¿Por qué nos metemos en política?

Jaime Molina

¿Por qué nos metemos en política… y cambiamos cuando estamos dentro? Podría ser perfectamente una pregunta de examen, pero no. A lo largo de estas semanas es una pregunta que me he hecho bastante y que me ha dado algunos quebraderos de cabeza. El artículo que publico hoy no pretende ofender a nadie, sólo se trata de una pregunta con la quiero invitar a la reflexión de todos y todas.

La primera vez que me afilié a una organización juvenil lo hice pensando en que podía cambiar muchas de las cosas que estaban mal en aquel momento. Para situarnos un poco, estamos hablando de cuando estaba en primero de carrera de Ciencias Políticas en Granada, y muchas veces me hago la pregunta de ¿y por qué al final siguió igual? Quizás por miedo a que la gente te conozca, o quizás porque simplemente aún no era tu momento de estar dentro de algo como una organización política. Puede parecer una tontería, pero es así, uno tiene que saber cuándo es el momento adecuado para dar el paso y entrar en una organización política con relevancia, y además, el que lo haga tiene que hacerlo con unas ideas que seguramente irán cambiando conforme pase el tiempo, pero en esto me detendré en unas líneas más abajo.

Una vez que comienzas a conocer el mundo de la política y el universitario, das el siguiente paso, que es el de entrar en una organización política que esté asociado a un partido en concreto. Sin ninguna duda es esto lo que marca tu vida política, y es aquí donde tenemos que hacernos la pregunta inicial ¿por qué entro en política?

En mi caso, lo hice porque nos encontrábamos en un contexto con el surgimiento de una fuerza política reaccionaria y política a la que teníamos que hacerle frente todos y todas. Puede que por entusiasmo o por la fuerza que me daba pelear contra esto, pero lo hice porque lo vi como una vía para poder frenar a aquellos que nos quieren hacer retroceder y acabar con muchos de nosotros, destruir la casa que la democracia española ha construido ladrillo a ladrillo, todos y cada uno de los españoles hemos puesto uno de esos ladrillos actuando de una forma u otra, pero siempre en beneficio mutuo.

Entramos en política con unas ideas claras, o al menos eso es lo que pensamos ¿verdad? Párate aquí un momento, te doy unos minutos antes de seguir con el artículo.

La organización política te hace cambiar muchos aspectos de tus pensamientos, digamos que amolda y esculpe tus ideas porque, seamos sinceros y sinceras, el radicalismo y el fanatismo en un partido no trae nada bueno para nadie.

Sin querer irme por las ramas, entramos en política en muchas ocasiones porque queremos conseguir un beneficio mutuo, queremos ayudar a la gente joven y no tan joven, tratar de solucionar sus problemas cotidianos, ser cercanos a ellos y que nos vean como personas normales, porque, al fin y al cabo, es lo que somos. Una organización política juvenil es una agrupación de personas que tienen un objetivo común: mejorar la calidad de vida de nuestros jóvenes, este debe de ser el principal objetivo.

Sin embargo, lamentablemente, no todos se meten en política para conseguir un beneficio mutuo, sino que lo hacen porque lo ven como una alternativa para conseguir dinero fácil, entras, coges un cargo y subes rápidamente, ¿fácil, no? Hablaba hace unos meses con el que entonces era Secretario de Juventudes Socialistas de Madrid, tuve la fortuna de hablar con él durante un breve tiempo y le comentaba justamente lo que estoy escribiendo hoy, a lo que él me contestaba “¿cuánta gente válida se habrá quedado en el camino por aburrimiento o porque veía que lo que hacía no valía la pena? ¿cuánta gente se habrá perdido por la incapacidad de otros?”, ¿cuánta gente creéis que lo habrá sufrido? Y todo esto viene hilado para llegar a un concepto que me pareció muy curioso cuando, leyendo a Ortega y Gasset en su publicación de la “España Invertebrada”, hablaba del “particularismo”, él lo explicaba en estas palabras “se produce una ilusión intelectual de creer que las demás clases no existen como plenas realidades sociales o que no merecen existir. Es aquel estado de espíritu en que creemos no tener por qué contar con los demás” (Ortega y Gasset, 2011), si cambiamos la palabra de “clases” por “personas” quedaría perfecto para lo que muchos pretenden en política.

Desgraciadamente, por este particularismo mucha gente ha perdido las ganas y fuerzas de entrar en política y los que quedaban interesados se van yendo, aunque si bien es cierto que todo dependerá del lugar en el que te encuentres, da mucho coraje, pero algunos siguen haciendo válido aquello de “todos son iguales”, y esto sólo por el individualismo y particularismo de unos pocos para su propio beneficio.

Un último concepto del que quería hablar antes de llegar a la conclusión final, es sobre el de hegemonía. Concepto del que ya hablaba Gramsci donde esa persona que llega al poder por interés o por querer conseguir un beneficio mutuo debe de consolidar su poder, tener un liderazgo moral e intelectual con dos elementos fundamentales como son el consenso y la persuasión, es aquí donde entraría el famoso concepto de Weber sobre el liderazgo carismático y del que no todos los que llegan al poder tienen. No obstante, creo que esto daría para otro artículo.

En definitiva, meterse en política porque lo ves como una alternativa a otras cosas o, porque simplemente no tienes más salidas que esa, es ser un interesado al que le da igual los problemas sociales a los que la juventud tiene que hacer frente, se busca un líder fuerte que sea capaz de conectar con los jóvenes que se ven desorientados por los acontecimientos de la actualidad. 

Entrar en política es pensar en los demás, no en tu beneficio, y necesitamos a gente así.

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