La fotografía analógica ha vuelto desde los cuartos oscuros

#FilmIsNotDead (‘La película no está muerta’), sino que está más viva que nunca. Las redes sociales se han convertido en un portal al pasado y la fotografía analógica está resurgiendo y creciendo cada día. El mercado parece centrarse en uno concreto: los jóvenes.

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Photo by Ricardo Ortiz on Pexels.com

Andrea Gallego Rodríguez

La fotografía analógica, también conocida como fotografía de película, anticuada u obsoleta para algunos, está volviendo. En un mundo en el que todo va tan rápido, los jóvenes parecen disfrutar el tomarse un momento para hacer una foto. Visto desde la perspectiva de una cámara analógica, una fotografía se convierte en un instante capturado para ser descubierto más tarde.

Las redes sociales, sobre todo, Instagram y Tik Tok, han despertado la curiosidad de muchos que han pedido las cámaras analógicas a sus padres o han comprado unas baratas en lugares como el Rastro de Madrid. Entran así en el proceso más lento de la fotografía analógica. No es la primera vez que ocurre este proceso invertido, pero, por lo general, el campo de la tecnología no se ve afectado por este proceso.

El “hago otra por si acaso” simplemente no se puede aplicar a las cámaras analógicas. Tampoco es posible comprobar el resultado una vez tomada la foto. Sin embargo, no saber lo que va a salir de esos carretes es parte de su encanto. “No hay revisión de la imagen, así que debemos comprometernos con nuestro sujeto y con el entorno”, señala Jason Parnell-Brookes , fotógrafo premiado internacionalmente, en su artículo Should I buy a film camera in 2021? (‘¿Debería comprar una cámara de película en 2021?’).  

Las fotografías que salen de los cuartos oscuros son únicas. Puede que no sean perfectas con la máxima resolución posible, pero ese no es el objetivo. Su aspecto y estética dan un toque diferente. Y es por eso que muchos jóvenes se han interesado por ella. Según Jamelle Bouie, columnista del New York Times y aficionado de la fotografía, “carecen de los revestimientos y el diseño de los objetivos modernos, lo que confiere a las fotos un aspecto imposible de replicar con, por ejemplo, un iPhone, sin importar la potencia del procesador”.

Además, el procedimiento, bastante diferente al digital, implica algunos pasos extra. Hacer una foto con una cámara analógica conlleva algunos pasos que hay que hacer antes como preparar la película, encontrar un buen momento, ajustar el enfoque, etc. Pero, también, después: rebobinar la película, llevarla al estudio para revelarla y recoger el resultado. Como comenta el fotógrafo en su artículo, “parece que hay algo en el compromiso táctil de las cámaras analógicas que los fotógrafos anhelan, lo que no es de extrañar cuando el resto del mundo se mueve en gran medida por swipes y videochats impersonales”.

El renacimiento de la fotografía analógica

El pequeño taller Fokus Reparaciones, situado a escasos metros de la plaza del Sol, lleva dando servicio desde el año 1957. Para encontrar el taller tienes que entrar en una galería en la Calle Carretas, lo que ya da indicios de otros tiempos. A día de hoy pocos comercios decidirían establecerse en un lugar así, donde la gente no pueda detectarlo a simple vista o acceder directamente. De hecho, para ser honestos, la primera vez que fui estaba un poco perdida y, por un momento pensé que podría haber cerrado. Spoiler: al final lo encontré tras estar unos 5 minutos mirando el Google Maps. 

El taller se encuentra rodeado de otros talleres de relojes y joyería con el mismo aire de otra época. Son de esos negocios que llevan “toda la vida”. Al entrar, no es mucho el espacio que hay entre la puerta y el mostrador. Sorprende en parte porque uno se pregunta dónde arreglarán las cámaras entonces. Más tarde, Lara Velarde, la dependienta de la tienda, me explica que el taller se encontraba en la parte de arriba.

Se trata de un negocio familiar que ha ido pasando de generación en generación. Según me cuenta, el taller pasará a ser del sobrino del dueño, ya que este se jubila, y anteriormente pertenecía al padre del mismo.

