Kiev, historia de una ciudad que resiste

Un edificio de seis plantas resiste en pie, mordido por las explosiones en mitad de los ataques cruzados. Se ha convertido en el símbolo de una ciudad que se enfrenta a su quinto día de batalla.

La capital ucraniana ha conseguido frenar a las tropas rusas, complicando la guerra relámpago que Putin vaticinaba en el territorio. La columna de tanques rusos avanzaba el pasado jueves sin apenas oposición por  los principales suburbios de la urbe después de que la emboscada sorpresa de Putin dejase sin capacidad de maniobra al mermado Ejército ucraniano.


Sin embargo, en el primer día tras el toque de queda que ha permanecido activo todo el fin de semana, Kiev sobrevive y continúa bajo el control de su gobierno legítimo. El presidente Volódimir Zelenski, que ha rechazado huir del país, ha llamado a la movilización y ha asegurado que se repartirán armas a todo aquel que quiera luchar por la independencia de su país. Pocos confiaban en la capacidad del joven líder proeuropeo, que ha instado a la creación de milicias internacionales, y sigue rogando apoyo militar extranjero.

Hemos podido ver a decenas de ciudadanos haciendo cola para alistarse a las filas ucranianas, fabricando cócteles molotov o desfilando con kalashnikov por las calles, bajo lemas que nos recuerdan a otras épocas, como el “no pasarán”. Kiev se ha convertido en una ciudad fantasma, donde la contienda se libra calle a calle, y la vida se esconde bajo tierra. Los improvisados milicianos se preparan para hacer frente a una ofensiva orquestada por uno de los mayores ejércitos del mundo, sin haber recibido apenas entrenamiento militar, sin apoyo estranjero y una planificación improvisada, fruto del inesperado ataque. 

Por el momento, ante la sorpresa de Putin, Kiev aguanta y consigue repeler el avance de las columnas de vehículos militares rusos, que no consiguen llegar a la Plaza de la Independencia, el corazón geográfico y sentimental de una ciudad acostumbrada a la resistencia.

Muchos de los combatientes ya saben lo que es la guerra, bien porque han tenido que servir en el frente del Donbás, bien porque vivieron un reflejo de la misma durante los altercados posteriores a las manifestaciones de 2013. Aquel año miles de kievitas se atrincheraron en un improvisado campamento construído bajo el pedestal de la Berehynia, en la denominada plaza del Euromaidán. 

Más de cien civiles murieron en  unos enfrentamientos contra antidisturbios y militares, que se prolongaron durante tres meses, y en los que la resistencia civil de la ciudad logró derrocar al último presidente prorruso de Ucrania. Yanukóvich acabó huyendo hacia Rostov del Don, después de ejercer una brutal represión contra los manifestantes y haberse negado a firmar acuerdo alguno con la oposición. Aquellas protestas supusieron el primer paso hacia la democracia moderna de Ucrania, pero también la anexión unilateral de Crimea, y el estallido de un conflicto separatista, alentado por Moscú, en el este del país. 

Años atrás, ya se había alzado la capital, junto con otras grandes ciudades del país, en la llamada Revolución Naranja. En 2004, en mitad de un proceso electoral de doble vuelta, en el que se había acusado al Gobierno de fraude electoral y corrupción, la capital fue el foco de una campaña de resistencia civil multitudinaria, que acabó en una repetición electoral. En aquellos comicios, Víktor Yanukóvich, acusado de amaño electoral, fue destituido, pero en 2010 lograría hacerse con el poder de manera limpia, llevando de nuevo al país a una situación insostenible, que derivó en el Euromaidán y la guerra actual. 

Los intentos de Rusia de mantener Ucrania bajo su órbita se han encontrado con una fuerte oposición civil desde que Ucrania lograra su independencia tras la caída de la URSS, y especialmente desde el cambio de siglo, cuando la Unión Europea inició un nuevo proceso de inclusión, alentando las aspiraciones prorrusas entre una parte importante de la población. 

A lo largo de estos años la división en el país se ha hecho más que notable. Hay que recordar que la mitad oriental de Ucrania está compuesta por una parte importante de ciudadanos de origen ruso, por su cercanía a la frontera, y por los efectos del “holodomor” soviético, en el que murieron al menos 1,5 millones de personas a causa de hambrunas intencionadas. Sin embargo, el resto del territorio, especialmente en las provincias norteñas, donde actualmente está encontrando una mayor resistencia el Ejército ruso, ha mostrado históricamente una mayor afinidad a Europa, y un claro rechazo al imperio ruso y la antigua Unión Soviética.

Al igual que en Kiev, el pueblo de Bielorrusia también se alzó contra el pucherazo electoral de Aleksandr Lukashenko, considerado el último dictador de Europa,  en el verano de 2020. La “Revolución de las Zapatillas” se saldó con cuatro fallecidos y medio centenar de desaparecidos, además de alrededor de 7.000 detenidos, en unas protestas que se prolongaron durante meses. Sin embargo, ni la lucha civil, ni las sanciones de la Comunidad Internacional frenaron al líder bielorruso, que trata de aumentar la presencia del Kremlin en el territorio desde cuyas fronteras han partido los convoyes rusos que buscan asediar Kiev.

Cinco días después del comienzo del asedio, Kiev resiste, y lo hace gracias a sus ciudadanos. Uno de los futuribles que más preocupan ahora mismo en la capital es que se repita algo parecido al sitio que 1992 sufrió Sarajevo, y que acabó prolongándose cuatro años. La situación ahora mismo en la capital es de “guerra urbana”, donde la batalla se libra calle por calle, y el ejército ruso parece haberse frenado fruto de la feroz confrontación contra los milicianos kievitas. 

A lo largo de estos días hemos visto como Moscú no dudaba en aplicar la política de “tierra quemada” en las ciudades bajo su control, destruyendo todo a su paso por el territorio. Preocupa entre la población la escasez de alimentos y suministros, después de un fin de semana intenso en el que todos los comercios han permanecido cerrados.

Por eso, el punto de mira ahora se encuentra en los avances diplómaticos, después de que se hayan retomado las negociaciones entre ambos gobiernos. Dos delegaciones, la rusa y la ucraniana, tratan de llegar a un alto al fuego en un encuentro que se está produciendo en la frontera con Bielorrusia, mientras Putin amenaza con enviar armas nucleares si las milicias no deponen las armas. Sin embargo, como decía en la noche del sábado Pedro Rodríguez “si Rusia deja de atacar, la guerra se termina. Si Ucrania deja de resistir, desaparece”. 

Los días de guerra se suceden, la violencia se recrudece y la capital se esperaba para seguir resistiendo a la ofensiva rusa, mientras las imágenes de Járkov, la «Barcelona» ucraniana, ponen los pelos de punta.

Miembro de la Junta Editorial de Revistaincognita.com
Estudiante de Ciencia política y administración Pública + Periodismo

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