‘Dónde estás, mundo bello’

la victoria definitiva de Sally Rooney

Autor: Francisco Gámiz

Desde la publicación de su primera novela, Sally Rooney ya estaba destinada a ser una de las narradoras más importantes de los últimos años. Conversaciones entre amigos fue aclamada universalmente por la crítica y todos la consideraron la autora del momento. Realmente lo era. Lo que le siguió con Gente normal fue aquella prueba a la que se someten las grandes estrellas: o te quedas o te vas. Pero Rooney no había llegado para irse tan pronto. Y con Gente normal lo demostró. Para algunos, la obra la terminó de consagrar como la voz de esta generación. Para otros, era uno de esos pocos fenómenos que llegan y que poco puedes hacer para frenarlos. Para mí, ninguna de las dos cosas.

No me malinterpreten: sabía perfectamente que el éxito de Rooney no era fortuito. Pero, cuando me sumergí en las páginas de Gente normal, creí estar leyendo una obra distinta a la que había leído el resto. Entendía por qué la autora había podido llamar la atención de la prensa, pues no se podía negar su capacidad de innovación. Pero, en mi opinión, en aquella novela había más bombo que calidad. Ahora que Rooney regresa a librerías, el torbellino que provoca también lo hace. Sin embargo, esta vez es diferente. Porque por fin aparece la autora que la prensa había tratado de vender antes siquiera de que existiera.

Tras el tremendo éxito de Gente normal, la nueva publicación de Rooney prometía convertirse en todo un evento dentro de la industria literaria. La apuesta en cuestión era Dónde estás, mundo bello, obra publicada en Estados Unidos y España simultáneamente el pasado mes de octubre. La historia nos presenta a Alice, Eileen, Felix y Simon, quienes han de hacer frente a los altibajos de la vida, incluyendo las relaciones entre ellos. Una vez más, Rooney repite la fórmula que tanto le ha funcionado en sus anteriores libros y se embarca en un viaje que desarrolla los sentimientos y la evolución de los personajes en un mundo difícil de lidiar. Volvemos a contar con el peculiar diálogo de la autora que no necesita de guiones, el humor ingenioso de los protagonistas y los interludios de sexo y reflexión que ya son un clásico en las obras de Rooney. Todo lo que ya caracterizaba su bibliografía, pero mejor que nunca.

De nuevo, estamos ante un libro de personajes. La trama se nutre única y exclusivamente de ellos, siguiéndolos en sus acertadas pero también equivocadas decisiones. La honestidad y autenticidad de Marianne y Connell en Gente normal vuelve a destacar en los protagonistas de Dónde estás, mundo bello, pero de una forma mucho más madura. Rooney es una experta en la elaboración de personajes, y los empapa de imperfecciones con las que es difícil que el lector no se sienta identificado. ¿Acaso no todos somos complejos a nuestra manera?

Por otro lado, gran parte de la magia de la obra se perdería sin los correos electrónicos que Alice y Eileen se intercambian para comunicarse. Al principio se me hizo raro que, mientras ambas se mensajeaban con otras personas a través de aplicaciones de mensajería instantánea, entre ellas sí que se escribieran correos electrónicos. No obstante, aprendes a amar esa parte de la historia. Dicho recurso, además, le permite a Rooney plasmar sobre el papel reflexiones más profundas sin que quede extraño ni fuera de lugar, como llega a suceder en Gente normal. La autora abarca desde el cambio climático y la pandemia hasta la hipocresía del mundo de la fama. “Si los novelistas escribiesen con sinceridad sobre sus propias vidas, nadie leería sus novelas. […] Igual entonces tendríamos que enfrentarnos al fin a lo errado, lo profundamente errado en términos filosóficos, que está el sistema actual de producción literaria”.

Sin embargo, el mensaje más importante que transmite la obra es el de luchar por seguir adelante. Pese a los problemas sociales que abundan en el mundo, pese a las guerras, la humanidad permanece. Se derribarán muros y se caerán castillos, pero seguimos viviendo de alguna forma. Siempre encontramos alguna excusa para querer hacerlo. Porque posiblemente no exista un mundo perfecto, pero ¿no es el pasar tiempo con la gente a la que quieres lo más cerca que estaremos de encontrar ese mundo bello?

Sally Rooney, con tres libros ya a sus espaldas, no ha hecho más que demostrar que domina el juego a la perfección. No creo que nos encontremos ante la voz de una generación. Tampoco ella ha pedido serlo. ¿Por qué lo haría? Cargarla con ese peso solo añade más presión a una autora que ya está en el punto de mira por el resto de la industria y que, en realidad, solo escribe sobre un tipo de millenial específico: de clase media y convencionalmente privilegiado. Conformémonos con considerarla una de las mejores narradoras de los últimos años. ¿No es acaso ese el mejor halago que se le puede dedicar a un escritor?

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