Mientras hablo con ella, el teléfono no para de sonar. Y, es que muchos son los que llaman para que les den presupuesto o para saber cuándo estará lista su cámara. Ella amablemente les señala que tardan entre 15 días y un mes y, que en cuanto la tengan, les llamará sin falta. “Ahora mismo, estamos hasta arriba”, dice. Aunque reparan desde cámaras analógicas y digitales a proyectores y prismáticos, el 50 % del volumen de trabajo proviene del analógico. Esto se debe a que son “uno de los pocos sitios que reparan analógico” en Madrid. Otro de los motivos es la falta de uso que tienen las cámaras y eso conlleva un mayor tiempo de reparación.

Incluso cuando han reparado cámaras analógicas desde siempre, y sufrieron un cambio brusco cuando el digital pasó a ser la norma, sí que han notado “un boom como de hará unos cuatro o cinco años, que se ha puesto más de moda, sobre todo con la gente joven”.

Los jóvenes recogen el testigo

Están desempolvando las cámaras que pertenecían a sus padres o abuelos, dándoles una segunda vida. Es el caso de Azucena Céspedes, 20, una estudiante universitaria que se inició en el mundo de la analógica hace tres años. Tomó la cámara de su padre y empezó a experimentar con ella. La suele utilizar en los momentos especiales y esos momentos están recogidos en una cuenta de Instagram (@tutennegativo) a modo de álbum de fotos “para que mis amigos y yo las tengamos ahí”.

Más allá de los usuarios, espacios como La Peliculera o 1826 Film Lab también se encargan de esa tarea. Con cinco y tres años de vida respectivamente, se han convertido en lugares de encuentro de los amantes de la analógica, además de aquellos que están aprendiendo.  Hace unos dos años que vienen observando un incremento en la clientela. El rango de edad de sus clientes es catalogado como joven (desde los 18 años a los 30, aproximadamente). Los nacidos en la era digital descubren con ilusión este mundo que les proporciona un cambio respecto algo que dan por hecho: la inmediatez.

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Fuente: ilusteo.com

Inicialmente, La Peliculera contaba con productos tanto analógicos como digitales; sin embargo, sus creadores “no acababan de estar tan cómodos vendiendo este tipo de productos”, señala Alex Ríos (@eldelascamaras), 25, dependiente de la tienda, además de que “ellos disparaban en analógico y les apasionaba esto”. Por lo que decidieron especializarse y les ha salido bien la jugada. Parte de su éxito reside en que “el analógico está otra vez en auge y hay mucha gente nueva que está investigando”. Mientas hablo con él, la gente no para de entrar y salir de la tienda.

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Por otro lado, 1826 Film Lab es un pequeño estudio en Malasaña, que recibe su nombre gracias a la primera fotografía conservada con fecha de 1826. Hablo con Oliver García, 26, uno de sus fundadores, mientras suena Jazz de fondo. Quedamos antes de que abra el local, así que es un lugar tranquilo y acogedor para hablar. Y, nada más entrar, mis ojos se fijan en los carretes en cajas de colores que hay detrás del mostrador. Tienen una gran variedad. Después de la entrevista, no pude resistirme y pedí que me recomendara uno. Así que acabo comprando el carrete en blanco y negro que él me sugiere.

El origen de la tienda es diferente al de La Peliculera. La rama artística y profesional de los fundadores fue convergiendo hasta convertirse en “lo más real posible”. Trata de dar un servicio cerrado, recorriendo todo el proceso, “todo el camino que pueda tener esa fotografía”, como dice Oliver. El servicio de revelado y escaneado, por ejemplo, incluye también una edición previa a la entrega de las imágenes, siempre respetando que “el resultado sea auténtico”.

Cada uno tiene una conexión diferente con la fotografía analógica, por lo que los motivos detrás de sus impulsos son variados. Azucena hace referencia al efecto y la incertidumbre que tienen los resultados. “Hay gente que lo usa por el look y hay gente que lo utiliza por respuesta a esa inmediatez”, reflexiona Alex. Como usuario, le gusta utilizar diferentes ópticas, cámaras y carretes. También influye la parte emocional. Oliver destaca como “la fotografía es algo tan sentimental”. Incluso, puede tratarse de una recuperación del pasado. Como él mismo dice: “Independientemente de cuál sea el tipo de conexión con el que hayas llegado, yo creo que lo principal es esa vinculación estética y sentimental que puedes desarrollar”.

