Ecosistema europeo (II) – Hacer más con menos

Con el debate energético en auge, quizás este sea el momento más apropiado para abordar una problemática más allá de la forma en que obtenemos la energía: cómo gastamos la energía. La eficiencia energética es la solución frente al derroche energético sin paragón que ha primado en las últimas décadas. ¿Qué medidas propone la Unión Europea en este ámbito?

Autora: Silvana Briones

Cuando el Pacto Verde Europeo fue adoptado en 2019, la Comisión Europea mostró su intencionalidad de cambio hacia una sociedad en la que la salud pública y ambiental fueran una garantía. Sin embargo, pandemia mundial mediante, los objetivos medioambientales parecieron quedar relegados, durante un tiempo, a un segundo plano. No obstante, con la normalización de la situación pandémica en un horizonte cada vez más cercano, los debates climáticos se van reabriendo, posicionándose de manera prioritaria en las agendas internacionales.

Con ese primer paso que el PVE representara hace ya dos años, uno de los pilares establecidos fue “dar prioridad a la eficiencia energética”. Sin duda, por la relación cercana que como ciudadanos guardamos respecto al consumo energético, este parece ser un punto que fácilmente puede atañernos, pero antes de profundizar sobre este tema debemos comprender el término eficiencia energética en sí mismo.

Como el mismo nombre deja entrever, este es un concepto que gira alrededor de una idea básica: optimizar el consumo de energía. Si bien a lo largo del siglo XX ha primado el desarrollo industrial a expensas de un derroche energético sin paragón, en los últimos años este concepto ha ido ganando terreno como única salida razonable al irrefrenable consumo de energía que ni se ajustaba, ni buscaba ajustarse a los límites biofísicos del planeta.

Más allá de la manera en que la energía es obtenida, lo cual forma parte de otro debate, tal y como apunta el experto en política energética Javier Pamplona “hoy comprendemos que la energía más limpia es la que no se consume”. Con la inminente necesidad de abandonar el uso de combustibles fósiles y adoptar nuevas formas de producción energética, no contaminantes, el camino lógico es acompañar esta transición con la eficiencia energética como prioridad, en línea con lo que Javier ávidamente comentaba, a lo que añade que “la eficiencia energética sigue siendo la hermana pequeña de la transición energética” y que “aunque se hacen pequeños avances a nivel europeo, sigue sin tomarse suficientemente en serio”.

De forma lacónica, el Revisor experto del IPCC Eloy Sanz, afirma que “eficiencia energética es hacer más con menos” y pone un ejemplo sencillo, de estar por casa, “cambiar la caldera de gas de nuestra casa por una bomba de calor, consigue mantener la misma temperatura gastando tres o cuatro veces menos energía”.

Primero, la eficiencia energética.

Teniendo una definición más o menos concisa de lo que el concepto de eficiencia energética engloba, podemos pasar a lo que propone el Fit for 55. La propuesta se construye sobre el principio de “Energy Efficiency First”: primero, la eficiencia energética. Este concepto, ya incluido en la anterior directiva desde la enmienda de 2018, pero difícilmente aplicable por su vaga definición, se instaura con mayor firmeza en este documento como el principio rector de la política energética de la Unión a tener en cuenta por todos los sectores a todos los niveles, citando textualmente, también en el sector financiero.

Medias tintas: el aumento al 36% es interesante pero insuficiente.

El principal cambio es el nuevo objetivo vinculante de eficiencia energética que implica una reducción del consumo de energía final del 36% para 2030, lo cual supone un aumento del 9% respecto a lo prometido en los Planes Nacionales de Energía y Clima por los Estados Miembros en 2020. Respecto a esto, el modelo de eficiencia energética elaborado por la Climate Action Network (CAN) apunta que esta reducción es insuficiente si el objetivo final es no superar un aumento de 1,5oC, motivo de las principales críticas a la directiva por parte de diversos grupos ecologistas como Greenpeace y Friends of the earth.

Sin embargo, la CAN sí remarca que la nueva directiva incluye medidas correctoras si los progresos a nivel nacional en esta materia resultaban insuficientes, lo cual implica un avance significativo respecto a la situación actual.

