¿Puede hoy en día una persona decir libremente lo que ama?

Óscar Muñoz

“Agresión homófoba: Os disteis un beso. En nombre de Dios os castigo”. “El primer ministro de Hungría pide a los homosexuales dejar a nuestros niños tranquilos”. “Dos hombres reciben 154 latigazos en Indonesia condenados por mantener relaciones homosexuales”. Estos tan solo son algunos de los escalofriantes titulares que se han sucedido en los últimos días en la prensa de nuestro país. Por lo que, me pregunto: ¿Puede hoy en día una persona decir libremente lo que ama?

La respuesta es absoluta, no. Todavía, en pleno siglo XXI la sociedad juzga y rechaza a las personas homosexuales en la mayor parte del mundo. Los odian por amar, por mantener relaciones sexuales, por permitirles ser felices. Actualmente, en once países, ser homosexual está penado con la muerte, evidentemente decirlo sería una muerte anunciada. En más de cincuenta estados hay leyes explícitas que impiden las relaciones homosexuales, y en otros tantos no se legisla al respecto. Tan solo unas treinta naciones, sobre todo occidentales, legislan a favor de los derechos de la comunidad LGTBI, con la medida más destacada del matrimonio o la adopción.

Por desgracia, estos países no quedan libre de homofobia debido al peso e influencia de la Iglesia y a la aparición de extremismos que niegan los derechos humanos. No obstante, debemos reconocer que España es uno de los países más avanzados respecto los derechos LGTBI. Aunque, la cifra de delitos de odio por homofobia ha aumentado en los últimos años, pasando de 60 denuncias en 2016 a 1200 en 2020 según la FELGBT. Esto tiene un responsable, más bien, un culpable, porque detrás de estas denuncias hay sueños y vidas que quedan rotas por la intolerancia de algunos. La ultraderecha legitima y normaliza este discurso de odio, que discrimina, separa y en ocasiones, hasta mata. El lobby gay apunta, la Inquisición gay exclaman, al mismo tiempo que un conjunto de sectarios alzan la mano y entonan el Cara Sol. Esto ocurrió en la pasada campaña electoral. Tolerancia cero. El dolor que se le queda a un niño después de que le digan la palabra “maricón” o a una niña después de escuchar numerosas descalificaciones homófobas y sexista sólo lo saben ellos y sus familias. Diego escribió en su última carta: “Ya no aguanto ir al colegio. Espero que algún día me odiéis un poquito menos”. Se precipitó por la ventana de su quinto piso por el bullying que le hacían sus compañeros, calificaciones como “maricón” eran diarias. Tu lema es el nuestro, esperamos que algún día nos odiéis un poquito menos.

Mando un mensaje a la ciudadanía, pero sobre todo a nuestros políticos. Dejad de normalizar y legitimar los discursos de odio. Cordón sanitario contra el odio. Ante la intolerancia, más y más derechos. Hace 40 años que salimos de la España que perseguía y encarcelaba a homosexuales, mantengamos la España referente en los derechos LGTBI para que haya plena libertad para amar.

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