Ecosistema europeo: Política climática en la Unión Europea

Abanderados del “barrer para casa” como único modo de mantener el hogar en orden, obvian el hecho de que los problemas globales deben tener soluciones globales. Ya se sabe que dos cabezas piensan más que una. Y, precisamente con la gestión de la crisis del covid-19, se ha demostrado que veintisiete cabezas piensan todavía más.

política climática de la Unión Europea

Silvana Briones

Un mes hace desde que las intensas negociaciones de la COP26 llenaran nuestras pantallas. De las lágrimas de Alok Sharma, presidente de la cumbre, al potente discurso con el agua hasta las rodillas de Simon Kofe, ministro en Tuvalu, los canales comunicativos se inundaron de manifestaciones, intervenciones, borradores, entrevistas, idas y venidas, del evento que acogió la ciudad de Glasgow.

“No estamos donde tendríamos que estar, ni si quiera cerca. Nos movemos en la buena dirección, pero el mundo está aún muy lejos del objetivo del 1,5oC”, afirmaba en la recta final de la cumbre Frans Timmermans, máximo representante de la política climática de la Unión Europea. Y es que, incluso cuando no había focos, las acciones políticas en materia de clima vienen desarrollándose en Europa desde tiempo atrás.

Por las similitudes que presentan, la pandemia de la covid-19 ha sido equiparada en numerosas ocasiones con la crisis climática. Ambas son situaciones de crisis que requieren sinergias interdisciplinares, que deben beber de lo científico para producir respuestas políticas efectivas, que “ponen de manifiesto lo interdependiente y frágil que es el mundo en el que vivimos”, tal y como enunciara en una entrevista la ministra Teresa Ribera, y que, como suele decirse, no conocen de fronteras.

Política climática UE

Cada vez que una crisis de tales características aparece en el horizonte, antiguos fantasmas de los nacionalismos más exacerbados, como asistentes a una reunión periódica, se preparan para la ocasión. Escurridizos, naturalmente furtivos, se cuelan en las casas susurrando las palabras mil veces repetidas, moldeando el panorama político nacional y supranacional. Abanderados del “barrer para casa” como único modo de mantener el hogar en orden, obvian el hecho de que los problemas globales deben tener
soluciones globales. Ya se sabe que dos cabezas piensan más que una. Y, precisamente con la gestión de la crisis del covid-19, se ha demostrado que veintisiete cabezas piensan todavía más.

Veintisiete son los estados miembros que configuran la Unión Europea en un conglomerado de unión política, mercado único y valores comunes, un espacio excepcional para la cooperación y el desarrollo. Bajo el marco de este proyecto, la oportunidad de ofrecer una respuesta conjunta y eficiente a una problemática de escala semejante a la de la emergencia climática parece obvia, prácticamente ineludible.

En efecto, tras más de un año de covidización de los debates políticos y presupuestarios, la Comisión Europea retomó los frentes abiertos en lo que a transición ecológica se refiere, objetivo prioritario desde el inicio de su mandato en 2019. Aunque sujeto a críticas, el compromiso de la UE a nivel medioambiental toma cuerpo en el Pacto Verde Europeo, un paquete de medidas enfocadas para una transformación económica y social que responda a las ambiciones climáticas.

Energía, Agricultura, Transporte, Investigación, Desarrollo Regional… son algunas de las áreas que aborda el pacto, cuyo pilar principal es el objetivo de convertir a Europa en una región climáticamente neutra para 2050. Como paso intermedio: una reducción del 55% para 2030 respecto a 1990, a la que se han comprometido todos los estados miembros.

¿Cuál ha sido el camino recorrido hasta aquí? Desde que la Comisión Europea presentara el Pacto en diciembre de 2019, ha habido varios momentos clave para aterrizar lo que podían haber sido castillos en el aire, acercando el objetivo cada vez más a la realidad tangible. Tan solo tres meses después, la Comisión propone que el objetivo de neutralidad sea legalmente vinculante a través de la Ley Europea del Clima y, un año más tarde, en abril de 2021, el Parlamento Europeo y los Estados miembros llegan a un acuerdo, entrando la Ley en vigor a mediados de este julio.

No obstante, si bien la Unión Europea representa un marco común, las realidades de sus partes son diversas. Contemplando estas diferencias y buscando ofrecer soluciones óptimas a todos los Estados miembros, la Comisión ha presentado el Fit for 55, un conjunto de medidas que permitirían alcanzar las transformaciones necesarias para el cumplimiento de los objetivos establecidos, y que entra ahora en negociación en el Parlamento Europeo y Estados miembros con el fin de adoptar un paquete legislativo definitivo en un futuro próximo.

Sabiendo que ya no nos podemos permitir pasos en falso, ha llegado el momento de ser críticos y preguntarnos, ¿es suficiente lo que la UE propone? Y en caso negativo, ¿qué podemos hacer para cambiarlo? Para responder a estas preguntas, empezamos esta pequeña serie en la que analizaremos algunos de los aspectos más relevantes del Fit for 55, esperando tener, en el mejor de los casos, puntos a celebrar y nuevas propuestas a exigir.

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