Los Grammy también dieron su bofetada

Con el gran triunfo de Jon Batiste, quienes quedamos en un segundo plano somos todos aquellos que ni siquiera habíamos probado a darle una oportunidad

Francisco Gámiz

El escandaloso circo que supuso la 94ª. edición de los Óscar hacía que los Grammy estuvieran más en el punto de mira que de costumbre. No por parte de los medios de comunicación, por supuesto, que habrían necesitado de, quizás, otra escena de violencia machista para acaparar todos los titulares. Pese a ello, lo que protagonizó la 64ª edición de los Premios Grammy fue la música. Y aquellos que hace unos días escribían columnas en contra de que se perdiera el foco de una ceremonia por culpa de una bofetada, apenas dedican ahora unas líneas a la que realmente fue una celebración con mayúsculas.

Los recuerdos de una Billie Eilish de 18 años arrasando en las cuatro categorías generales todavía estaban muy presentes dos galas después, donde Olivia Rodrigo parecía tenerlo todo a su favor para repetir semejante hazaña. Su digna interpretación de drivers license se coló entre los mejores momentos de la ceremonia a tan solo unos minutos de que empezara. No solo porque logró subir un ánimo que había decaído tras la soporífera apertura de Bruno Mars y Anderson Paak, sino porque también recordó a los espectadores qué la hacía llegar, y con razón, como la gran favorita de la noche. Pero poco se asemejaba el pop convencional del primer trabajo de Rodrigo al sonido alternativo que tanto gustó a la Academia del álbum debut de Eilish. Y, en una edición en la que los proyectos pop han dominado las categorías generales —propiciando que los votantes del género tuvieran que dividir sus votos—, esta diferencia acabó siendo clave para evitar que la historia se repitiera.

No obstante, era imposible que el mágico año de Olivia Rodrigo se pasara por alto, y no hubo dudas ni en las categorías pop ni en la estatuilla a Mejor Artista Nuevo. De no ser porque la cantante no ha lanzado aún ninguna colaboración, a las victorias de Mejor Álbum Pop y Mejor Canción Pop por SOUR y drivers license respectivamente también les habría acompañado el triunfo en Mejor Canción Pop Dúo/Grupal, que en esta ocasión fue a parar a las manos de Doja Cat y SZA gracias a Kiss Me More.

Pero, mientras Rodrigo arrasaba en el pop, en las categorías de R&B se estaba fraguando una de las grandes sorpresas de la noche. Y no precisamente por los dos triunfos de Leave the Door Open, sino porque todos infravaloramos el poder de dicha canción en los campos generales. Superando a Lil Nas X, Bieber, Eilish o Rodrigo, Bruno Mars demostró por qué es uno de los artistas con mejor trayectoria en la historia de los Grammy —lleva nada más y nada menos que once victorias consecutivas— y consiguió que Silk Sonic, su proyecto junto a Anderson Paak, alcanzara la gloria tanto en Canción del Año como en Grabación del Año. Quizás un poco excesivo, teniendo en cuenta que compartía categoría con otras canciones como drivers license o incluso Happier Than Ever, que terminó yéndose sin ningún reconocimiento. ¿Por qué Billie Eilish ha pasado, en un año, de ser la querida de la Academia a no ganar ninguna de sus siete nominaciones por su segundo trabajo discográfico? Será una de las grandes dudas que nos deje esta edición, y me temo que solo el tiempo nos dirá si definitivamente han cambiado las tornas. Pero, al ver la brillantísima e impresionante actuación que la artista realizó de su canción, no he podido evitar acordarme de una jovencísima Taylor Swift en 2014 tocando a piano la melodía de All Too Well mientras demostraba a la Academia por qué Red mereció ganar el Álbum del Año.

Aun así, la mayor de las campanadas estaba por llegar. Y el Álbum del Año, galardón más cotizado de la noche, todavía tenía la última palabra. Cuando hizo uso de ella, el resultado fue el más inesperado de los posibles. Jon Batiste, el artista más nominado de la edición optando a un total de 11 nominaciones, se hacía con el gran trofeo de la ceremonia y su quinto Grammy. Por encima de cualquiera de los discos mainstream que podrían haber ganado, Las Vegas coronaba con el Álbum del Año a una persona negra por primera vez desde 2008. La Academia lleva años tratando de no elegir a sus ganadores en base al éxito comercial y sus deseos se han visto finalmente cumplidos con la victoria de WE ARE, un excelente disco que mezcla el jazz con referencias de pop, R&B y hip-hop.

De esta forma, un domingo después de los Óscar, los Grammy también daban su bofetada. Pero una que sí honraba a los artistas que llevan tiempo mereciendo tal reconocimiento. El talento de Jon Batiste estaba ahí desde que se anunció la lista de nominados en noviembre, pero sus bajas cifras en ventas hicieron que quedara en un segundo plano. Ahora, con el triunfo en sus bolsillos, quienes quedamos relegados a un segundo plano somos todos aquellos que ni siquiera habíamos probado a darle una oportunidad.

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