‘Red (Taylor’s Version)’ y la lucha de Taylor Swift que está cambiando la industria musical

Autor: Francisco Gámiz 

Cuando Taylor Swift publicó Red el 22 de octubre de 2012, nadie podía imaginar que, nueve años después, estuviéramos a punto de volver a vivir el lanzamiento de uno de los álbumes más aclamados de la última década. Pero la industria musical está cambiando. Y una de las artistas más influyentes y exitosas de nuestra generación se está encargando de que así sea.

“Siempre he dicho que el mundo es un lugar diferente para los que tienen el corazón roto”, comenzaba la carta que la cantante estadounidense publicaba en redes sociales el pasado 18 de junio, haciendo alusión a la temática principal de su cuarto trabajo discográfico. De esta manera, Swift anunciaba que el próximo álbum que lanzaría sería “su versión” de Red. “Imaginar tu futuro puede llevarte siempre a un desvío hacia el pasado”, añadía. Pero en su caso se trata de algo más que “imaginación”. Recuperar su legado pasa por regrabar toda su discografía; regrabarla, por volver a sus orígenes.

Sin embargo, ¿por qué una artista de la talla de Taylor Swift tendría que grabar de nuevo su música para recuperar su legado? Nos encontramos ante el último capítulo del movimiento más importante y arriesgado de su carrera: ser dueña de su trabajo. En una industria en la que los artistas no poseen los derechos de su música, la autora de folklore se ha propuesto cambiar las cosas. Y, pese a no tener nada a su favor, lo está consiguiendo.

Todo comenzó en 2005, cuando una joven de dieciséis años nacida en Pensilvania se paseaba por las discográficas de Nashville con una guitarra y un disco casero de canciones country. Por ella se acabaría interesando el recién nacido Big Machine Records, sello independiente con el que firmaría un contrato y publicaría sus seis primeros álbumes Taylor SwiftFearlessSpeak NowRed1989 y reputation—. Cuando ese contrato expiró en 2018, la compositora decidió firmar para Republic Records, sello con el que se aseguró de tener la propiedad de sus futuros discos. Pero para poseer los derechos de los anteriores ya era demasiado tarde.

La guerra estalló en el momento en que Scott Borchetta, fundador de Big Machine Records, vendió la discográfica a Scooter Braun, persona de la cual Swift había estado recibiendo un “incesante” y “manipulador acoso” durante años, según expresó en un comunicado a través de Tumblr en el verano de 2019. “Mereces ser dueño del arte que haces”, escribía la artista, con la esperanza de que aquellos jóvenes “con sueños musicales” que la estuvieran leyendo “aprendieran a protegerse mejor en una negociación”.

No obstante, el giro que se produce más tarde en la historia se debe a que el contrato firmado en 2005 posibilita a la cantante estadounidense volver a grabar su vieja música si así lo desea. Mientras que Braun poseía los derechos de las grabaciones de esos seis álbumes, Swift conservaba los derechos de composición por ser la autora de todas las canciones lo que le permite usar sus letras para lo que quiera sin necesitar el consentimiento de nadie—. A raíz de ahí, la tres veces ganadora del Grammy a Álbum del Año decide embarcarse en un proyecto que tiene en vilo a la industria musical desde el primer día.

Es poco habitual que un artista de la influencia de Swift esté dispuesto a cambiar el sistema actual, pero es el tipo de artista que realmente puede conseguirlo. De hecho, sus esfuerzos ya están dando sus frutos, teniendo un gran impacto en las generaciones emergentes. Un caso digno de mención sería el de Olivia Rodrigo, cantante que debutó este mismo año con Sour y que, desde entonces, no ha parado de cosechar éxitos. La autora de drivers license reveló en una entrevista para The Guardian que, “inspirada por la batalla de Swift”, se aseguró de ser la dueña de sus álbumes cuando firmó un contrato discográfico el año pasado.

Pero esta no es la primera vez que Swift se preocupa por los derechos de los artistas. Su música no ha estado disponible durante años en plataformas de streaming como Spotify debido a las malas condiciones que estas les ofrecen. Además, ya en 2015, la intérprete de Lover envió una carta a Apple Music para expresar su desacuerdo con que no los remuneraran por las canciones reproducidas en los tres meses del periodo de prueba. Su amenaza de eliminar 1989 de la aplicación fue más que suficiente para que Apple Music cambiara su política de pago al día siguiente. 

El lanzamiento de Red (Taylor’s Version), programado para mañana después de cinco meses de espera, vendrá acompañado del estreno de All Too Well (The Short Film), cortometraje que rendirá homenaje a una de las canciones más alabadas de la compositora. Este, protagonizado y dirigido por la misma Taylor Swift, contará también con la participación de los actores Sadie Sink y Dylan O’Brian. Sin embargo, no es la única de las sorpresas que tiene preparadas. El álbum contendrá nueve canciones nunca antes escuchadas, incluyendo colaboraciones con Phoebe Bridgers, Chris Stapleton, Mark Foster y Ed Sheeran.

Tras publicar Fearless (Taylor’s Version) el pasado 9 de abril, esta supone la segunda de las seis regrabaciones que tendrá que sacar en total la cantante. Y no solo sabemos que funcionará porque todo lo que toca la artista lo convierte en oro, sino porque ya lo hizo Fearless (Taylor’s Version) en su momento, llegando a ser el álbum con mayor debut de Estados Unidos desde su propio evermore y registrando la semana de ventas más grande para un álbum country de los últimos seis años. Incluso algunas canciones originales ya se han visto superadas en reproducciones por su respectiva regrabación, lo que acentúa aún más la victoria de Swift en su lucha por devaluarlas. 

Las consecuencias que a largo plazo tendrá esta batalla sin precedentes todavía están por ver, pero lo que ya es seguro es que la industria musical está cambiando. Que la causante de ese cambio sea Taylor Swift, artista que se está atreviendo a ir en contra del sistema impuesto por hombres blancos privilegiados con el que siempre la habían relacionado, es ya un primer triunfo. Y parece que no será el último.

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