarse demasiado bien ni tener demasiado aprecio por sus vecinos, eso sí, todos son orgullosos chipriotas que reclaman ser ellos los verdaderos habitantes de la isla. Así es como, tal y como os comentaba anteriormente, los ciudadanos turcos del norte nunca se refieren al lado sur como “Chipre” nombre oficial del país, sino como “el lado griego” y cosas por el estilo… de hecho, tal es el cariño que se tienen entre ellos que en una de las laderas de las montañas del lado norte de la isla hay una bandera gigante de la RTCN para que la vean día y noche desde el sur (si, noche también, ya que la tienen iluminada). Cuadro de texto: Ilustración 4 Bandera de RTCN en ladera de Montaña

Ilustración 4: Bandera de la RTCN en una la ladera de una montaña próxima a la línea verde

El caso es que, ya en Gizamaguza me di un paseíllo por el pueblo mientras iba mirando los comercios y los típicos puestecillos de venta ambulante por la calle hasta que me encontré con una furgoneta de las Naciones Unidas, algo que, para ser sinceros, me dejó bastante impresionado ya que no es una cosa que veas en tu vida cotidiana la verdad; así que me quedé un rato mirando la furgoneta (blanca y hecha mierda) un rato largo fascinadísimo hasta que, de repente, veo llegar a dos militares que se iban a subir en ella. Efectivamente, eran dos putos cascos azules. Los dos eran muy rubios y con los ojos azules así que pensé que eran rusos o alemanes o algo de eso, y como había un coche que no les dejaba salir les dije algo (que la verdad no me acuerdo que) y me di cuenta de que eran Argentinos, así que ahí me puse a hablar con ellos y me estuvieron contando que si llevaban allí no sé cuantos meses de misión y blablablá, hasta que va el notas y me pregunta “¿Vos estás destinado acá?” y yo diciéndole que no y que vivía en Estambul que era estudiante y tal, lo cual pareció acabar bastante con la conversación, pero bueno, fue una conversación graciosa, no todos los días hablas con un casco azul en misión oficial.

Ilustración 5: Puesto de Comida ambulante

Ilustración 6: Furgoneta de las Naciones Unidas

Así que nada, después de eso me puse a terminar de dar la vuelta por el pueblo y fui dándome cuenta de todas las cosas que habían cambiado desde la guerra, porque, la verdad es que se veía todo bastante reciente y ahí fue cuando me di cuenta de la cosa más fascinante y cutre de todas: habían reconvertido la catedral del pueblo en mezquita, pero es que, era tan cutre, que solamente se habían dignado en cambiar el campanario por un minarete, como si llevase así toda la vida… en fin, cosas turcas. Eso, junto con bombardear el resto de iglesias y dejarlas en ruinas hacen que todo suene como si me hubiera metido en Vietnam, pero es que en realidad era un sitio con mucha vidilla en las calles y con gente tocando la guitarra en los bares, como si no fuese aquello un pedazo de tierra ocupado vaya.

Ilustración 7: Mezquita de Gizamaguza tras la toma de la antigua catedral

Ilustración 8: Interior de la Mezquita

Después del paseíto por Gizamaguza y una ciudad griega en ruinas enorme que había bastante cerca de la ciudad ahí en medio del campo, mi querido chofer decidió que estaba cansado y que se quería volver ya para su casa, y después de discutir un rato largo con él me tuve que volver. Así que nada, como aún era pronto y no tenía que hacer me puse a dar un paseíto por una zona de la ciudad por la que no había pasado antes y que, para sorpresa mía, era la zona pijita de la ciudad, así que fui pasando por la embajada turca en Chipre del Norte, la casa del gobernador y resto de edificios de la administración del país… y comenzaron a aparecer comercios así más capitalistas (por llamarlos de alguna forma, porque todo lo que había por el centro era en plan artesano) y vi cómo, al no estar reconocidos pues había comercios que no se podían establecer allí, pero ¿Para que queremos un KFC si podemos tener el North Fried Chiken? Y kilómetro y medio más lleno de cosas por el estilo.

