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Editorial: Querido 2022

Ojalá 2022

Editorial: Querido 2022

Tras un asqueroso 2020 nos prometieron un 2021 mejor. El 2020 lo cerrábamos con la vacunación de Araceli, toda una declaración de intenciones. Un año, que la clase política tildó de “recuperación económica y social”. Un año que ha dado qué hablar en el ámbito político con campañas electorales, puñaladas por la espalda y avances sociales importantes y con una oposición que no sale de la habitual derecha más arcaica y antipatriótica de Europa.

El año empezó, no lo vamos a negar, por todo lo alto. En España afrontabamos un Día de Reyes diferente al de los años anteriores, con los contagios por covid al alza y con la economía de las familias muy resentida por la pandemia. 

Cuando nosotros nos dabamos los regalos, Estados Unidos asistía a un hecho insólito, cientos de personas protagonizaron un asalto al Capitolio histórico asegurando no reconocer el resultado democrático de noviembre. Estos “hooligans” con cuernos y escopetas burlaban la seguridad del Capitolio y lograban entrar en el edificio buscando, entre otros objetivos, a la Presidenta del Congreso, Nancy Pelosi. 

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Asaltan el Capitolio de Estados Unidos

Mientras Estados Unidos y el mundo no salía de su asombro por lo que acababa de acontecer en Norteamérica, en España, más concretamente en Madrid, caía una nevada histórica que teñía de blanco la Comunidad y nos confinaba de forma práctica en nuestras casas durante casi dos semanas ante la falta de previsión, tanto del gobierno municipal como el de la Comunidad de Madrid.

Este 2021 ha confirmado lo que presagiaba el 2020, Cataluña ha dado el relevo a la Comunidad de Madrid en lo referido al protagonismo, tras una declaración unilateral de independencia, la aplicación del 155, la celebración de elecciones año sí año también, Madrid ya tenía envidia de tanto Cataluña así que sus dirigentes pasaron de desmantelar los servicios públicos de la comunidad a hacerlo anunciandolo previamente a bombo y platillo previa zancadilla al gobierno central.

El año de Madrid se debe, entre otras cuestiones, a la convocatoria electoral, partidista e irresponsable de Isabel Díaz Ayuso, una presidenta que durante todo el año se ha comportado como la líder de la oposición a Pedro Sánchez, con el cabreo correspondiente de su teórico jefe, Pablo Casado -aunque en la práctica el pobre solo manda al Presidente, ahora en funciones, de Castilla y León-. 

La presidenta, tras una campaña basada en un discurso de cañas, terrazas y una falsa libertad para esconder su dejación de funciones constante, su desmantelamiento de la sanidad y educación pública, su discurso populita y hueco de propuestas que no iban más allá del “autocuidado” y “la responsabilidad individual” logró traducir todo esto en 65 escaños. Una victoria, que suponía la desaparición de Ciudadanos de la Comunidad de Madrid, la caída del PSOE a la tercera fuerza y la llegada de una alternativa verde, feminista y renovada en la izquierda que lograba superar en votos al PSOE de Gabilondo y posicionar a Mónica García como la alternativa en Madrid. Sin embargo, toda esta batalla política solo se pudo traducir en el gobierno más extremista de los últimos años de la CAM. 

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Isabel Díaz Ayuso, nuestra persona del año

Un gobierno monocolor apoyado en la extrema derecha y promovido por la propia Ayuso, un gobierno que con su “dumping” fiscal sigue recortando y haciendo más pobres a los más vulnerables y a los ricos del barrio Salamanca, más ricos. Un gobierno que tiene la intención de acabar con las libertades y derechos del colectivo LGTBI. Un gobierno que no se posiciona cuando matan a Samuel por “maricón”, pero son los primeros en regodearse tras conocerse la denuncia falsa que había interpuesto un chico que practicaba sexo por dinero. ¿Cuál debe ser el nivel de violencia que sufre el colectivo para que nos creyéramos que a plena luz del día, en pleno barrio de Malasaña, cuatro encapuchados marcasen la palabra “maricón” a un chico en el glúteo? Tras conocer la noticia todos lo condenamos menos ellos, después de conocer que era falsa la acusación, fueron los estos mismos, los que no habían hablado ni una sola palabra durante días, los primeros en mandar el tweet, pues eso, la hipotenusa. ¿Recuerdan eso de “la homofobia está en la cabeza de la izquierda”?