De todos modos, tal y como explica, acertadamente, el European Environmental Bureau, con esta propuesta la comisión ha perdido una valiosa oportunidad de eliminar los combustibles fósiles de manera más contundente y, de nuevo, remarca que el objetivo mínimo de eficiencia debería ser 45% para cumplir con los planes de descarbonización para 2030. En efecto, Javier incide en que “reducir nuestros consumos y optimizarlos debería ser el primer paso para conseguir una transición energética bien dimensionada y reducir las emisiones rápida y drásticamente”.

europeo

Predicar con el ejemplo: edificios públicos nZEB y servicio de ventanillas únicas.

En términos de como se va a materializar este cambio, el texto deja clara la intención de que sea el sector público quien siente precedentes, sirviendo como ejemplo a seguir por otros sectores. En este ámbito, se propone la renovación de un 3% de la superficie de edificios públicos en base a las normas de edificios de consumo de energía casi nulo (nZEB) cada año.

Este tipo de edificios, tal y como explica Gabriela Treviño, de Pitch Architects, tiene como característica principal “su nulo o casi nulo consumo energético”, resultado de “su baja demanda de energía y su producción de energía renovable in situ”. Así, aunque el enfoque más común a la hora de abordar este tipo de proyectos es desde la construcción autosuficiente, aclara que “un edificio convencional también puede convertirse en un nZEB, a través de diferentes estrategias para reducir su demanda al mínimo y producir energía in-situ de manera renovable”.

Por otra parte, la propuesta también insta a los Estados miembros a mejorar la comunicación e información a través del modelo de ventanillas únicas, lugares en que los ciudadanos puedan obtener información sobre cómo y por qué se debe ahorrar en consumo energético.

Ambas medidas podrían impulsar un pilar importante en lo que a eficiencia energética se refiere, y al que Javier también hace mención: la descarbonización de la vivienda y los edificios públicos. “En España la mayoría de los edificios están construidos antes de los años 80 y los estándares de eficiencia energética brillan por su ausencia. El reto está en descarbonizar nuestra climatización, instalar autoconsumo y optimizar nuestros consumos energéticos, lo cual a día de hoy ya es técnica y económicamente viable”. En esta materia, la Comisión reclama especial atención a los colectivos con rentas bajas, que además suelen habitar en residencias más antiguas o con menores prestaciones energéticas, sentenciando que si las ayudas no se focalizan en estos círculos, no habrá una transformación completa posible. Además, recalca que, en efecto, estos edificios son los mayoritariamente afectados por la pobreza energética, de ahí el hincapié en que las ayudas de rehabilitación energética lleguen a las capas más humildes.

Con el objetivo de transición justa en mente, es necesario que estas medidas se implementen desde el punto de vista de la sensibilización y protección del ciudadano, algo que, pese al margen de mejora, ya se está empezando a llevar a cabo. “La labor de organismos como el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía) es el mejor ejemplo: gestión de ayudas, asesoría, información, pedagogía…”, recalca Javier.

Avanzar sin pasos en falso: la industria también tiene margen para la eficiencia.

Por otra parte, según la evaluación de la legislación vigente, “uno de los obstáculos clave es que la mayoría de las empresas no tienen experiencia necesaria para saber qué oportunidades técnicas de ahorro de energía están disponibles”, incluso si las Empresas de Servicios Energéticos ya proveen a las industrias de información sobre posibles soluciones.

En este aspecto, se proponen diferentes medidas en función del gasto de energía en el caso de las grandes empresas, desde la implantación de sistemas de gestión de la energía hasta las auditorías energéticas periódicas, independientes y transparentes, y se reincide en la importancia de que los Estados miembros fomenten medidas similares entre las PYMES. Además, debe garantizarse la implementación de las recomendaciones de las auditorías. Todo ello queda recogido en el artículo 11 del Fit for 55, complementado con el 26 que refuerza las disposiciones sobre los sistemas de acreditación y certificación de los proveedores de servicios energéticos, auditorias e instaladores. Adicionalmente, se exigirá a los Estados la evaluación de estos regímenes cada cuatro años a partir de diciembre de 2024.

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