Jugar en modo fácil o difícil

Tribuna: Game Over. La búsqueda de la identidad gamer

Emma Salvador Horcajada

Desde que el juego es juego, han existido los jugadores hardcore -aquellos que buscan una experiencia más exigente a nivel técnico para disfrutar de los videojuegos-. Está en la naturaleza del juego ofrecer un campo de entrenamiento, en el que el nivel de dificultad sí que importa, pues el mundo nos ha enseñado que aquel que supera el reto más difícil, es el mejor.

Con el paso de los años, esta idea se ha consolidado dentro de la comunidad gaming, elevando a los jugadores hardcore hasta la cúspide de la jerarquía de los videojugadores. Actualmente, casi todos los juegos del mercado cuentan con modalidades difíciles o muy difíciles, enfocadas a esa búsqueda de la excelencia técnica de este tipo de jugadores. Esta tendencia los conduce a pensar que, cuanto más difícil es la experiencia, no solo van a obtener una mayor satisfacción, sino que también tendrán un mayor reconocimiento. Si juegas al “Dark Souls” siete veces y consigues derrotar al jefe final en la modalidad más difícil, te alabarán como a un Dios encarnado.

Ah, pero he aquí donde surge nuestra problemática, de la mano de los grandes olvidados: aquellos que eligen disfrutar de su experiencia en las modalidades fácil o muy fácil. Sí, existen, pero no se dejan ver tan fácilmente. Son tímidos, reservados y silenciosos. Actúan allí donde el foco de la industria no llega. Allí donde tener una casa preciosa y una bonita granja en “Minecraft” son sinónimo de disfrute. Allí donde las historias más humanas, de la mano de las acuarelas de Gris o acompañando a los androides en el “Detroit”, calan hasta lo más profundo. Allí donde tu mejor consola es la que llevas siempre contigo, guardada en tu bolsillo, con un universo de posibilidades a tu alcance, incluyendo la función olvidada de llamar a otros.

Como ya habréis imaginado, los jugadores hardcore no quieren saber nada de esta desconocida tipología de “jugador light”, ya que la brecha entre la naturaleza de sus identidades es demasiado grande para pasar desapercibida. Desde que los primeros jugadores light comenzaron a emerger de las sombras, ha surgido un intenso debate en el seno de la comunidad, complicando el proceso de sentar las bases de aquello que define la identidad, los requisitos y quehaceres del buen gamer. ¿Es menos aquel que juega en una modalidad fácil? ¿Es la capacidad de mover los dedos más rápido o de analizar una situación más compleja un símbolo de un mayor prestigio como videojugador? No, queridos jugadores, la respuesta debería ser no.

Los videojuegos tienen la capacidad de hacer que aquellos que los juegan vibren con lo que ven, hacen y sienten, independientemente de cual su habilidad. Los light, buscan conexiones que les permitan sumergirse de una manera más amable en las narrativas. Es por eso, que su identidad gamer no varía. Sencillamente, surge de una relación diferente con los videojuegos y la comunidad.Ya es tiempo de crear un espacio en el que aquellos que buscan una experiencia menos exigente puedan disfrutar libremente de aquello que les gusta y compartir esta pasión con la comunidad a la que pertenecen. Es tiempo de que los jugadores hardcore y los jugadores light se reconozcan mutuamente como parte de una comunidad rica y variada, que disfruta de los videojuegos, aceptando todas sus dimensiones y la belleza que entrañan las diferentes experiencias videolúdicas.

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