Este año, más allá de la extremista de Sol, el Gobierno central ha sufrido profundos cambios, en primer lugar la salida de Pablo Iglesias del ejecutivo, una salida muy meditada tras las previsiones electorales de Podemos y ante el incremento de popularidad que registraba Yolanda Díaz. La salida de Pablo Iglesias se unió meses después a la de Carmen Calvo, Ábalos o la exministra de Exteriores, González Laya, entre otros. Una crisis de gobierno que acabó hace unas semanas con la renovación del Ministerio de Universidades por la marcha de Castells y que tenía la intención de marcar un cambio de ciclo en la legislatura, un gobierno que el propio presidente denominó “el gobierno de la recuperación”.

2021 pasará a la historia por el trabajo de Yolanda Díaz al frente de la segunda Vicepresidencia y del Ministerio de Trabajo, un ministerio que finaliza el año con un acuerdo histórico entre sindicatos, Gobierno y patronal, un acuerdo que vuelve a dignificar a los trabajadores y cumple con las promesas que se habían firmado con Europa. Un acuerdo que ha sido muy criticado tanto por la oposición parlamentaria -PP y VOX- como la mediática. Una oposición que durante todo el año se ha opuesto sistemáticamente a todas y cada una de las medidas planteadas por el ejecutivo y sus socios. 

En junio, gobierno, sindicatos y patronal llegaron a un acuerdo para la revalorización de las pensiones, un acuerdo que suponía una subida de las pensiones de un 2.5%. El PP se opuso e incluso fue el propio Pablo Casado quién le recriminó a Garamendi su acuerdo: “es un grave error” afirmó.

En mayo, se aprobó la ley del cambio climático, el PP y VOX se opusieron, en marzo se votó la ley de la eutanasia, también votaron en contra. En noviembre, con la votación de los presupuestos, volvieron a repetir su posición del “no a todo”. Incluso en la toma en consideración de leyes como la conocida como la “ley del solo si es si” también votaron que no, en esta votación formaciones de derechas como el PNV o Ciudadanos votaron a favor. 

En lo social hemos visto cómo la pandemia ha seguido haciendo estragos. Las empresas ante la incertidumbre y la modificación casi diaria de las restricciones ha hecho que no se hayan podido recuperar a niveles anteriores a la pandemia. Algo parecido ha ocurrido con las familias, aún sigue habiendo gente sin empleo, es necesario impulsar políticas públicas que permitan proteger a estas personas y brindarles la oportunidad de seguir adelante. Un propósito que es difícil llevar a cabo cuando la luz registra día tras día máximos históricos y no hay una estrategia clara desde el ejecutivo para paliar la situación.

Seguir adelante es lo que quieren hacer los palmeros que tras 85 días de erupción volcánica y la destrucción de cientos de casas, miles de ellos se ven obligados a empezar de nuevo. Con este asunto no podemos fallar, las instituciones deben de estar acompañando a los afectados en el proceso de reconstrucción tanto de sus vidas, de su hogar, como en la reconstrucción de la propia isla, esa isla que a pesar de todo sigue siendo bonita.

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Volcán de la palma en erupción

El 2021 acaba, pero la pandemia, desgraciadamente aún no lo ha hecho. No debemos seguir permitiendo la privatización de la sanidad, no debemos seguir permitiendo la precarización de los sanitarios, no debemos permitir que los responsables políticos sigan  en su cruzada por acabar con los servicios públicos, ahora más que nunca, la atención primaria es fundamental para afrontar lo que queda de pandemia.

En 2022 comienza un ciclo electoral que terminará en noviembre de 2023 con las elecciones generales. La primera cita ya está marcada en el calendario, de nuevo, no tocaba, pero el partidismo y la necesidad de Casado de ir cuanto antes aglutinando victorias para que no le echen de la presidencia del PP ha obligado a Mañueco a convocar elecciones y hace acudir a las urnas a los castellanoleoneses bajo el falso argumento de una moción de censura que estaba preparando Ciudadanos, un partido liderado por Francisco Igea en la comunidad y que ya demostró durante la moda de las mociones empezada en Murcia que ellos eran leales al pacto con el PP.

Y con este panorama es como empezamos el año de los dos patitos, un año al que solo le pedimos ojalás. Pedimos que ojalá se apueste por lo público, que ojalá se acabe con el no a todo y podamos tener una derecha como la europea, una derecha patriótica que, más allá de las diferencias políticas, saben reconocer los aciertos, ojalá logremos acabar el 2022 con menos emisiones que 2021. 

Ojalá tengamos un 2022 más verde, más feminista y con menos odio. Ojalá logremos, por una vez, eso que decía Mecano, “que entre gritos y pitos los españolitos hagamos, por una vez, algo a la vez”.

Ojalá 2022. Feliz año.

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