Ha nacido una guerra en Europa

Ucrania

(Sin embargo, no es así)

En las últimas semanas han pasado muchas cosas en Ucrania, pero ninguna de ellas ha sido el estallido de una guerra que lleva años abierta. Sobre Ucrania, también se han tomado muchas decisiones en los últimos días, especialmente fuera de sus fronteras -en Rusia, Estados Unidos, Francia- , donde se decide el futuro de una nación, que treinta años después de la caída del muro de Berlín, no consigue librarse de la garras del Kremlin.

Ucrania es un país donde la dinámica política es imprevisible. Las últimas legislaturas han venido de la mano de un  “chocolatero” ( Petró Poroshenko) y del famoso humorista Volodymyr Zelesnki, que, a pesar de haber llegado a lo más alto de la política ucraniana, con una de las campañas electorales más surrealistas que se recuerdan, se ha propuesto acabar con la corrupción y la oligarquía que aún controla importantes ámbitos del país.

Sin embargo, más allá de la anécdota, si hubo un momento en el que Ucrania vivió una increíble escena de película, fue en 2014. Por aquel entonces, en el conocido como “segundo Euromaidán”, el pueblo ucraniano consiguió derrocar a su último presidente prorruso, Victor Yanukóvich. 

Un año antes, debido a las amenazas de Moscú de subir el precio del gas, el entonces mandatario ucraniano había acordado firmar un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. La postura vacilante de Yanukóvich reavivó la división del país entre el Este y Oeste, y tras posponer el pacto, la ciudad de Kiev tomó las calles. 

La situación en la capital pronto cobró tintes de “pequeña guerra civil”, mientras que las provincias de Donetsk y Lugansk, fronterizas con Rusia, se alzaron exigiendo su independencia. Moscú no tardó en sacar rédito y desplegar una importante ofensiva militar en la península de Crimea. Para primeros de 2014, la guerra ya estaba servida en el Este de Ucrania.

En la otra punta del país, cientos de miles de manifestantes hicieron frente durante 96 días a una auténtica batalla campal contra el Gobierno y su Ejército, que acabó saldándose con la vida de al menos 100 personas y miles de heridos. Finalmente el 22 de febrero, tras confirmar la huída de Yanukóvich a Crimea (bajo control ruso), el Parlamento convocó unas elecciones anticipadas en las que salió victorioso el partido Solidaridad Europea. 

Mientras que en Kiev las aguas volvían a su calma, en la parte oriental del país el conflicto subía de intensidad. El 18 de marzo Crimea y Sebastopol firmaron su anexión a Rusia. Este hecho avivó aún más las protestas en Donetsk y el Luhansk, que proclamaron su independencia dando lugar comienzo a la “Guerra del Donbáss” que aún sigue abierta y ya se ha cobrado la vida de al menos 13.000 personas, según datos de las Naciones Unidas.

Si la guerra en Ucrania estalló hace ocho años, ¿qué tiene de nueva la situación actual? 

La respuesta internacional. 

La invasión de parte de Ucrania en 2014, le costó a Moscú importantes sanciones (como la expulsión del ahora llamado G7), sin embargo, no se llegó a contemplar la posibilidad de un apoyo militar a Kiev por parte de la OTAN, y la expectación por un conflicto armado con repercusión para la Unión Europea no fue más allá. Tampoco saltaron las alarmas en 2019 cuando tras la victoria en las urnas de Zelenski, Rusia realizó movimientos tácticos similares a los actuales.

A pesar de todo esto, la situación actual es distinta  porque Putin ha centrado el grueso de sus exigencias en la OTAN, y el “casus belli” ya no es una motivación identitaria o nacionalista, sino el riesgo de que el histórico enemigo americano  se acerque al “cordón sanitario” ruso. 


Lo que ahora Rusia exige es el fin de la expansión de la OTAN en Europa del Este, avivando la llama de la Guerra Fría y poniendo entre las cuerdas a Estados Unidos. Estamos frente un pulso entre dos grandes potencias donde nadie está dispuesto a salir como el gran perdedor. Rusia ha enviado más de 100.000 efectivos y centenares de tanques y piezas de artillería. Su objetivo no solo es  intimidar a Ucrania, sino al Bloque Occidental,  con la expansión de una guerra que podría acarrear importantes problemas de seguridad y suministro.

Es evidente el miedo que hay en la Unión Europea a que el conflicto se aproxime al Espacio Schengen, sobre todo cuando la situación en la zona, con Bielorrusia presionando en Polonia y Lituania, y Hungría siguiendo con su deriva totalitaria, ya es lo suficientemente complicada. Josep Borrel no ha dudado en afirmar que “Europa está en peligro” y apunta a que los movimientos se habían visto incentivados por “las propias contradicciones y divisiones internas”. 

Mientras tanto, el nerviosismo en Ucrania se empieza a intensificar ante el estancamiento de las conversaciones entre Estados Unidos y el Kremlin, y aunque el Presidente del país haya intentado calmar las aguas, hemos podido ver imágenes de civiles recibiendo preparación militar en los parques de la capital. 


En definitiva, no va a estallar una nueva guerra, que ya está presente desde hace ocho años, pero es evidente que nos encontramos en un punto de inflexión, y el futuro de Ucrania vuelve, una vez más, a encontrarse en el tejado de Putin. En los veinte años que lleva en el poder, no ha vacilado a la hora de tomar las armas cuando ha visto sus intereses en juego y, sin duda ,Ucrania es uno de sus tesoros más preciados. Como dijo el norteamericano Zbigniew Brzezinski, “Sin Ucrania, Rusia no es más que una gran potencia asiática”. 

Para saber qué intenciones tiene Rusia al desplegar este importante arsenal en las inmediaciones de sus fronteras con Ucrania, tendremos que esperar y ver. En caso de una posible invasión, teniendo en cuenta la ubicación de estos campamentos, podríamos contemplar la anexión del territorio rebelde de Trastinia, en el área colindante con Moldavia, lo que proporciona a Rusia un mayor control en el país Moldavo que se encuentra en una situación similar a la de Ucrania; o su expansión entre la zona portuaria del mar Negro, incluso llegando a ocupar toda la zona costera del país, limitando la salida del país al mar. Lo que podemos descartar con una mayor probabilidad -aunque nunca total-, es la invasión completa del territorio, ya que las ciudades europeístas han demostrado estos últimos diez años su capacidad de resistencia y oposición hacia la intromisión de Moscú.

Miembro de la Junta Editorial de Revistaincognita.com
Estudiante de Ciencia política y administración Pública + Periodismo

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