Ilustración 9: Ejemplos de restaurantes imitados

Ilustración 10: Ejemplos de restaurantes imitados.

Después de entrar en varias tiendecitas y echar un rato largo mirando las cosas que había por allí me fui a cenar a un Burguer King, si, un Burguer King, a los cuales parece que el Derecho Internacional les da un poco igual y no les parecía mala idea establecerse allí. El caso es que, mientras estaba ahí comiéndome la hamburguesa con mi King fusión, vi que se estaba liando bastante jaleo en la calle y estaba empezando a venir bastante policía, así que me acabé las patatas y me metí entre toda la gente para ver que estaba pasando, hasta que me topé con un chaval del Partido Socialista de Chipre del Norte y me lo terminó de explicar todo bien. El resumen de todo lo que me contó sería más bien este: Manifestación izquierdista, pacifista y no unionista. Y es que estaban allí todos los partidos de izquierdas del lado norte, los socialistas, socialdemócratas, los comunistas, los verdes… protestando contra el lado griego porque según ellos “les odiaban” (la verdad que no se me ocurre porque) y estaban pidiendo que dejasen de amenazarles desde el lado sur, que les abrieran la frontera y que respetasen su soberanía porque ellos también tenían derecho a vivir en la isla y aun así no se querían unir a ellos. Así que me quedé hasta el final de la manifestación acompañándoles un ratito hasta que conseguí robarme la bandera de uno de los partidos de allí, que hoy en día guardo en mi habitación como un tremendo tesoro-souvenir. Una vez terminó, me quedé dando un minipaseíto un poco desorientado por los alrededores del centro y la zona de murallas otomanas hasta toparme con zonas militares (en plena capital) que parecían escenas sacadas del call of duty, y es que, viendo que no tienen demasiados recursos, la iluminación de las calles por las noches brilla por su ausencia, dándole a todo un ambiente bastante tétrico, así que ya ahí decidí que era hora de irme para la camita y ya terminar de dar mi paseo al día siguiente.

Ilustración 11: Puesto de Control Militar en un parque céntrico de Lefkosha

Día 3 de 3, tocaba levantarse temprano para terminar de ver bien Lefkosha, ya que solo la había visto de noche y no me apetecía quedarme con una mala impresión de la ciudad, además de que tenía el vuelo a media tarde. Por lo que salí y me puse a andar hasta llegar a entender de que era que tanto se quejaban en la manifestación el día de antes, y es que, Lefkosha es la ciudad más desierta que he visto nunca, me imagino que de normal sería un pueblecito bastante tranquilo y paseable, con gente y turistas en las terrazas y dando una vuelta procedentes desde el lado sur, que es desde donde puede proceder realmente un mayor número de turistas, pero se ve que el cierre de las fronteras les había hecho bastante daño. Me dio para investigar bien la zona de frontera, ver las puertas cerradas del muro y los guardias que las estaban custodiando, recorrer el muro viendo la zona de la ciudad que es terreno de nadie y todo lleno de balazos y como junto a ello se asentaban unas típicas casitas de pueblo mediterráneo como si no pasase nada y salir un poco por la zona de los muros de otomanos de la ciudad y su foso viendo como era todo un pueblo tan normal que podría estar en cualquier otro país del sur de Europa. Una vez terminado el paseíto cultural decidí sentarme en la terraza de uno de los pocos bares abiertos que había junto al mercado para cerrar el viaje de la mejor manera posible, con un buen desayuno turco y un buen Çai.

Ilustración 12: Muro divisorio de la ciudad de Lefkosha

Ilustración 12: Pared Ametrallada en la zona verde entre ambas ciudades

Ilustración 13: Çai, típico té turco.

Estudiante de Relaciones Internacionales de la URJC

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