Además, este campo requiere un proceso de aprendizaje. La mayoría de los usuarios son autodidactas. Los usuarios utilizan tanto el método de prueba y error, como el aprendizaje vía YouTube o Instagram, como es el caso de Azucena. Es decir, el interés es la clave. Por su parte, La Peliculera ofrece un servicio no tan solitario como son sus talleres. Esta iniciativa surge de mano de sus creadores ya que estos “realizaban fotografía y se relacionaban con otros artistas”, comenta Alex. De esta forma, enseñan “a la gente tanto revelado como taller básico de iniciación”.Como parte de este proceso de aprendizaje, hay usuarios que se lanzan a revelar sus carretes por sí mismos. Y es que cualquiera puede acceder a la compra de DIY kits para hacerlo tú mismo. Quieren controlar todo el proceso, quizá esperando obtener un resultado concreto. En la Peliculera, por ejemplo, hay gente que pregunta por los químicos y Alex observa como “poco a poco, veo a gente que sí quiere hacerlo él y disfrutar del proceso completo”.

Proceso invertido y efecto rebote

Pantalones de campana, bolsos diminutos, discos de vinilo… Y ahora, cámaras analógicas. Generalmente, miramos hacia adelante (cuál es el último avance, el iPhone más nuevo, la novedad) pero, a veces, miramos hacia atrás y tomamos algo de entonces. Este proceso invertido en el que los elementos anticuados se ponen de moda no es nuevo. Pero la diferencia es el mayor protagonismo de las redes sociales.

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Entre los vídeos que aparecen en el “para ti” de Tik Tok o losreels” de Instagram, puede que se haya colado contenido relacionado con la fotografía analógica. Algunos de estos se componen de vídeos cortos que muestran los carretes de la gente durante el verano o que comparan las fotos tomadas por cámaras digitales frente a las analógicas. Alex considera que “es uno de los factores que han hecho que esté surgiendo la fotografía analógica”.

Este proceso arcaico tiene que convivir con lo cotidiano, como menciona Oliver. De este modo, las redes sociales han ayudado a la visualización de la fotografía analógica, que se ha adaptado a estas nuevas plataformas. El resultado aparece como un efecto rebote, como explica el dependiente de La Peliculera. Algo, que “es una fotografía muy pausada, muy lenta, que tardas tiempo en ver los resultados” y que, en principio, “va en contra de la instantaneidad de las redes sociales”, acaba exponiéndose en estas.

Hashtags como el de #35mm han ayudado mucho a que la gente se pregunte qué es y se interesen por el tema. En La Peliculera, Alex comenta cómo ha habido casos en los que les han visitado preguntando por este hashtag, “se lo tenemos que explicar y dicen: Ah vale, pues yo quiero una cámara y ya empiezan así”. Evidenciando así el poder que tienen las redes sociales en este ámbito.

Si todavía tienes dudas sobre el regreso de la fotografía analógica, solo tienes que abrir Instagram y buscar el hashtag #filmisnotdead. Aparecerán más de 21,5 millones de posts que muestran una gran variedad de fotografías escaneadas. El movimiento reivindica el papel de la fotografía analógica en la actualidad y de cara al futuro.

¿Ha vuelto la fotografía analógica de forma definitiva?

Sólo el tiempo lo dirá. Sin embargo, hay quien dice que siempre estará presente en mayor o menor medida. Es el caso de Alex (de La Peliculera) y Oliver (de 1826FilmLab). Ambos tienen una visión positiva de cara al futuro. Incluso cuando el digital apareció, y el analógico quedó en la sombra, “siempre estuvo” y “siempre va a estar a pesar de sus altibajos”, decía Alex. Por otro lado, Oliver destaca como ha ido “fluctuando” y que, “en el futuro, ese sentimiento no se va a perder”.

Su belleza combinada con el propio proceso se convierte en una vía de escape de la inmediatez. Recordando las palabras del fotógrafo Jason Parnell-Brookes: “Hable con cualquier fotógrafo enamorado de la película y escuchará el mismo tipo de respuestas cuando le pregunten por qué le gusta seguir disparando analógico: se trata de la experiencia sensorial”.

Lago de Sanabria. Fotografía de Andrea Gallego.

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