‘El Acontecimiento’, el alegato feminista que necesitábamos

acontecimiento

Autor: Francisco Gámiz

Hay veces en las que no puedes evitar salir del cine con un nudo en la garganta. Ya sea por el argumento, los actores o el mensaje de la película. Hay veces en las que, además, todo eso se une ocasionando una sensación todavía más intensa y duradera. Y hay veces, solo algunas veces, en las que entras al cine y te topas con una de esas películas. Nadie me había advertido de que, en efecto, El Acontecimiento era una de ellas.

Un relato trágico y doloroso se nos presenta en el que supone ser el segundo trabajo para la directora francesa Audrey Diwan, que llega a los cines españoles el próximo 18 de marzo. Con la difícil tarea de traer a la gran pantalla la obra autobiográfica de la ya aclamada Annie Ernaux, Diwan se hace con un elenco de jóvenes talentos liderado por Anamaria Vartolomei para narrar audiovisualmente una de las experiencias más terroríficas de la reconocida escritora. Tras su debut con Mais vous êtes fous, una historia que exponía la importancia de tratar los problemas de adicción, en El Acontecimiento da un paso adelante y enfrenta, en boca de la propia protagonista, “una enfermedad que solo afecta a las mujeres”.

La adaptación cinematográfica expone con crudeza los acontecimientos que la autora plasma en las páginas del libro. Unos acontecimientos que, de hecho, Ernaux conoce muy bien. Con 23 años, cuando vivía en una residencia de estudiantes en Rouen, empezó a descubrirse más a sí misma y, a consecuencia de ello, experimentó sus primeras relaciones sexuales. A diferencia de sus compañeras de habitación Hélène y Brigitte, interpretadas por Luàna Bajrami y Louise Orry-Diquéro respectivamente, Annie siempre se mostró más abierta con los hombres y eso la llevó a ir más adelantada que el resto de chicas de su edad —en realidad, el sexo era un tema tabú en aquel entonces, lo que provocó que se tratara con mayor secretismo—. Esto la hizo quedarse embarazada en mitad de curso y con todo un futuro prometedor por delante que ahora peligraba. Annie, bajo la brillante actuación de Vartolomei, no quería tener el bebé. Ni ella ni muchas mujeres con diferentes motivos y distintas circunstancias. Pero en la década de los sesenta no contaban con una ley que las respaldase. Tampoco con una sociedad que lo hiciese.

El proceso es deshumanizante en todos los aspectos. La película ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia nos proyecta los tres meses posteriores al embarazo de la protagonista y su lucha por lograr detenerlo. Sin embargo, esto acaba dejándola sola. Encontrar a algún médico que estuviera a favor del aborto era una misión imposible y los severos castigos a los que se enfrentaba si seguía adelante con aquello no eran ninguna broma. Rogando ayuda a gente que podría terminar denunciándola y, posteriormente, intentándolo ella misma a la desesperada con medicamentos, inyecciones o incluso una aguja de tejer, el espectador tiene que ver algunas escenas del filme entre una cortina de dedos por la dureza de las imágenes.

Ambientada en la Francia de 1964, la fecha no es fácilmente perceptible debido al poco énfasis que la película hace a esta en un comienzo. La representación de esta época es bastante tímida, con vestuario y escenarios anticuados que podrían ser los de cualquier barrio actual francés. No obstante, es con el avance del filme cuando el espectador se da cuenta de que hemos hecho un viaje en el tiempo a varias décadas atrás. Solo el recuerdo de una guerra todavía muy presente, los temas tabúes que los personajes tocan con alfiler y la escasa aparición de nuevas tecnologías ayudan a reflejar el momento en el que nos encontramos. De hecho, si no fuera porque el aborto es legal en Francia desde 1975 gracias a la ministra de Sanidad Simone Veil, que este se tratara de un delito no es algo que debiera de llevarnos, precisamente, al pasado. No cuando aún sigue siendo perseguido y castigado en la mayoría de países del mundo.

Si bien este ha sido mi primer encuentro con Vartolomei, puedo confirmar que se ha lucido de lo lindo. El personaje se come a la actriz y eso le vale para hacer una interpretación que le augura una gran carrera. Aunque a veces esta se ha sentido muy alejada del espectador, prefiriendo mantenerse a una prudente distancia, deja unas sensaciones positivas tras cargar con el mayor peso de la cinta. La trama requería de una actuación complicada, y ella sabe asumirla a la perfección. Además, también ha sido bonito reencontrarse con la joven promesa Bajrami, que ya destacó en Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma. ¿A qué están esperando los cineastas para darle un papel principal?

El Acontecimiento es el alegato feminista que necesitábamos, un mensaje reivindicativo que toma más fuerza en un momento en el que el auge de la ultraderecha en Europa es cada vez más evidente. El aborto clandestino es la única opción que puede contemplar una mujer que vive en países tradicionalistas o tercermundistas. Pese al avance que aporta la mentalidad abierta de las nuevas generaciones y el apoyo de historias tan bien narradas como esta, es una realidad que las cosas siguen siendo complejas y se les continúa privando a las mujeres del derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Tanto Diwan y Romano, autores del guion, como Ernaux, autora de la obra en la que se basan, hacen una labor brillante para regalarnos una necesaria visión que ayuda a concienciar sobre un asunto todavía poco recurrente en el cine o la literatura. Consiguieron que, por casi dos horas, todos nos sintiéramos en la piel de la protagonista. Y la empatía que tanta falta hace fuera del cine la pudimos sentir los espectadores dentro de este de una manera prodigiosamente sencilla.

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